Claves para entender qué puede pasar en Cuba  - Mujer es Más -

Claves para entender qué puede pasar en Cuba 

Por. Diana Correa Corrales*

Cuba atraviesa la que hasta hoy podemos categorizar como la crisis más profunda, multidimensional y sistémica desde el triunfo de la Revolución en 1959. Una condición fundamental para entender lo que está ocurriendo es abandonar la retórica simplista de la Guerra Fría y repensar a la isla desde su contexto actual, que incluye la falta de una figura carismática en el poder, el agotamiento de los subsidios masivos por potencias externas y el debilitamiento del control social a partir de la imposibilidad de cumplir con la promesa de bienestar básico. 

A lo anterior debemos de sumar dos elementos relevantes, lo que se percibe como un fracaso del gobierno de Miguel Díaz Canel de brindar continuidad después de la salida formal de la familia Castro y el endurecimiento del embargo de Estados Unidos en esta última administración Trump. La población se enfrenta diariamente a apagones, escasez de medicamentos, servicios públicos muy limitados y una inflación rampante. ¿Se puede comparar a las condiciones del “Periodo Especial” de los años 90? La respuesta es no, y a nadie debe de sorprender. En un mundo hiperconectado resulta muy complejo que el ciudadano cubano mantenga durante esta crisis lo que podríamos llamar la mística del sacrificio compartido, lo que lleva a fuertes cuestionamientos dentro de la isla del contrato social cubano. 

Lo que viene para la isla no se relaciona únicamente con quién ostenta el poder, es mucho más complicado, ¿es momento de cuestionar o hablar de la obsolescencia sistémica? 

En la esfera económica el punto de inicio es el paquete de reformas de 2021, conocido como la “Tarea Ordenamiento”, ésta plantea la eliminación de la dualidad monetaria (peso cubano, CUP, y el peso convertible, CUC). El objetivo que se planteaba era sólido, en la teoría no tan fuerte, en la práctica ocasionaba inflación y pérdida de soberanía monetaria, resultando la clase media trabajadora y las personas jubiladas los sectores más afectados.

Aquí resulta interesante mencionar a la diáspora cubana, y viene al caso en esta parte porque el Estado creó tiendas en donde las operaciones se pueden realizar únicamente con el uso de tarjetas recargadas desde el extranjero, creando una separación muy clara entre quienes tienen familiares en el extranjero y quienes no. 

Al mismo tiempo que esto pasaba se empezó a agudizar una crisis energética que poco a poco fue paralizando la vida social y productiva. Esta crisis no fue sorpresiva: la falta de recursos económicos y quizá desinterés en invertir en mantenimiento de las plantas termoeléctricas, la dependencia en petróleo extranjero, han resultado en apagones “programados” de 15 horas diarias, el apagón total de la red nacional a finales de 2024, y un recrudecimiento importante a partir de la crisis en Venezuela.

Una de las estrategias del gobierno cubano para hacer frente a la falta de circulante e incrementar el ingreso local fue abrir la oportunidad a la inversión extranjera por medio de MIPYMES, el anuncio lo vimos este año, hecho por el propio Díaz Canel. Sin embargo, esto no es una política de este año, en agosto de 2021, el gobierno ya había comenzado a “legalizar” a estos emprendimientos. La diferencia, y que sí es muy relevante, es que en esta ocasión se incluyó a personas no residentes en la isla (diáspora), quienes podían participar con inversión. 

El efecto ha sido diferenciado, si bien existen ahora tiendas en las que se pueden encontrar variedad de productos extranjeros, los precios son prohibitivos para la población local que sigue ganando en pesos cubanos. Hay acusaciones de corrupción en la asignación de licencias y finalmente, y este sigue siendo un punto crucial para personas cubanas viviendo fuera de la isla, es muy confusa la certidumbre legal en cuanto a la protección de inversión extranjera. Aquí la pregunta en la que se pudiera ahondar podría ser: ¿Cuba se mueve hacia un capitalismo de Estado similar al modelo vietnamita o chino? 

