Por. Adriana Segovia
X: @NASegovia
Conocí a Sayuri Herrera en un evento académico en 2018 cuando era abogada de una ONG que apoyaba a familiares de víctimas de feminicidio. Me pareció una persona empática, sensible y al mismo tiempo muy firme en sus principios y acciones. He visto recientemente la miniserie de Netflix, La fiscal, que en tres capítulos documenta los cinco años de Sayuri al frente de la Fiscalía de Investigación del Delito de Feminicidio de esta Ciudad (2020-2025). Los directores, Paula Mónaco y Miguel Tovar retratan la rabia, el dolor y la impotencia que estos crímenes provocan en este país y en este sistema.
En la miniserie, además de los números, vemos las imágenes de la inmensidad de expedientes de casos que nunca tendrán posibilidad de ser revisados, menos resueltos. No hay recursos que alcancen para la impunidad acumulada.
Aunque los feminicidios no puedan ser resueltos en cifras ni de cerca alentadoras, Mónaco y Tovar eligen algunos de los casos resueltos por esta Fiscalía en el periodo de Herrera, y que resaltan algunos temas relevantes que deberíamos considerar. Si bien La fiscal se trata en mucho de la visión y voluntad de una persona, y sabemos que la investigación de los feminicidios y la justicia para las víctimas dependen más bien de todo un sistema, hay rasgos de lo personal que deberían ser enseñanza para los sistemas. Por ejemplo, La fiscal explica el principio de exhaustividad y se muestra en la narración lo que esto significa: además de agotar la materia de un asunto, se trata de hacer el máximo esfuerzo con la información y los recursos que se cuentan. En un país en el que el agobio de lo poco que parece poder hacerse justifica afirmaciones como “para qué vamos otra vez al río si la lluvia ya se ha de haber llevado todo rastro del cuerpo”, o cualquiera otra de las que repiten que nunca vale la pena un esfuerzo extra, Sayuri convence a su personal de que vale la pena esa exhaustividad, que las víctimas y sus familiares se lo merecen. La serie conmueve al personal cuando su máximo esfuerzo rinde frutos y lleva la justicia como consuelo a quienes les han asesinado a sus mujeres.
En un sistema de justicia que investiga poco y mal, y una sociedad que normaliza e ignora, o se siente impotente ante la impunidad, el retrato de la sensibilidad, la empatía y el compromiso de La fiscal abre una esperanza en lo que mi mentor, Nacho Maldonado, llama “el pequeño cambio”: un pequeño cambio en un sistema aplastante puede terminar haciendo una gran diferencia, como se borda con los hilos de cada personaje que resiste en esta trama: la propia fiscal, desde luego, las familiares de las víctimas que exigen y se encabronan, pero también reconocen el valor de que una autoridad las escuche con respeto; las amigas que no temen enfrentarse al feminicida para asegurarle a su amiga asesinada que no se van a amedrentar para buscar justicia, para señalar en su cara al culpable.
El título del tercer capítulo es La mejor terapia es la justicia. Como terapeuta que ha trabajado con víctimas de violencia muchos años, me consta cuánta verdad hay en esa frase. Existe una mancuerna potente cuando las víctimas adquieren recursos para hacerse titulares de sus derechos a través de la terapia, al tiempo que ser agentes de sus procesos de búsqueda de justicia contribuye a su propia sanación.
Ciertamente necesitamos más todo tipo de recursos: los culturales, que dejen de normalizar una cultura machista que empieza en la discriminación y termina en el feminicidio, y los materiales, que doten de recursos y capacitación a la investigación; y que, por cierto, los recursos deben comprender el cuidado del personal del sistema de justicia en lo físico y emocional, esto debe incluir la tranquilidad de que sus hijas e hijos estén bien cuidados y convivan lo suficiente con sus padres y madres (y no solo lxs hijxs de altos funcionarixs). Pero hay un recurso humano que es una actitud y empeño en hacer lo mejor con lo que se dispone, ese es el aprendizaje que me deja la miniserie La fiscal y que agradezco, debemos transmitirlo en todos los niveles, es gratis: la resistencia de quien -como Sayuri- se niega a ser absorbida por la inercia de un sistema históricamente ineficaz.
