sábado 22 junio, 2024
Mujer es Más –
COLUMNA INVITADA

Películas sobrevaloradas del 2016: Manchester junto al mar

Una misión del arte cinematográfico: mostrar personajes que trasciendan su circunstancia. 

Todo se podría reducir a una simple cuestión de gustos, pero ahí cabe todo y ni siquiera valdría la pena ocuparse de discutir lo que cada quien prefiere por inclinación personal. Si por otro lado —como señala Jonathan Rosenbaum del Chicago Reader— pretendemos defender una película con base a que es agradable y está “bien hecha”, lo mismo podríamos decir de una galleta Oreo. Si partimos de que además de las galletas Oreo hay otros alimentos que son, tanto o más ricos al paladar y a la vez nutritivos, entonces nos podemos embarcar en un ejercicio como el que intentaré realizar ahora y que pretende ser algo más que “llevar la contra”.

 

NOTA: Segunda entrega de una serie sobre las películas nominadas, de aquí a la entrega de los Óscares el próximo 26 de febrero.

 

“En nuestras desgracias,

Y contra nuestra voluntad,

Adquirimos sabiduría,

Por la terrible gracia de Dios.

Esquilo (525 a. C. 456 a. C)”.

 

Lo más sorprendente de lo que la crítica ha destacado sobre el mérito de ésta película, es que el protagonista —víctima y causante involuntario de una espectacular tragedia— no aprende nada de lo ocurrido y sigue igual antes que después de dicho evento. “Porque así es la vida”, han dicho. Puede que así sea la vida, pero entonces, ¿para qué ir al cine? ¿Cuál es el propósito del arte entonces?

 

La discusión académica sobre si después de la invención de la fotografía tenía todavía sentido que el arte imitara la vida, ha llegado al extremo que ignora lo que desde Aristóteles se consideraba la función de la poética; ser fiel a la vida, sí, pero mostrar personajes que crecen por encima de su circunstancia. Los protagonistas, que con el tiempo dejaron de ser únicamente los reyes y los dioses de la tragedia clásica, tenían que exhibir una grandeza de espíritu que le dejara al público una enseñanza; enseñanza que no debemos confundir con mensaje, ni con moral, simplemente con crear figuras modelos que nos ayudaran a entender y transitar mejor por la vida. Puede haber diferentes versiones de qué hace a un héroe o anti-héroe, pero decir que una película está bien porque el protagonista no es ni bueno, ni malo; ni interesante, ni no interesante; ni simpático, ni antipático, ni especial en ninguna forma, te lleva a preguntarte por qué no mejor hacer un documental. En todo caso, es en esa prueba de levantar “un espejo a la realidad” (según Hamlet) en la que finalmente acaba fallando Manchester Junto al Mar. Si es tan real que podría ser un documental, habría que considerar qué tan realista es lo siguiente:

 

La tragedia le acontece a dos personas; mientras que una vive acorde a lo ocurrido, la otra sigue tan campante y rehace su vida en un “dos por tres”. Así vayas con el Dalai Lama o el mismo Freud a que te ayude, una vida entera no te alcanzaría para recuperarte de algo así (a menos que seas sicópata y no sientas). Además por qué si la película muestra que la recuperación es imposible en un personaje; en el otro (sin mediar explicación de que fue diferente-excepto por un gran detalle), el mismo evento no es óbice para que tenga su “happy ending”.

 

Otro de los personajes que sufre de lo que, se nos da a entender, es una grave adicción, la siguiente vez que lo vemos ya está “curado”.

 

Más difícil de explicar para quien no haya visto la película sin revelar la trama (aunque no es central a la historia): ¿A quién se le podría ocurrir invitar a un sepelio a la ex pareja del hermano del difunto (además acompañada de su nueva y feliz familia)?

 

¿Qué diálogo o evento significativo se da entre tío y sobrino para que se insinúe que su relación pasó a un nivel más trascendental?

 

Manchester Junto al Mar es apenas la tercera película de Kenneth Lonergan, y al igual que en You Can Count On Me (2000) y Margaret (2005), muestra un interés particular en explorar cómo el mismo evento trágico puede llevar a dos personas a reaccionar en formas totalmente diferentes. Al parecer, Margaret, la mejor de las tres, se le salió de las manos y Lonergan tardó cinco años en terminarla. Algo de esa falta de dirección se nota también en Manchester Junto al Mar.

 

 

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