SA RIBA DE LA VALL Junio entre defensa y violencia - Mujer es Más -

SA RIBA DE LA VALL Junio entre defensa y violencia

Por. María del Socorro Pensado Casanova

X: @mariaaspc / IG: @pcasanovams

 

“If I wasn’t straight I’d definitely be gay.” 

Hayden Kays, UK, 2014.

 

Hablar de junio implica también reconocer las luchas históricas de las poblaciones LGBTTTIQ+, cuyas demandas han estado relacionadas con el derecho a existir, amar, construir identidad y vivir libres de violencia y discriminación. Este acrónimo agrupa a las orientaciones e identidades sexuales de lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, transexuales, travestis, intersexuales, Queer y el signo más incluye a todas las diversidades sexogenéricas como personas pansexuales, no binarie, asexuales, entre otras.

A lo largo del tiempo, el término ha evolucionado como resultado de debates políticos, sociales y académicos que buscaron incluir a personas históricamente excluidas. Así, las primeras referencias centradas únicamente en hombres homosexuales fueron ampliándose para incorporar a lesbianas, bisexuales, trans, intersexuales y otras identidades. Dentro de esta construcción, las mujeres trans homosexuales encontraron también un espacio de reconocimiento, especialmente porque la inclusión permitió nombrar experiencias atravesadas tanto por la orientación sexual como por la identidad de género.

Más adelante, las discusiones dentro de estos movimientos también evidenciaron desigualdades relacionadas con el clasismo, la exclusión y las jerarquías sociales. Durante mucho tiempo, la palabra “gay” fue utilizada de manera generalizada para referirse a todas las personas de la diversidad sexual, invisibilizando otras experiencias y reproduciendo formas de simplificación que dejaban fuera distintas realidades. Por ello, comenzó a hablarse de “comunidad” y, posteriormente, de “poblaciones LGBTTTIQ+”, que reconoce la pluralidad de identidades y evita que ciertas expresiones minimicen a otras dentro del mismo movimiento.

Ahora bien, la teoría Queer fue desarrollada en la década de los noventa para cuestionar las categorías rígidas relacionadas con el sexo, el género y la sexualidad. Esta corriente plantea que las identidades no siempre responden a estructuras binarias o permanentes, abriendo debates sobre la manera en que las personas viven y nombran su identidad. Además, ha surgido la discusión sobre la pansexualidad, identidad que reconoce la atracción hacia las personas sin limitarse al sexo o al género. 

Sin embargo, existen desinformaciones y ataques que intentan vincular algunas identidades con prácticas delictivas como la pedofilia y la pornografía infantil. Resulta elemental señalar que tales delitos constituyen violaciones graves a los derechos humanos y no guardan relación alguna con las orientaciones sexuales o identidades de género reconocidas dentro de las poblaciones LGBTTTIQ+.

Al mismo tiempo, es importante comprender que las problemáticas que enfrentan las poblaciones LGBTTTIQ+ no son idénticas a las que históricamente han vivido las mujeres dentro de sistemas patriarcales. Las poblaciones LGBTTTIQ+ han sido discriminadas principalmente por la forma en que construyen y expresan su identidad, orientación sexual o corporalidad. En cambio, las mujeres han enfrentado violencias estructurales derivadas de una histórica subordinación basada en el género, manifestada en desigualdad económica, exclusión política, violencia sexual y feminicida. Ambas luchas persiguen fines distintos, aunque compartan la defensa de los derechos humanos y de la dignidad. Reconocer sus diferencias no implica disminuir la importancia de unas sobre otras, sino entender que el feminismo continúa teniendo como eje central la búsqueda de igualdad de condiciones y oportunidades para las mujeres.

Incluso los debates sobre sexo, género e identidad han terminado convirtiéndose en espacios de agresión, descalificación y violencia verbal entre personas que, desde distintas posturas, aseguran defender los derechos humanos. El problema aparece cuando el desacuerdo abandona el diálogo y se transforma en ataques personales o discursos de odio que alimentan la polarización y vuelven imposible cualquier conversación crítica y respetuosa.

¿Por qué junio? Cada 28 de junio se conmemora el Día del Orgullo, cuyo origen se remonta a los conocidos disturbios de Stonewall ocurridos en Nueva York en 1969, tras un enfrentamiento policial contra personas homosexuales y trans en el bar Stonewall Inn. Aquellos acontecimientos marcaron un punto de inflexión para los movimientos de diversidad sexual en distintas partes del mundo y se convirtieron en un referente internacional de resistencia frente a la discriminación y la violencia.

Defender los derechos humanos exige reconocer la dignidad de todas las personas, incluso cuando existan diferencias ideológicas, políticas o conceptuales. Ninguna lucha por la igualdad debe construirse a partir de la negación de otras experiencias humanas. El respeto, la protección y el acceso a derechos deben garantizarse para todas las personas, reafirmando que la diversidad y la igualdad son principios capaces de convivir dentro de una sociedad verdaderamente democrática y humana.

 

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