lunes 24 junio, 2024
Mujer es Más –
PATY BETAZA

«MIRADA GLOBAL»: Cuando el tráfico nos paralice

De ambiciones políticas personales estamos hasta la coronilla… 

En la oscuridad y desde la ventanilla avión, las arterias de la Ciudad de México se ven atiborradas de luces. No falta el despistado pasajero con acento sudamericano que exclama un “qué barbaridad de adornos navideños”. No, no es la iluminación decembrina. Para quienes vivimos aquí, es fácil detectar que son vehículos prácticamente estacionados en kilómetros y kilómetros de vialidades el viernes 9 de diciembre a las ocho de la noche. ¡Bienvenidos a la Ciudad de México!

 

Bastó  prender el celular para que en Face y Twitter leyéramos mensajes casi en cadena de “¿Saben qué está pasando en Insurgentes, Reforma, Viaducto, Periférico. San Antonio? Y “Tengo dos horas tratando de llegar a mi casa a sólo tres cuadras”. ¿Están descompuestos los semáforos? Quejas comunes a la hora de enfrentar el tránsito vehicular que, en épocas como la navidad, se multiplican por todos lados. Decir que la Ciudad de México parece un enorme estacionamiento es ya una obviedad. ¿Habrá algún remedio posible?

 

¿Serán necesarios segundos, terceros y hasta cuartos pisos? ¿Estamos condenados a pasar al menos tres horas en promedio atascados en el pantano de asfalto? Trasladarse en automóvil desde cualquier punto de la Ciudad es una odisea que requiere de paciencia, practicar respiraciones de yoga y escuchar música a alto volumen para evitar el mentadero de madres que surge de los cláxones. Hace años que se acabaron las “hora pico”: cualquier hora se convierte en viacrucis si hay un vehículo o semáforo descompuesto, una interminable obra o el “bacheo” por las mañanas y tardes.

 

Las autoridades capitalinas reconocen que cada año se suman 250 mil automotores al parque vehicular del Valle de México que rebasó las cinco millones 500 mil unidades, según el último reporte de la Secretaría de Movilidad Urbana. Y si no se hace algo, para el 2020 podría llegar a los más de siete millones y medio. De ese tamaño es el colapso en puerta.

 

El transporte público es la solución más viable, pero también rebasado en capacidad y seguridad. ¿Qué hacemos mientras tanto los que vivimos aquí? ¿Qué alternativas se están analizando en la Asamblea Constituyente?

 

Me acordé de “La autopista del Sur”, ese cuento de Julio Cortázar que narra la pesadilla y las historias surgidas en un atascamiento de coches que duró días. Es un retrato de las reacciones humanas cuando llegan a situaciones límite. ¿Cuáles serán las nuestras aquí en la capital del país?

 

De palabrería y ambiciones políticas personales estamos hasta la coronilla. Estos son los asuntos que en realidad preocupan a los ciudadanos de esta gran urbe.

 

Mientras aterrizaba el avión y seguía viendo las hileras de luces interminables me preguntaba  cuántas situaciones límites estarían surgiendo en esa larguísima espera. Luego pensé para qué estar como Grinch.

 

Es navidad, total… ya acabará el año. Total ya viene el 2018, finalmente no pasa nada, hasta que pasa. Así estamos acostumbrados a vivir. Los brindis calmarán el estrés. 

 

 

 

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