Por. Adriana Luna
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La culpa histórica que pesa sobre la mentalidad femenina desde su origen bíblico se remonta al paraíso terrenal, donde se nos enseñó que Eva aprovechó su belleza, su sensualidad y el amor de su pareja para conducirlo al pecado y a la muerte.
La escritora nicaragüense Gioconda Belli reconoce que esta idea fue absorbida por su subconsciente desde que era una jovencita estudiante en un colegio católico. Aquella Eva mítica, con su desnudez y seducción perfecta, hizo que Adán mordiera la manzana prohibida y perdiera el edén por un instante de placer carnal. Desde entonces, la desnudez femenina ha sido tildada de peligrosa, especialmente cuando se asocia a la conquista amorosa y al deseo.
Sin embargo, cuando Gioconda Belli comenzó a escribir poesía centrada en el gozo y en la celebración de la anatomía femenina, y tras notar el tremendo escándalo que esto provocó en su tierra natal, comprendió que había encontrado, de forma natural, el sello que definiría su trayectoria literaria y rompería con aquella condena ancestral.
Para ella, la verdadera subversión de su lírica radica precisamente en la emancipación: una invitación directa a las mujeres a librarse de la culpa heredada, a afirmarse y a reclamar su derecho al placer y a la felicidad, transformando el cuerpo de un objeto de sospecha moral en un territorio de orgullo, gozo y libertad.
Su poesía nació de la revolucionaria premisa de celebrar con orgullo el ser mujer, la maternidad y la capacidad física de sentir la luna, la naturaleza y las grandes tensiones y pasiones de la existencia. Habitar el propio cuerpo y librarlo de la discriminación dogmática se convierte, así, en una forma radical de cuestionar el poder.
La autora recuerda con cariño y agradecimiento su paso por México, donde la solidaridad la ayudó a sobrellevar la incertidumbre y la angustia del exilio. La hoy galardonada con el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2026 añora aquel México que, encabezado en 1979 por el entonces presidente José López Portillo, se erigió como un bastión de solidaridad al romper relaciones con la dictadura de Somoza, precipitando su caída. En contraste, hoy percibe con tristeza una dolorosa indiferencia por parte del gobierno mexicano ante los abusos y las sistemáticas violaciones de los derechos humanos en Nicaragua. Esta dura realidad, marcada por la cancelación de la vía electoral y el encarcelamiento de candidatos por parte del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, la vive Belli desde un exilio forzado en España y bajo la ‘muerte civil’ decretada por una dictadura que incluso impide el ingreso de sus libros, como su reciente novela Un silencio.
En su tintero, las palabras ahora se mezclan para rescatar en la ficción los pasajes de vida de Enheduanna, la princesa acadia y suma sacerdotisa de Mesopotamia que se convirtió en la primera escritora de la humanidad en firmar su obra literaria, unos mil 500 años antes que Homero. Su nombre, grabado en tablillas de arcilla, rompió con el anonimato de la época, erigiéndose como un faro histórico de coraje y valor para las mujeres de hoy.
Bajo estas circunstancias, Gioconda Belli regresará a México para recibir, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, un galardón que cobra una importancia vital para su trayectoria como escritora rebelde, indomable y profundamente comprometida con la libertad.