A todo esto y como sucede muy seguido, se ha hablado del país con muy poca preocupación de la gente, y es importante también mencionar la agencia del pueblo cubano, que no es uniforme. Desde el triunfo de la Revolución y hasta finales del siglo pasado, el Estado Cubano gozó de casi (siempre hubo formas, aunque esporádicas y limitadas) de un completo control de la radio, televisión y prensa escrita. A partir de la posibilidad de acceso al internet esto cambió radicalmente. A través de redes sociales, y como sucede en todo el mundo, aquellos que estaban insatisfechos en lo individual, pudieron exponerlo al mundo y encontrarse con otras personas para formar colectividad; todo esto sin tener que pasar por el filtro gubernamental, el 11J es un claro ejemplo de esto. 

Tenemos que tomar en cuenta el rol de la cultura en el desmontaje de algunos símbolos que se consideraban inamovibles, como el cambio del lema histórico de Fidel Castro “Patria o Muerte”, al de “Patria y Vida”, utilizado específicamente por jóvenes durante las movilizaciones y título de una canción. 

Resulta entonces necesario hablar de las juventudes, como en todos los países, las juventudes cubanas no son homogéneas, pero si algo podemos notar es que entre el 2022 y 2024, la isla presenció el mayor flujo migratorio en su historia, más que el Mariel (1980) y la Crisis de los Balseros (1994). En términos económicos la isla no solo se queda sin capital financiero, sino también capital humano. En términos sociales, miles de familias se han roto tratando de conseguir un mejor futuro. Las rutas han cambiado, ya no van directo a Florida, recorren Centroamérica, comenzando en Nicaragua. Quienes componen estos grupos de personas en movimiento son jóvenes, muchos de ellos son profesionales calificados de entre 20 y 40 años. Y no es solo un tema de fuga de cerebros, tenemos que considerar que Cuba es el país más envejecido en América Latina. Entonces nos quedamos con una sociedad sin un sistema de cuidados adecuados, dependientes de remesas y las tasas de cambio. 

Y a todo esto ¿por qué hablamos de Cuba? Desde el triunfo de la Revolución, la isla se ha erigido como un símbolo cargado de ideología, una resistencia de más de seis décadas, y centro de drama geopolítico. 

A partir del actual recrudecimiento de las medidas de embargo de la administración Trumpista, y la crisis política en Venezuela, uno de los principales socios de la región, Cuba se ha visto en la necesidad de buscar nuevas alianzas. Primero está Rusia, si bien la relación cambió drásticamente a partir del fin de la URSS, se puede apreciar un acercamiento, que desde luego ya no tiene que ver con comunismo, sino con el aseguramiento de un enclave geopolíticamente estratégico (sin olvidar el conflicto en Ucrania). 

En segundo lugar, y no en orden de relevancia, está China. Un acercamiento mucho más pragmático, siendo uno de los principales acreedores de Cuba, ha condicionado futuras inversiones a prueba de una verdadera voluntad, por parte del gobierno, a reformas económicas de fondo. 

Estados Unidos, en un limbo, por un lado la relación con Cuba es relevante en miras a las elecciones intermedias de este año, por otro lado temas migratorios y la designación de la isla como “Estado Patrocinador del Terrorismo” parecen todos confluir en un impasse. 

Finalmente están las alianzas regionales fortalecidas, y en algunos casos sostenidas, por el “soft power” médico, en particular con países cercanos como Brasil, Colombia y México. Desde luego esperaríamos los resultados de las elecciones presidenciales para ver hacia dónde se mueven y si se mantiene este respiro diplomático. 

Parece evidente que la crisis que enfrenta Cuba no es cualquiera, quizá representa una crisis terminal de sistema. El futuro estará en cuanto movimiento y reformas que puedan suceder. Podríamos hablar de que se imponga un modelo estilo Vietnam, en el peor de los casos que no se den las reformas que la sociedad pide y se vuelva un Estado inoperante, o que los cambios se den de forma forzada a partir de la muerte de todos los líderes históricos. 

En todo caso, demorar las decisiones está teniendo un costo muy alto en la sociedad cubana, las personas pasan hambre, no tienen acceso a servicios por falta de electricidad, las familias se deben de separar para buscar oportunidades en otro país. La demora cuesta. 


*Profesora de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey

 

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