martes 16 julio, 2024
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COLUMNAS HANNIA NOVELL

«EL RING DE LOS DEBATES»: Un país sediento e inmerso en una guerra por el agua

 

A partir del próximo miércoles 31 de octubre, la capital del país y el Estado de México enfrentarán una crisis hídrica sin precedentes, debido al megacorte de agua que se realizará por tareas de mantenimiento del Sistema Cutzamala.

Unos 3.5 millones de habitantes de 13 alcaldías de la Ciudad de México y de 13 municipios mexiquenses serán afectados durante seis días. En las primeras 72 horas habrá un corte total del suministro y otro lapso similar será para la recuperación del servicio.

El suministro se suspenderá a las 8 de la mañana de ese miércoles, pero habrá servicio buena parte del día, hasta las 12:00 o 13:00 horas, pues los depósitos estarán llenos. El 1 y 2 de noviembre ya no habrá servicio y las autoridades darán prioridad a abastecer con pipas a escuelas, hospitales, asilos, comedores comunitarios, mercados, panteones y reclusorios.

El 3 de noviembre concluirán los trabajos de mantenimiento y por la tarde se empezará a recibir agua. Durante las siguientes 48 horas se espera que el servicio y el suministro de los tanques para la capital se normalicen. Sin embargo, la demanda será mayor por todo lo que se agotó en el corte. Para el 7 de noviembre comenzará a mejorar el servicio hasta su restablecimiento total.

Esta crisis debe hacernos reflexionar: México se encuentra entre los cinco países que más agua consume por habitante en el mundo; de hecho, la CDMX es la que tiene los mayores problemas de abastecimiento debido a la sobrepoblación, de acuerdo con un reporte del Foro Económico Mundial.

Así, mientras en Estados Unidos se consumen 575 litros; en Australia son 493; 386 en Italia; y 374 en Japón, nosotros gastamos 366 litros per cápita.

En 2017, abastecer de agua a la capital costó al Sistema de Aguas de la Ciudad mil 600 millones de pesos. Pero ojo: esa cantidad fue solo para pagar la energía eléctrica utilizada para bombearla del Sistema Cutzamala, del Sistema Lerma y de otras fuentes como pozos y acuíferos. No se considera en esa cantidad los gastos de mantenimiento de la red, la potabilización y la operación, de acuerdo con datos de Gerardo Ruiz Solorio, académico de la Facultad de Ingeniería de la UNAM.

Quienes habitamos la Zona Metropolitana del Valle de México no somos conscientes de las implicaciones económicas, sociales y de infraestructura que hay para que sólo con girar la llave del grifo, tengamos el líquido.

Por ejemplo, el 24 por ciento del agua consumida en la Ciudad que proviene del Sistema Cutzamala necesita ser bombeada y subida a mil 600 metros, lo que requiere de mucha energía eléctrica. Si esto no fuera lo suficientemente grave, 40 por ciento del agua se pierde en el camino.

Y eso no es todo. Abastecer de agua cada vez es más difícil pues el drenaje profundo de la ciudad, que data de los años setenta, tiene una pendiente importante por su hundimiento, causado por la extracción de agua del acuífero, por lo que se requiere de bombeo para sacarla.

Paralelamente a los problemas de abasto, no hay que perder de vista otro tema: la guerra por el agua. Según el Informe Sobre Violaciones a los Derechos Humanos al Agua Potable y al Saneamiento en México 2017, elaborado por 101 organizaciones civiles, comunidades y colectivos, actualmente hay al menos 916 conflictos sociales en todo el país que se han generado a partir de la disputa de las reservas hídricas.

Grupos poblacionales y empresas en los ámbitos de la minería, la agroindustria, los hidrocarburos, la generación de energía y la urbanización, han comenzado a despojar a comunidades enteras de su derecho al agua.

Por todos esos datos y por la crisis que viviremos a partir de este miércoles, debemos reflexionar y promover la cultura del agua, que tenga como principal objetivo su cuidado. Y para eso, debemos decirlo, se requieren acciones drásticas:

  • Revisar las tarifas para ajustarlas al costo real;
  • Considerar el problema de sustentabilidad de los acuíferos porque la extracción lleva a que los inmuebles registren hundimientos; y
  • Buscar opciones como la captación de agua de lluvia para tratar de recuperar los acuíferos hoy sobreexplotados.

Esa cultura del agua debe tener como prioridad su cuidado y ahorro para evitar que heredemos a nuestros hijos un país sediento e inmerso en una guerra por el agua.

 

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