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INTERESES CRUZADOS Canasta básica y empleo: la economía más allá del discurso

Por. Ernesto Madrid

IG: @JErnestoMadrid

 

En economía, las buenas noticias no deben ocultar las malas, ni los problemas pueden utilizarse para negar los avances. El reto es mirar las dos caras de la realidad y entender qué dicen los números sobre el bolsillo de los mexicanos.

Los datos de septiembre ofrecen una fotografía que merece atención: el empleo formal muestra una recuperación, pero el costo de los alimentos sigue aumentando por encima de la inflación general. No es un argumento fabricado por la oposición ni un ataque de la derecha. Son cifras oficiales del INEGI y del IMSS, examinadas también por áreas de estudios económicos de instituciones bancarias como Banamex y BBVA Research.

De acuerdo con el INEGI, la canasta alimentaria aumentó en términos anuales 5.5% en las zonas urbanas y 4.9% en las rurales durante septiembre, frente a una inflación general de 3.5%. En términos sencillos: los alimentos necesarios para una persona se encarecieron más rápido que el promedio de los precios de la economía.

El dato se vuelve más tangible cuando se traduce a pesos. Una persona necesitó 2,590.61 pesos mensuales en una zona urbana y 1,940.96 pesos en una rural para cubrir la canasta alimentaria. Y eso contempla alimentos, no todos los gastos que implica sostener un hogar. Si se incorporan bienes y servicios no alimentarios, las líneas de pobreza por ingresos llegaron a 4 mil 951.66 pesos mensuales por persona en zonas urbanas y 3 mil 553.70 en las rurales.

En el otro lado de la balanza hay una señal positiva. Según las cifras del IMSS retomadas por BBVA Research, México generó 410 mil empleos formales entre enero y septiembre de 2026, 23% más que en el mismo periodo del año anterior. En septiembre se crearon 128 mil puestos. Es una mejora que debe reconocerse, sin regateos políticos.

Pero también hay que mirar la letra pequeña. BBVA Research calcula que el crecimiento anual del empleo formal en septiembre fue de 1.6%, y de 1.2% al excluir a los trabajadores de plataformas digitales. Además, la recuperación no es uniforme: la manufactura y el sector agropecuario mantienen señales de debilidad. El balance, por tanto, es favorable en la creación acumulada de puestos, aunque todavía insuficiente para hablar de una recuperación robusta en todos los sectores.

Aquí está el verdadero cruce de intereses: crear empleo es indispensable, pero también importa cuánto rinde el ingreso de quienes trabajan. Si una persona consigue trabajo, pero los alimentos y otros gastos básicos suben con mayor rapidez que su capacidad de compra, la mejoría económica no se traduce necesariamente en una sensación de bienestar.

Esto no significa que el gobierno no tenga resultados que presentar. Significa que los resultados deben evaluarse de manera integral. El empleo es un indicador; el costo de la vida es otro. Ninguno, por sí solo, explica toda la economía.

Tampoco conviene convertir las estadísticas en munición partidista. Si los números mejoran, hay que reconocerlo; si muestran presiones sobre el ingreso familiar, hay que atenderlas. Los datos no tienen militancia: sirven para medir, comparar y corregir.

La discusión relevante no es quién gana el debate político, sino qué decisiones pueden fortalecer la creación de empleos productivos, impulsar la inversión y contener las presiones sobre los bienes indispensables. Para eso sirven las cifras oficiales y los análisis económicos: para orientar políticas públicas, no para acomodar la realidad al discurso.

Al final, el indicador que las familias entienden mejor no necesita demasiadas explicaciones: cuánto ganan, cuánto gastan y cuánto les queda. La recuperación económica será más convincente cuando el crecimiento del empleo se refleje también en una mayor capacidad para llenar la despensa y cubrir los gastos del hogar.

 

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