SA RIBA DE LA VALL Ser mujer en el campo - Mujer es Más -

SA RIBA DE LA VALL Ser mujer en el campo

Por. María del Socorro Pensado Casanova

X: @mariaaspc / IG: @pcasanovams

 

“Nunca las altas montañas fueron barrera para mis pies descalzos.”

Jta Fatee, Huautla de Jiménez, Sierra Mazateca de Oaxaca, 2023.

 

En el cierre de mayo, mes de las madres en México, hablar de aquellas que habitan en las comunidades rurales, es reconocer el papel de las personas que han sostenido la vida desde condiciones profundamente desiguales hace más de 500 años. En días recientes, marcados por conversaciones, denuncias y reflexiones en torno a la violencia y la discriminación hacia las mujeres indígenas de la República mexicana, resulta urgente reconocer las realidades de aquellas que además de pertenecer a un pueblo originario son campesinas, y así, asumir que estas problemáticas aún atraviesan la vida cotidiana de manera constante, pero que ha sido gracias a ellas que hemos logrado tener acceso y conservar a nuestro México originario. Sí, a nuestra bella y querida tierra antigua mexicana, esa misma que su nombre proviene del náhuatl, y que combina a la luna, metztli, al centro, xictli y al lugar, co… en el centro del lago de la luna.

La maternidad en zonas rurales, en lo alto de las montañas y valles de esta República mexicana se caracteriza por ser vivida entre redes de apoyo, conocimientos transmitidos de generación en generación y una relación estrecha con la comunidad. Desde ahí surge una pregunta clave sobre la relación entre la cultura y los derechos. La protección de los derechos de las mujeres indígenas y campesinas es indispensable, sin embargo, cuando se implementa sin diálogo puede invisibilizar prácticas que han sostenido a comunidades enteras durante siglos, como el caso de las parteras indígenas y la evolución de la medicina ancestral. El desafío permanece en encontrar un equilibrio que garantice derechos sin que se deslegitime la cultura de las mujeres en el campo, puesto que sus experiencias forman parte de su identidad y autonomía.

En este contexto es relevante recordar a quienes han alzado la voz por las mujeres indígenas rurales a través del tiempo. Desde el periodo de la guerra de independencia de México, Manuela Medina, que luchó junto a Morelos, en la Revolución mexicana, las soldaderas yaquis, y en décadas más cercanas el levantamiento del EZNL en 1994, que visibilizó de manera contundente las condiciones de desigualdad que enfrentaban las mujeres indígenas en los territorios rurales, colocando en la agenda pública la exigencia de dignidad, autonomía y derechos.

Hoy, gracias a la cooperación internacional y el activismo en redes sociales las problemáticas de las mujeres se visibilizan mucho más, aunque en ocasiones las agendas se construyen desde realidades lejanas a los territorios. Lo anterior, en atención a que muchas mujeres que defienden derechos lo hacen desde ciudades o contextos distintos, lo que genera una distancia entre el discurso y la experiencia cotidiana. No es posible dejar de colocar en el centro a las propias mujeres rurales como sujetas activas de derechos, obligaciones, procesos y decisiones.

Sin embargo, aún persisten otros factores de discriminación, como lo es el color de piel, que continúa operando como un mecanismo de exclusión y el racismo estructural persiste en espacios institucionales, cotidianos y digitales, amplificando discursos de odio, burlas y estereotipos que reducen a las mujeres indígenas a imágenes degradantes y discriminatorias, reproduciendo violencias que durante siglos han limitado su reconocimiento pleno. 

Estas expresiones reflejan estructuras sociales que continúan asociando el origen comunitario, la lengua, la vestimenta y el color de piel con pobreza, ignorancia o inferioridad. Y, entre estas violencias permanece una de las más dolorosas y silenciadas, la violencia obstétrica, misma que enfrentan muchas madres indígenas dentro de los sistemas de salud. Existen casos en los que, después de dar a luz, les son implantados dispositivos intrauterinos sin información clara, sin consentimiento y sin respeto a su autonomía, evidenciando prácticas atravesadas por el racismo, el clasismo y el control sobre sus cuerpos y decisiones reproductivas.

Mientras continúen existiendo prácticas que minimizan su dignidad y limitan su autonomía, seguirá existiendo una profunda distancia entre el reconocimiento jurídico y la igualdad real. Las mujeres en el campo no representan atraso ni marginación, representan memoria, conocimiento, trabajo y la raíz viva de nuestro país. Debemos tener claro que defender sus derechos también significa reconocer a las madres que han cuidado la tierra, preservado saberes ancestrales y sostenido generaciones enteras aun cuando históricamente han sido invisibilizadas y violentadas.

Related posts

RETROVISOR  Coahuila: votar después de los 10 extraditables

KIREII Cosas

ENTRE LÍNEAS Y LETRAS El curioso caso de Benjamin Button y Michael Jackson