TADDEI Y EL DESASTRE DEL MODO 4T
El caso de Guadalupe Taddei no puede ni debe resumirse en una chabacana telenovela sentimental ni en una historia a la que se le cuelgan los lugares comunes de lo que sucede cuando un funcionario utiliza su cargo para favorecer sus intereses y relaciones personales.
La adjudicación de contratos de los bienes públicos que tutela el Instituto Nacional Electoral (INE) de manera discrecional, por parte de la ahora exconsejera presidenta, fue posible gracias a decisiones políticas que Morena y su fundador impulsaron.
Arropada por el Grupo Tabasco, que en el sexenio anterior tuvo su centro de poder en la Secretaría de Gobernación con Adán Augusto López Hernández, Guadalupe Taddei llegó al INE con el encargo de alinearse al discurso de la autoproclamada cuarta transformación.
Con la colocación en cargos clave a enviados de Palacio Nacional y de gobernadores y legisladores afines a ese grupo, la sonorense ahora defenestrada destruyó el sistema de decisiones colegiadas que caracterizaba a la herradura de la democracia. Morena impulsó el cambio legislativo y los magistrados electorales le dieron el visto bueno.
Así que el desastre que Taddei ha dejado en el INE también es responsabilidad del partido gobernante que la eligió y la empoderó; y de un Tribunal Electoral que en 2024 se puso abyectamente al servicio del poder como nunca había sucedido.
LA CONSEJERA RITA ROMPE EL SILENCIO
El testimonio de la consejera electoral Rita Bell López Vences de haber recibido amenazas de la expresidenta del INE, Guadalupe Taddei, por cuestionar sus decisiones, abre una línea de investigación sobre el clima político que se ha vivido ahí.
Más allá de las licitaciones adjudicadas sin transparencia y de los pendientes sobre un presunto mal uso de los recursos públicos, las declaraciones de la integrante del Consejo General del Instituto Nacional Electoral muestran que las atribuciones máximas asignadas a la sonorense derivaron en un ejercicio autoritario y chabacano del poder.
“Tengo miedo”, comentó la consejera López Vences, al revelar que era objeto de presiones por parte de Taddei, por haber dejado de ser del ala que cerraba filas con sus opacas decisiones.
Y ese es el punto grave: el ejercicio abusivo que en la autoproclamada cuarta transformación se hace del poder -bajo el argumento de que se representa a la voluntad popular- genera temor y parálisis entre quienes al darse cuenta de los riesgos de ese modelo se sienten vulnerables frente al mismo.
¿SEGUIRÁN TIRANDO EL PODER EN EL RIDÍCULO?
Una de las decisiones más importantes que la Constitución asigna a los diputados federales es la de definir a los integrantes del Instituto Nacional Electoral (INE).
Y si bien las bancadas de Morena, PVEM y PT tienen los votos suficientes para designar a quien Palacio Nacional les instruya en la presidencia que dejó vacante Guadalupe Taddei, el tiradero que ésta deja obligaría a gobierno y legisladores a renunciar a la consigna obradorista de 90% de lealtad y 10% de conocimiento.
Sería lamentable que, como viene sucediendo desde 2020, cuando AMLO instruyó que ninguna designación debía consensarse con las demás fuerzas políticas, se impusiera a un relevo sólo con el aval de los partidos de la coalición gobernante.
El líder de Morena en San Lázaro, el diputado Ricardo Monreal, tiene el oficio para construir un proceso en el que se nombre una presidencia electoral que goce del aval de todos los partidos representados en el Congreso. ¿Habrá por fin división de poderes? ¿O va continuar la cuarta despilfarrando su poder en historias ridículas de corrupción e ineficiencia?