EL ARCÓN DE HIPATIA Julieta Venegas: ¿afrenta al juego del hombre? - Mujer es Más -

EL ARCÓN DE HIPATIA Julieta Venegas: ¿afrenta al juego del hombre?

Por. Saraí Aguilar

X: @saraiarriozola

 

“El que busca, encuentra”, dicen por ahí. Pero al parecer en las redes, generalmente la turba no encuentra verdades sino a quién o a quiénes linchar. Y hoy le tocó el turno a Julieta Venegas.

La reciente polémica gira alrededor de La niña futbolista, el tema interpretado por la artista bajo el amparo gubernamental rumbo a la Copa Mundial 2026, la cual generó hasta la semana pasada más de 40 mil dislikes en plataformas como YouTube. Esto es sólo el síntoma perfecto de una sociedad con ceguera selectiva, incapaz de identificar sus propios sesgos cuando estos se confunden con lo cotidiano debido a lo normalizado de la violencia y la segregación.

El linchamiento digital no se hizo esperar. Se acusó a Venegas de “degradar” la pasión futbolística y de impulsar una supuesta agenda de “feminización forzada”. Sin embargo, las hordas apasionadas en la defensa del balompié olvidaron un detalle: la canción no nació del feminismo actual ni de un capricho gubernamental de última hora. Es una obra de finales de los noventa escrita e interpretada originalmente por hombres: la banda de rock infantil Los Patita de Perro.

Aquí es donde salta a la luz el primer sesgo de los críticos. Mientras la letra —una sátira frontal al machismo de los padres que prohíben a sus hijas jugar y dominar la cancha— era interpretada al ritmo de rock alternativo por varones, el ecosistema cultural no lo veía mal (o tan mal), pues provenía del mismo género en el poder. Pero al ser endulzada de forma melódica, y al aparecer el acordeón y la corporalidad de Venegas, el mismo mensaje es asumido por la afición como una afrenta, una intrusión debilitante para un torneo históricamente masculino —cualquier cosa que ello signifique, pero que implique rudeza y hombres—.

Este fenómeno desnudó el verdadero nudo ciego del debate. El coro de críticas que exige “agresividad” para sentir la vibración mundialista delata algo mucho más grave que un simple desacuerdo estético o artístico.

Nos demuestra lo falso de aquello que las inauguraciones tratan de plasmar. Mientras nos venden un futbol que opera bajo la ilusión de unión e igualdad, la realidad es que el aficionado está tan sumergido en las dinámicas de la hipermasculinidad que es incapaz de notar que su espacio tiene género. Para ellos, los estereotipos masculinos no son una postura ideológica; son, simplemente, “el futbol real”.

En sí, el rechazo a “feminizar” la narrativa deportiva no es una defensa legítima de las tradiciones del futbol, el llamado “juego del hombre”, sino la manifestación más pura de un sistema incapaz de integrar, que excluye estructuralmente. Si la inclusión y lo que se percibe como femenino en el deporte se leen como una amenaza existencial, es precisamente porque los hinchas necesitan de la violencia simbólica para sostener su identidad.

Al final del día, culpar a Julieta Venegas por alterar la esencia del Mundial es negarse a ver lo evidente: el sistema deportivo sigue sosteniendo una igualdad de mentiras, donde la hipermasculinización es, en sí misma, una partida que nos negamos a ganar por goliza.

 

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