Por. Georgina Bustamante*
Cuando pensamos en un emprendedor, la imagen que suele venir a la mente es la de alguien capaz de identificar oportunidades, gestionar recursos, asumir riesgos y mantenerse resiliente ante la incertidumbre. Esas mismas habilidades se practican todos los días en uno de los retos más grandes y transformadores que existen: la maternidad.
Ser madre es un ejercicio constante de resolución de problemas. Desde coordinar agendas imposibles hasta encontrar maneras creativas para que los hijos aprendan, coman o se entretengan. La maternidad es una auténtica escuela de liderazgo, negociación y adaptación. La maternidad obliga a desarrollar una notable capacidad de organización, adaptación y toma de decisiones en medio de la incertidumbre cotidiana. La crianza, al igual que el emprendimiento, exige creatividad, flexibilidad y una gran dosis de resiliencia, porque los planes rara vez salen exactamente como se esperan.
Hoy, muchas mujeres deciden emprender buscando la flexibilidad necesaria para acompañar de cerca la crianza de sus hijos. Para ellas, crear un negocio propio representa la posibilidad de crecer profesionalmente sin renunciar a estar presentes en momentos clave de la vida familiar. Sin embargo, aunque la maternidad fortalece numerosas habilidades emprendedoras, la realidad todavía presenta importantes barreras.
Un estudio realizado por Valentina Rutigliano, investigadora de la Vancouver School of Economics, encontró que las mujeres tienen un 42% menos de probabilidades de iniciar un negocio durante el primer año de vida de sus hijos. El estudio también señala que la probabilidad de emprender en la maternidad aumenta significativamente cuando las madres cuentan con redes de apoyo sólidas, con familiares cercanos, especialmente con el apoyo de sus propias madres.
Estos hallazgos evidencian una realidad social que persiste: el cuidado y la crianza continúan recayendo de manera desproporcionada en las mujeres. Aunque cada vez más hombres participan activamente en estas responsabilidades, todavía existe una brecha importante en términos de tiempo, carga mental y oportunidades para el desarrollo profesional y emprendedor.
Fomentar el emprendimiento femenino no solo transforma vidas individuales, también genera un impacto positivo en la sociedad. Las madres poseen una motivación poderosa para construir un mejor futuro, impulsadas por el deseo de dejar un legado más humano, sostenible y justo para sus hijos. No es casualidad que muchas lideren proyectos con un fuerte compromiso social, ético y ambiental.
Por ello, si queremos que más madres puedan emprender, es indispensable construir entornos que promuevan redes de apoyo sólidas, mayor flexibilidad laboral y una distribución más equitativa de las responsabilidades del hogar y del cuidado. Después de todo, muchas de ellas ya están desarrollando día con día las habilidades esenciales para emprender
Hoy más que nunca, vale la pena reconocer el enorme potencial emprendedor que habita en las madres. Detrás de muchas empresas innovadoras hay mujeres que aprendieron, desde la maternidad, a transformar el caos en organización, los problemas en soluciones y los desafíos en oportunidades.
*Profesora de Emprendimiento del Tecnológico de Monterrey