lunes 22 julio, 2024
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COLUMNAS COLUMNA INVITADA

«COLUMNA INVITADA»: Por qué más gente se suicida hoy

 

Un suicida no tiene derechos. Las religiones los abominan pues ese atributo -quitar la vida- es exclusivo de Dios. Hasta hace poco no podían siquiera ser enterrados en un campo santo.

Hay suicidios célebres como el de Cleopatra, que ante la conquista de Egipto optó por meter la mano en una cesta que contenía una venenosísima serpiente aspid. O la mexicana Antonieta Rivas Mercado, que ante el abandono de su amante -el mítico José Vasconcelos- se metió un balazo en el corazón, dentro de la Catedral de Notre Dame de París.

Otros más emblemáticos por lo trágico de su simbolismo fueron el de Hitler en su búnker de Berlín, o el de Salvador Allende en Chile, donde decidió matarse antes que entregarse a Pinochet.

Este tema lúgubre ocupó mi atención en junio cuando el chef Anthony Bourdain se suicidó, y ahora vuelve a ocupar mi interés, por otras dos notas que a continuación compartiré. Pero antes me detengo en Bourdain, cuya presencia semanal en CNN le dio fama global. Poco antes de su suicidio confesó haber sido un “alma infeliz” y aunque aseguraba haber trascendido sus demonios internos que lo habían llevado a la heroína y el crack, descubrimos que no era cierto.

Una vida VIP como la suya, con limusinas, suites presidenciales, viajando en primera clase, no lograron rescatarlo de sus precipicios emocionales. Su trágica historia nos recuerda que ni el tesoro más grande puede competir con la mente de un adicto y que la felicidad debemos procurarla desde nuestro interior.

El primer asunto que me regresó al tema del suicidio fue una nota que alguien me acaba de compartir en Facebook, con decenas de fotos de personas sonrientes, rodeadas de seres queridos, en paisajes de ensueño durante días soleados, y que sin embargo se quitaron la vida unos días después de haberse tomado esas fotos. “No hay estereotipos en esto -advertía la nota- pues los suicidas también sonríen”. 

La segunda nota que me regresó al tema del suicidio es que en unos años los avances tecnológicos ocasionarán que desaparezca más del 40 por ciento de los empleos actuales en el mundo. Yo me pregunto: ¿qué harán esos millones de desempleados para subsistir y qué implicará esto para el ánimo colectivo?

Estamos ante un colapso ecológico masivo, sobrepoblación, epidemias, nuevas xenofobias, sistemas económicos opresivos. Los jóvenes enfrentan un ominoso futuro como nunca antes.

Las tasas de suicidio en el mundo son escandalosas. La crisis de valores, el eficientismo y la reducción de costos a escala global, nos están llevando al desfiladero. Un excelente libro que recomiendo (La trampa de la Globalización) dice que nunca antes en la historia de la civilización el Ser Humano se había enfrentado a competir contra máquinas, lo que genera gran estrés. Hoy los robots comienzan a sustituir a los seres humanos; son más eficientes, no exigen derechos sindicales y no se enferman ni retoban.

Ante este panorama desolador es vital que en el seno familiar fomentemos valores que permitan a los niños y jóvenes enfrentar la vida en sus nuevos y demandantes términos, para disipar la salida falsa como alternativa al futuro.

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