Por. Adriana Luna
X: @adrianalunacruz
Una escena viral, exhibe a profundidad al México real. El país en el que un sujeto observa a una mujer y se le hace tan fácil sobrepasarse porque “es machín”. Si sólo nos quedamos con el reflejo del acoso, estamos mal. Hasta la ONU levantó la voz, México no debe normalizar la violencia.
Claudia Sheinbaum cayó en la trampa del manoseo, se vio obligada a denunciar al “Parches” porque el “acoso” no se puede normalizar y argumentó que en las calles, en los camiones, en los hogares, las niñas y adolescentes, las mujeres se encuentran en vulnerabilidad, y si ella como presidenta de la República no denunciaba, dejaba un mal precedente. Señora Presidenta, ¡ya se dejó una mala imagen de lo que pasa en nuestro país!
Bastó sólo un video en redes sociales para que estallara la indignación, pero ¡porque falló la Ayudantía! Claro que al ser la mismísima presidenta de México, Claudia Sheinbaum la víctima, caemos en la incredulidad. Pero no señora, eso no es lo que estamos viendo. O sea, sí pero no, la preocupación va más allá, quedó en evidencia el México manoseado, si un militar asignado a la protección presidencial no está cierto de cuál es su labor: ser acompañante, ser fotógrafo, ser miembro de la Ayudantía. ¡Eso sí es gravísimo!
Si a los militares se les deja maniatados contra el crimen, se les pone a construir casas, se les lleva a juicio por cualquier señalamiento, no extraña que el militar se haya puesto a tomarle la fotografía a una persona que tenía en su cuerpo altos niveles de alcohol -como se muestra en la videograbación-, en lugar de cuidar la espalda de la Presidenta de la Nación.
Ahí es donde radica la verdadera falla, Señora Presidenta, es lo que sus dos últimas administraciones presidenciales han logrado, que el Ejército dude de su deber. Y por ende, la ciudadanía entera se encuentra a merced de la delincuencia y del ausente Estado de Derecho.
Por ello, la gente harta de la violencia emanada por el crimen organizado y por gobiernos corruptos, sale a la calle exigiendo justicia, exigiendo seguridad. En las marchas multitudinarias que se replicaron en diversas ciudades del país, tras el asesinato del alcalde de Uruapan, Michoacán, Carlos Manzo se veían rostros desesperanzados, angustiados, miradas llenas de rabia por el hartazgo de la impunidad.
Irónicamente, la dignidad de nuestro país se defendió por una reina de belleza. Sí, esa mujer que en infinidad de ocasiones ha sido foco del menosprecio, considerándole que por ser tan bella es superficial y banal, no posee inteligencia y mucho menos empoderamiento para ponerle un límite al abuso y la prepotencia de un empresario embriagado de riqueza y poder. ¡Nadie se esperaba que la dignidad de todo un país iba a ser defendida tan sólidamente que sólo podía generar aplausos en todo el mundo!
Una mujer que ante los ojos del mundo sólo poseía una corona en su cabeza y una banda de Miss Universo México en su pecho, pero que evidenció la miseria de un millonario, que lo único que posee es vulgaridad humana y dinero. El enorme poder de un sujeto, se hizo nada ante la grandeza emocional de México, al grado de terminar llorando por impotencia o estrategia.
Dos mujeres con bandas en su pecho nos mostraron a distintos Méxicos. Uno que se supone cuenta con todo el poder del Estado, pero que avergüenza, que duele, que está vulnerable. Y por otro lado, un México de belleza, empatía y orgullo, tan sólo por existir, por el empoderamiento de su inteligencia emocional, por su valentía al levantar su voz ante el abuso de la prepotencia, volviéndose ejemplo de la mujer mexicana que no duda un segundo de que ¡su dignidad no se entrega así por nomás a nadie!
