EL ARCÓN DE HIPATIA Tragedia en Torreón: el tribunal de las redes ya dio su veredicto - Mujer es Más -

EL ARCÓN DE HIPATIA Tragedia en Torreón: el tribunal de las redes ya dio su veredicto

Por. Saraí Aguilar*

X: @saraiarriozola

 

El dolor social siempre busca un rostro para cobrar la factura, y en nuestra cultura, ese rostro casi siempre es el de una mujer y en estas semanas fue el de una madre.

El 1 de octubre, dos hermanos gemelos y exalumnos de 18 años, a quienes en redes se les ha ubicado como “los cuates”, ingresaron encapuchados, armados con machetes y petardos a la Secundaria General Número 13 en el ejido La Unión, en Torreón, Coahuila. Durante la agresión perpetrada dentro del plantel, una integrante del personal directivo perdió la vida y varias personas resultaron lesionadas, un hecho que conmocionó profundamente a la comunidad y derivó en la posterior vinculación a proceso penal de los jóvenes.

Y si bien ante las tragedias el dolor social siempre busca un responsable, en el caso del dolor social en Torreón y en el país quien terminó cargando con el coste fue la madre.

Es sabido que existe un mandato cultural invisible que deposita la responsabilidad moral, emocional y de vigilancia de los hijos casi en su totalidad sobre la figura materna. Así, cuando ocurre una tragedia como fue el caso del ataque de Torreón, el imaginario colectivo asume de inmediato que la “falla” principal es de ella, por no haber sabido qué pasaba en la intimidad y la mente de los jóvenes.

Y sin duda, a pesar de que en el hogar vivían y participaban otros miembros de la familia —como los abuelos—, la furia y el linchamiento tienden a personalizarse exclusivamente en la madre, eximiendo al resto del entorno cercano de cualquier escrutinio masivo. Este desbalance refleja cómo la saña social se descarga selectivamente con la maternidad, convirtiéndola en la única responsable de la culpa y el castigo público sin siquiera mencionar la ausencia del padre.

Por desgracia, el rol de la madre frente a los medios y las plataformas digitales ilustra cómo la exposición pública se convierte en una trampa de escrutinio. Al asumir la tarea de dar entrevistas, intentar explicar una realidad incomprensible y abogar por sus hijos, se colocó voluntaria o involuntariamente en el centro del huracán mediático, transformándose en la receptora directa de toda la rabia, la impotencia y la frustración social desatada por la tragedia. En lugar de ser vista como una figura en shock intentando procesar un evento límite, fue tratada como un actor político o judicial bajo interrogatorio permanente.

Con este lente, el tribunal de las redes prefirió construir una narrativa de desprecio absoluto hacia su persona, centrando en ella un linchamiento personalizado que denunció y que la llevó a renunciar a su fuente de ingreso. Una sociedad que ignoraba por completo la complejidad del entorno familiar y del tejido social que solapa paternidades ausentes y así, lejos de propiciar un análisis sobre la salud mental o las señales de aislamiento, el odio y agresión en redes anulan cualquier posibilidad de contención social o institucional para los afectados colaterales. Algunos agreden con machetes y otros detrás de una pantalla.

 


*Doctora en Educación. Máster en Artes. Especialista en Cultura con Perspectiva de Género

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