lunes 22 julio, 2024
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COLUMNAS MARISSA RIVERA

«CUARTO PISO»: “Candil de la calle”

El tema de la discriminación entre los propios mexicanos es de esos de los que no nos gusta hablar.

Nos quejamos hasta el cansancio de la discriminación, maltrato y abusos que sufren los mexicanos en los Estados Unidos. Pero como diría el clásico: “candil de la calle”

Porque resulta que somos iguales o peores discriminadores entre nosotros mismos. Ya para qué le cuento lo que les toca vivir a los centroamericanos que cruzan por nuestro país, para llegar al otro lado de la frontera norte.

Los mexicanos somos discriminadores y poco tolerantes hacia los que consideramos distintos.

La Encuesta Nacional sobre Discriminación 2017 del INEGI reveló que uno de cada cinco mexicanos mayores de 18 años respondió que fue discriminado en el último año por alguna característica o condición personal, como tono de piel, manera de hablar, peso o estatura, forma de vestir o arreglo personal, clase social, lugar donde vive, creencias religiosas, sexo, edad u orientación sexual.

Como si fuéramos un país donde la mayoría de la población es rubia, se discrimina a quien tiene la piel morena. Así el nivel del problema.

Son prácticas que se dan desde el entorno familiar y que se reproducen en las escuelas.

¿Quién no ha padecido discriminación en el último año en este país? ¿De verdad el 80 por ciento de los mexicanos mayores de edad no han sido discriminados como contestaron en la encuesta? Yo no lo creo.

Parecería imposible en un país donde se discrimina casi por todo.

Y no porque los datos del INEGI estén incorrectos, eso fue lo que respondieron los encuestados.

Pero, insisto, a los mexicanos nos cuesta trabajo decir que fuimos discriminados, pero sobre todo nos cuesta más trabajo aceptar que fuimos nosotros los que discriminamos a alguien.

Los indígenas o personas con alguna discapacidad refirieron haber sido discriminados laboralmente, en los servicios médicos, la calle, transporte público, y en su propia familia.

El abanico de rechazo es enorme, por ejemplo, cuántas imágenes hemos visto de mujeres dando a luz en la calle porque no son recibidas en un hospital; o embarazadas que no son aceptadas en un empleo; que los salarios más bajos son los de las mujeres; niños que no son aceptados en colegios por ser hijos de padres divorciados; personas mayores que no tienen trabajo porque le dan prioridad a más jóvenes; antros donde solo permiten el acceso a personas con determinadas características físicas, asociadas a patrones de belleza, en fin, los casos se cuentan por miles.

Los estados con mayor prevalencia de discriminación en los últimos 12 meses son: Puebla, Guerrero, Oaxaca, Colima, Morelos y Estado de México.

La discriminación afecta la convivencia social y obstaculiza el desarrollo nacional de una nación.

La tarea es ardua y debemos comenzar desde la casa. A la sociedad nos corresponde ese cambio. Debemos respetar a quienes son diferentes a nosotros.

También empresarios, funcionarios públicos y políticos, deben terminar con esas prácticas de exclusión.

Fomentemos una sociedad igualitaria y libre de discriminación. Hagamos cada quien lo que nos corresponde. Todos. Urge modificar esas prácticas.

El día que cualquier mexicano tenga el mismo valor que otro de diferente estrato económico, ese día México comenzará a ser diferente.

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