ORACIONES A SAN LÁZARO Réquiem por la calculadora de Hacienda - Mujer es Más -

ORACIONES A SAN LÁZARO Réquiem por la calculadora de Hacienda

Por. Ernesto Zavaleta

X: @ErnestoZavale

 

En San Lázaro apareció una nueva especialidad parlamentaria: convertir una deuda creciente en estabilidad, una menor transferencia a Pemex en saneamiento y una mayor recaudación en algo que, desde luego, no se llama reforma fiscal.

Durante su comparecencia, el secretario de Hacienda, Édgar Amador Zamora, llegó con la calculadora oficial y una misión pastoral: convencer a diputados y ciudadanos de que las finanzas públicas están bajo control. De entrada, dejó una frase para el archivo: la trayectoria de la deuda pública “no es motivo de preocupación”.

La oposición traía otra calculadora.

El PRI preguntó qué medidas concretas tomará el Gobierno para contener la deuda. El PAN puso sobre la mesa Pemex, infraestructura y huachicol fiscal. Otros legisladores reclamaron recursos para salud, seguridad y servicios públicos.

Dos Méxicos: uno aparece en las láminas de Hacienda; el otro cuando se paga la nómina, se compra la despensa o se busca una medicina.

Y entonces apareció Pemex, ese pariente incómodo de las finanzas nacionales que lleva años entrando a la conversación presupuestal como invitado de honor y saliendo como cuenta por pagar.

Amador presumió que la deuda de la petrolera se ha reducido 45 por ciento y que sus vencimientos disminuirán 70 por ciento. Para 2027, el apoyo presupuestal a Pemex pasaría de 263 mil millones a 81 mil millones de pesos.

Porque reducir la transferencia presupuestal no significa, por sí mismo, que Pemex haya dejado de representar un riesgo para las finanzas nacionales.

Pero en San Lázaro basta cambiarle el nombre a una cosa para que parezca otra.

Antes era rescate.

Después fue apoyo.

Luego fortalecimiento.

Ahora es capitalización.

Mañana, si los mercados lo permiten, será “acompañamiento estratégico para la consolidación productiva”.

También se habló de recaudación. Hacienda sostiene que no habrá una reforma fiscal tradicional y apuesta a aumentar los ingresos mediante eficiencia tributaria, combate a la evasión y cambios legales.

Qué alivio.

Una reforma fiscal es una reforma fiscal cuando suben los impuestos. Cuando se amplían las herramientas de cobro, se cierran espacios y aumenta la recaudación, simplemente estamos ante una estrategia de eficiencia.

Es como pedir la cuenta en un restaurante y descubrir que no subieron el precio: simplemente aparecieron más conceptos.

La oposición, por su parte, hizo lo que corresponde a una oposición: cuestionó deuda, gasto, Pemex e inversión.

Pero hubo un pequeño inconveniente.

Para escuchar las respuestas hay que estar en el salón.

Durante la comparecencia, San Lázaro lució con numerosas curules vacías. El propio Ricardo Monreal terminó preguntando: “¿A quién le habla el secretario?”

Magnífica pregunta.

Quizá a los 414 diputados registrados.

Quizá a los que estaban sentados.

O quizá a la posteridad parlamentaria.

Así funciona a veces la fiscalización mexicana: se cuestiona al funcionario, se levanta la pancarta, se toma la fotografía y, cuando llegan los números, desaparece media Cámara.

Hasta yo podría fiscalizar así.

El problema es que el presupuesto no es un concurso de retórica. Es dinero.

El que se recauda, el que se gasta, el que se pide prestado y el que se paga con intereses.

Por eso la discusión importante no es quién ganó la comparecencia. Es qué supuestos sostienen las cuentas y qué ocurrirá si no se cumplen.

Porque si el crecimiento queda por debajo de lo previsto, si los ingresos petroleros fallan, si Pemex necesita más apoyo, si aumenta el costo financiero o si la recaudación no alcanza, alguien tendrá que sacar nuevamente la calculadora.

Y quizá entonces la oficial ya no alcance.

Mientras tanto, Morena habla de estabilidad. La oposición advierte riesgos. Hacienda defiende sus cifras.Y el ciudadano contempla el espectáculo con una pregunta bastante menos sofisticada que un criterio macroeconómico:

¿Y a mí cuánto me va a costar?

Esa pregunta no aparece en las láminas de PowerPoint.

Hacienda habla de PIB.

El ciudadano, de despensa.

El Gobierno habla de sostenibilidad.

El ciudadano quiere saber cuánto falta para terminar de pagar lo que ya debe.

Ahí está el verdadero examen del presupuesto.

No en las pancartas.

No en los aplausos.

Y mucho menos en el tablero electrónico.

Porque la comparecencia terminó como tantas discusiones presupuestales:

Hacienda dijo que las cuentas están bajo control.

La oposición dijo que no.

Los diputados se fueron.

Y la deuda se quedó.

 

Related posts

RIZANDO EL RIZO Nuestro lado oscuro: la perversión del poder

EL ARCÓN DE HIPATIA Justicia a la medida: del vestido presidencial a la soledad de las buscadoras

SA RIBA DE LA VALL ¿Con una ley basta?