Por. Fernando Coca
X: @Fercoca
Lo que está viviendo la Universidad Nacional Autónoma de México no tiene precedentes.
Copiar en el examen de admisión que se realizaba en el Estadio Azteca, quizá era una acción a la que recurrían quienes querían ingresar a la máxima casa de estudios de este país, pero el proceso que se realizó vía remota, por internet, puso en jaque no sólo a la UNAM sino a todo el sistema de educación superior nacional.
¿Cómo fue posible que el dos por ciento de los participantes en el examen de admisión pudieran hacer trampa? Más de 3 mil jóvenes decidieron irse por la fácil y tratar de burlar la vigilancia que implementó la universidad, mediante Inteligencia Artificial y supervisión humana, para evitar anomalías, pero los cacharon.
Antes de la evaluación, unos mil accesos se habían bloqueado ante los intentos de hacer trampa.
El universo de personas que hicieron el examen de admisión fue de 158 mil 712 y 3 mil pudiera ser una cifra, para algunos insignificante, pero el prestigio de la UNAM no puede dejar pasar una situación como ésta.
La determinación de cancelar el proceso de inscripción de quienes pasaron el examen pone en zozobra a los que sí estudiaron y se esforzaron por alcanzar un espacio en las facultades de la universidad. Estos días serán eternos para las 21 mil 962 personas que fueron aceptados (entre ellos lo que hicieron trampa) para conocer qué decidirá la comisión que creó el rector Leonardo Lomelí.
Primero, tenemos que observar el comportamiento de quienes, en redes sociales, promovieron cursos que prometían preparar a los aspirantes y conseguir un lugar en la UNAM. Luego, habrá que determinar si algunos de esos creadores de contenido educativo tuvieron acceso al examen. Después, será necesario determinar si o que se vulneró fue el software que usó la UNAM (nos dicen que es el mismo que ya ha usado el Poli) y las varias estrategias que se usaron para burlar a la autoridad universitaria.
El prestigio de la UNAM está en juego. Suspender la inscripción de quienes fueron aceptados parece ser una buena medida ante la gravedad de la trampa, aun con los perjuicios que se le provocan a los que decidieron actuar por la vía de la legalidad.
¿En qué carreras fue donde se presentaron las trampas? ¿Medicina, derecho o ciencias políticas?, ¿Fue en ciencias, en ingenierías?
Esta generación va a estar en duda. La formación de profesionales surgidos de un proceso tramposo va a ser el estigma de quienes ocupen un lugar en la UNAM a partir de 2026.
Por eso, la comisión creada por el rector Lomelí está integrada, entre otros distinguidos universitarios, por Eduardo Bárzana García, Joaquín Narro Lobo, Carlos Arámburo de la Hoz, Eduardo Backhoff Escudero, Alejandro Franck Hoeflich, María Soledad Funes Argüello, Roberto Rodríguez Gómez, Alma Maldonado Maldonado, Alejandro Pianti Baruch, Pablo Pruneda Gross y Lucía Guadalupe Monroy Cazorla; además de especialistas en matemáticas, estadística, tecnologías de la información, derecho, historia y ética.
Quienes usaron la inteligencia artificial para tratar de entrar a la UNAM haciendo trapacerías, han mostrado no sólo falta de escrúpulos, también un alto índice de estupidez al pensar que no serían detectados.
La UNAM no puede perder esta partida.
La Letrina. ¿Cuáles fueron los candados que burlaron los tramposos que querían estar en la UNAM? ¿Quién fue el o los funcionarios de la UNAM que supervisaron el software que le daría seguridad y fortaleza a la evaluación? Pusieron en riesgo la credibilidad de la UNAM, que no es poca cosa para México.