sábado 22 junio, 2024
Mujer es Más –
GENOVEVA FLORES COLUMNA INVITADA

«POTENCIAL»: Los empleos que aún no existen

Méxio se asemeja a un “cubo de cangrejos”. 

Inmersos como estamos en los procesos de innovación, resulta que tenemos que enfrentar una paradoja como mujeres y como hombres: educar a las jóvenes generaciones para trabajos que aún no existen, y es allí donde todo se complicará el futuro.

 

Hace poco tiempo se pusieron de moda las competencias blandas: saber hacer links, trabajar en equipo, saber vender los proyectos, tener resistencia al fracaso, así como saber idiomas, e hicimos entonces modelos educativos en los que se privilegió el trabajo colaborativo, el aprendizaje basado en problemas (uno de mis preferidos), el estudio de casos, etcétera. Y en un país tan individualista que parece un cubo de cangrejos, nos costó mucho trabajo que aprendieran a cooperar y aún lo seguimos enseñando.

 

Parecía que la tarea estaba hecha y de repente las nuevas tecnologías aceleraron el cambio social, cultural y educativo a una escala que no habíamos visto antes. Para que lo pudiéramos apreciar en una de las tantas vueltas que dimos en cursos de innovación educativa, nos regalaron un gis, un gis en un estuche que no podía abrirse, para que nos acordáramos que eso estaba rebasado.

 

Los migrantes tecnológicos no nos espantamos, habíamos hecho ya una migración del sistema análogo a la primera generación de computadoras, y así le dimos el adiós a nuestras máquinas Olivetti y la bienvenida a las pantallas en ambar.

 

La revolución actual es muy impresionante: si uno observaba las aulas de la carrera de Arquitectura hace unos 30 años, los planos se seguían haciendo en un restirador y en papel albanene. Ahora eso es impensable, los dibujantes técnicos han sido sustituidos por eficientes software que sacan planos mucho más limpios y precisos. Y así todas las carreras, y tal vez el último resquicio de nuestro antiguo sistema sea la Filosofía, donde todavía aprendemos a hacer la vida con procesos de reflexión orientados por nuestros profesores.

Así como los dibujantes se quedaron sin trabajo, muchas profesiones, como las conocemos, desaparecerán, así que ahora debemos educar otras habilidades y además los empleadores nos dijeron “queremos todas las canicas: necesitamos egresados con todas las competencias blandas y con todas las disciplinares. ¿Qué Universidad podría garantizar eso?

 

Es posible, pero hay que cambiar la lente a nuestra cámara y pasar a competencias no tan blandas y no disciplinares: pensamiento crítico, creatividad previsora de nuevos escenarios, capacidad de aprender por cuenta propia, apertura a la multidisciplina y por supuesto habilidades tecnológicas.

 

Como mujeres, esta perspectiva es de la mayor importancia, porque a algunas disciplinas apenas estamos llegando cuando ya hay que cambiar de camino, y eso pasa por tener un pensamiento prospectivo, con soñar, imaginar, trazar una ruta y estar dispuestas a cambiarla.

 

Antes decían que cada siete años era el tiempo en el que el conocimiento se renovaba. Esa velocidad es ridícula ahora. Así que antes de llegar a los territorios tradicionales del conocimiento, sería mejor que nos educáramos al cambio constante. Todas aquellas que hemos sido madres sabemos del gran valor del cambio. Cuando los hijos son bebés cada mes tienen que crecer, ganar peso, afinar sus movimiento, guardar el equilibro, balbucear, rodarse, tomarse los pies, en fin, siempre cambiar.

 

Esa experiencia es válida ahora, porque nadie sabe donde estará profesionalmente dentro de cinco años y que nuevas habilidades tendrán que adquirir mientras avanza, vertiginosamente, hacia lo impredecible. 

 

Genoveva Flores. Periodista y catedrática del Tec de Monterrey.

 

 

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