domingo 14 julio, 2024
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COLUMNAS COLUMNA INVITADA

«ANDANDO Y PENSANDO»: Weber en la coyuntura mexicana I

Nota y transcripción: Jorge Lamoyi

Para entender la política a nivel intelectual existe gran cantidad de libros. En los libros está narrada y analizada la experiencia y el orden de la política de cada estudioso o protagonista. Los interesados en el fenómeno político buscamos nuestro texto para comprender qué es la política, y no caminar a oscuras. Desde los años universitarios encontré el mío y, según los acontecimientos, retorno a él. Mi texto de entendimiento es El Político, de Max Weber. Uso y tengo dos ejemplares marcados en mi librero de la edición de Alianza Editorial que en librerías debe pedirse como El político y el científico. Está acompañada de una introducción amplia y minuciosa de Raymond Aron.

Al comenzar a leer aparece la nota de Marianne Weber a pie de página: “Esta conferencia (…) formaba parte de un ciclo, a cargo de diversos oradores, que se proponía servir de guía para las diferentes formas de actividad basadas en el trabajo intelectual a una juventud recién licenciada del servicio militar y profundamente trastornada por las experiencias de la guerra y la posguerra. El autor completó más tarde su exposición antes de darla a la imprenta y la publicó por vez primera en su forma actual durante el verano de 1919.”

Fue publicada en 1919, es decir, hace casi un siglo, y conserva vigencia porque se ocupa del más trascendental de los asuntos humanos, -la política- con inteligencia, cultura y rigor. Eso me parece extraordinario. No omito decir que el país al que se refiere es la Alemania de la época. Apenas pasada la década de la publicación de la conferencia, vendría en 1933 la toma del poder por los nazis.

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Volviendo a La política como vocación, que tal es el nombre de la conferencia original, voy siguiendo mis líneas subrayadas para comentar la elección presidencial en México y el fenómeno que resulta como político Andrés Manuel López Obrador.  (Todas las notas en negritas pertenecen a Weber) Primero la definición: “¿Qué entendemos por política? El concepto es extraordinariamente amplio y abarca cualquier género de actividad directiva autónoma”.

Es común discutir o polemizar con otras personas respecto a cuestiones políticas. Literalmente todo el mundo cree saber de la materia. Dos profesores muy doctos de mis tiempos universitarios, eran reacios a polemizar con quien en su opinión, no cumplía las condiciones. Decía uno, ante un juicio atrevido: “-¡La impunidad tiene sus límites! Y el otro: “Soy un  científico social, dígame si sabe usted de lo que habla! En realidad la mayoría de la gente expresa su opinión sin conocer de qué discute, pero es innegable que es un derecho humano. Si se asomaran a Weber sabrían que la política…”depende directamente de los intereses en torno a la distribución, la conservación o la transferencia del poder. Quien hace política aspira al poder; al poder como medio para la consecución de otros fines (idealistas o egoístas) o al poder ´´por el poder´, para gozar del sentimiento de prestigio que él confiere.”

En esta última elección lo vimos a todas horas: la discusión por las preferencias no es tal sino es una polémica por los intereses. Todos, desde el más encumbrado hasta el más desamparado, respondemos en la política a un sistema de intereses;  el otro tema de los aspirantes al poder es que disfrazan su ambición y su ego, con el pretexto de que quieren servir, más en realidad quieren gozar del prestigio social que el poder otorga: desean ser los notables de la comunidad. A ello es lo que se dedicó Enrique Peña Nieto todo su sexenio: no trabajó por conservar el poder sino lo administró para la riqueza y el goce.

La siguiente cita del texto de Weber es amplia y pedagógica, pero ya que estamos en esta tarea de divulgación, vale la pena. Explica qué justifica la dominación de los que dominan: “En principio existen tres tipos de justificaciones internas, de fundamentos de la legitimidad de una dominación. En primer lugar, la legitimidad del ´´eterno ayer´´, de la costumbre consagrada por la inmemorial validez y por la consuetudinaria orientación de los hombres hacia su respeto. Es la legitimidad ´´tradicional´´, como la que ejercían los patriarcas y los príncipes patrimoniales de viejo cuño. En segundo término, la autoridad de la gracia (Carisma) personal y extraordinaria, la entrega puramente personal y la confianza, igualmente personal, en la capacidad para las revelaciones, el heroísmo u otras cualidades de caudillo que un individuo posee. Es esta autoridad ´´carismática´´ la que detentaron los Profetas, o en el terreno político, los jefes guerreros elegidos, los gobernantes plebiscitarios, los grandes demagogos o los jefes de los partidos políticos. Tenemos, por último una legitimidad basada en la ´´legalidad´´, en la creencia en la validez de preceptos legales y en la ´´competencia´´ objetiva fundada sobre normas racionalmente creadas, es decir, en la orientación hacia la obediencia a las obligaciones legalmente establecidas; una dominación como la que ejercen el moderno ´´servidor del Estado´´ y todos aquellos titulares del poder que se asemejan a él.´´

Este último párrafo es muy útil para comprender el orden político y su dominio.

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¿Por qué tanta gente desea el poder político? Weber nos dice que…”dos medios que afectan directamente el interés personal: la retribución material y el honor social.”

La primera, en la política mexicana, -la retribución- no alude sólo a los grandes sueldos con que la burocracia política que detenta el poder se premia a sí misma, sino, sobre todo, la corrupción que es posible realizando negocios usando la institución del Estado. En un recordado discurso al iniciar el gobierno de Miguel de la Madrid, en su calidad de secretario de Educación Pública y de ideólogo del régimen, Jesús Reyes Heroles denunció la corrupción del gobierno de José López Portillo, pese a que el gobierno al que representaba era la continuación del gobierno lopezportillista.

Y el segundo tema: el honor y la satisfacción de la vanidad personal. El placer que se deriva de ser el primero en la ciudad y el de  mandar y ser obedecido, como se lee en los clásicos, parece no tienen comparación con los placeres mundanos. De ese placer se derivan los peores males de la sociedad: mal gobierno, tiranías, megalomanías, exacción. En su extenso Masa y poder, en la segunda parte, Las entrañas del poder, Elias Canetti examina con gran conocimiento y lucidez esa distorsión de la conducta del hombre de poder.

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