SA RIBA DE LA VALL Espíritus de la impunidad - Mujer es Más -

SA RIBA DE LA VALL Espíritus de la impunidad

Por. María del Socorro Pensado Casanova

X: @mariaaspc
IG: @pcasanovams

 

Permanece oculta detrás de los silencios, la indiferencia y las promesas de justicia que jamás llegan a cumplirse. Se hace mucho más visible cuando conocemos historias de víctimas cuyas vidas fueron arrebatadas por la violencia y los responsables continúan en libertad sin pena o sanción alguna.

La impunidad persiste día a día. Las muertes violentas de mujeres por razón de género, por ejemplo, llevan consigo sus espíritus. Desde el comienzo de 2026 hasta hoy, Día de Muertos, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) ha registrado 518 víctimas de feminicidio en México. Detrás de cada cifra existe una mujer, una familia y una historia que no podremos recuperar.

Hace no mucho tiempo, Rita Segato compartía que “la agresión de género no ocurre porque hay impunidad, sino que es la exhibición misma de la impunidad, la declaración pública de la intocabilidad masculina”. Mucha razón tiene, nuestra querida escritora y antropóloga argentina y feminista, al exponer la falsa concepción de la masculinidad como una condición intocable.

No hay géneros sagrados ni posiciones de poder que otorguen el derecho de limitar las libertades de nadie. Sin embargo, aún permanecen algunas concepciones del rol masculino, ese mismo originado del tormentoso legado de los clásicos modelos patriarcales. La imposición de la última palabra como una forma de autoridad, o bien, la inversión de responsabilidades para eludir las consecuencias de sus actos, son ejemplos cotidianos de actitudes machistas y misóginas en la familia, con amistades, y por supuesto, en el sector público policial, ministerial y judicial.

La impunidad adquiere dimensiones que trascienden las resoluciones judiciales. Este noviembre, en el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, ONU Mujeres ha centrado su campaña de los 16 Días de Activismo en garantizar el acceso a la justicia, la protección a las sobrevivientes y la erradicación de la impunidad. Y qué bello es participar y hablar, hasta encabezar titulares como líderes feministas y políticas… pero ¿dónde se queda el actuar? La diferencia entre lo que decimos y lo que hacemos comienza desde nuestro entorno más cercano.

Afirmamos que jamás vamos a permitir una agresión y, sin darnos cuenta, terminamos aceptando situaciones que alguna vez juramos que nunca toleraríamos. A veces por miedo, otras por cariño o sencillamente porque confiamos en que las cosas pueden cambiar por sí solas. Es mucho más fácil defender nuestros ideales con palabras que llevarlos a la práctica cuando un hecho nos afecta personalmente.

Es posible tener muy claro lo que consideramos justo e igualitario, no obstante, esto no significa que siempre conozcamos cómo debemos actuar cuando nos toca vivir agresiones y malos tratos. ¿Nos vuelve eso impunes o permite que quienes ejercen actos violentos y discriminatorios contra nosotras actúen con impunidad? Guardar silencio, perdonar o permanecer en situaciones de vulnerabilidad que atentan contra nuestros derechos, particularmente a la vida y a nuestra seguridad e integridad personales, jamás serán equivalentes a otorgar el permiso de ejercer ningún tipo de violencia.

Es preocupante cómo a medida que nos acercamos a 2030, seguimos aceptando y ampliando los compromisos que nos presentan mientras permanecen muchos otros pendientes. Bastantes años dedicados a fijarnos nuevas metas y a expandir nuestras aspiraciones, pero cuando los esfuerzos no se traducen en resultados, seguimos viviendo entre obstáculos y barreras técnicas que reproducen la violencia contra las mujeres en todos los sentidos y espacios.

Es prioritario reconocer que las transformaciones que exigimos, también requieren cambios en nuestra manera de relacionarnos, de comprender experiencias ajenas y de responder ante las injusticias. Nadie debe acostumbrarse a justificar la violencia o a vivir con miedo, rechazo, revictimizada, considerando que el tiempo borra todas las consecuencias.

Los derechos humanos tienen un verdadero significado y es imposible ignorar las distintas circunstancias de cada persona, de cada comunidad y de cada país para alcanzar su protección plena. Rumbo hacia el final de otro año, no hay cabida para la indiferencia y la falta de responsabilidad de quienes tienen la obligación y el deber de garantizar el acceso a la justicia, no les quedan excusas ni razones de género para ser impunes.

Demandemos respuestas, sí, pero también tomemos las oportunidades para cambiar lo que está a nuestro alcance. Que los espíritus de la impunidad dejen de encontrar un refugio en nuestros hogares, la justicia debe ser una realidad.

 

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