COLUMNA INVITADA ¿Compromisos o desigualdades jurídicas? Matrimonios, concubinatos y uniones libres  - Mujer es Más -

COLUMNA INVITADA ¿Compromisos o desigualdades jurídicas? Matrimonios, concubinatos y uniones libres 

Por. María del Socorro Pensado Casanova

X: @mariaaspc / IG: @pcasanovams

 

“Volver al hogar con gratitud en el atardecer. Y dormir con una plegaria por el amado en el corazón y una canción de alabanza en los labios.”
Khalil Gibran, El Profeta, 1923.

 

En el México de 1859, el matrimonio se definía como el único medio moral de fundar la familia, de conservar la especie y de suplir las imperfecciones del individuo de acuerdo con la Epístola de Melchor Ocampo. Así, esta institución se caracterizó por ser incuestionable para el centro de la vida social y jurídica.

Durante décadas, el derecho construyó protección, legitimidad y reconocimiento alrededor de esa única forma de unión. No obstante, en el presente, las formas de amar y de construir vínculos han cambiado.

Cada vez más personas deciden no casarse, existiendo cientos de razones, como lo son, la preservación de su autonomía, el rechazo a los modelos familiares tradicionales y la urgencia de priorizar la libertad en sus relaciones afectivas. Sin duda, esta transformación refleja cambios ideológicos y culturales profundos, pero en el intento por alejarse de lo conservador, se corre el riesgo de caer en una aparente libertad que no siempre se traduce en protección. 

El derecho no ha evolucionado al mismo ritmo que las decisiones afectivas, y esa distancia comienza a generar consecuencias que suelen hacerse visibles solo cuando la relación termina.

No todas las relaciones generan los mismos derechos y el compromiso afectivo no siempre se traduce en protección legal. Mientras el matrimonio otorga un marco claro de derechos y obligaciones de la pareja, otras formas de unión quedan en zonas grises y vacíos legales. Para compartir años de vida, construir un hogar, sostenerse emocional y económicamente no se requiere tener un reconocimiento jurídico. Y, aún con las diversas reformas para la protección de las personas luego de una separación, la desconexión revela que existe una desigualdad que no depende del gran amor que puedan tenerse, ya que está sujeto a la manera en que se formaliza.

El riesgo más reservado aparece cuando esas relaciones terminan. La persona que invirtió más tiempo, trabajo y cuidado puede quedarse sin nada. Con mayor frecuencia esto suele ocurrir en los casos donde una de las partes asumió tareas de cuidado no remuneradas y/o dependió económicamente de la otra. El amor, por sí solo, no garantiza estabilidad ni justicia cuando no existe un respaldo jurídico que lo acompañe.

Por ejemplo, en las uniones libres, probar la existencia de la relación o reclamar derechos puede convertirse en un proceso complejo y desgastante. Si bien, el problema no es elegir entre libertad o derecho, es elemental reconocer que las decisiones afectivas no deberían implicar renunciar a garantías básicas. En otras palabras, no formalizar una relación no debería convertirse en un factor de riesgo. Y, al mismo tiempo, ignorar las implicaciones jurídicas de esa decisión tampoco es una opción responsable.

Desde una perspectiva de género, las consecuencias recaen con mayor peso en las mujeres. Cuando se asumen tareas de cuidado no remuneradas y se interrumpen proyectos profesionales en el desarrollo de uniones no formalizadas, la falta de protección jurídica aumenta la desigualdad. Además de vínculos afectivos se vuelven estructuras que reproducen inequidades.

Reconocer esta brecha implica cuestionar las estructuras tradicionales y las nuevas formas de desprotección. La libertad de elegir cómo construir una relación no debería implicar el riesgo de perderlo todo. 

Hoy, entre matrimonios, concubinatos y uniones libres, elegir es una cuestión emocional y una decisión de vida con implicaciones jurídicas. Muchas personas se enfrentan al temor de equivocarse por apostar a un modelo que no garantice estabilidad y estado de bienestar.

La solución no pasa por elegir una sola forma de amar, sino por hacerlo con conciencia. Informarse sobre las implicaciones jurídicas de cada tipo de unión es un primer paso indispensable, así como no descuidar los propios bienes, la autonomía económica y las decisiones patrimoniales. Mantener los pies en la tierra no es desconfiar del amor, es entender que el compromiso también requiere previsión. 

Aunque cada vez se reconocen más derechos en el matrimonio, el concubinato y otras formas de convivencia, las desigualdades siguen existiendo. Por eso, amar también implica cuidarse, anticiparse y tomar decisiones que protejan el vínculo y a quienes lo construyen.

 

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