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«POTENCIAL»: Reconstrucción y pobreza en Morelos

Morelos, más que Chiapas y Oaxaca, representa a México después de los sismos. La Ciudad de México es harina de otro costal en el proceso de reconstrucción, pues los capitalinos afectados parecieran ser ciudadanos de segunda clase por su condición socioeconómica de clase media y para ellos se tiene reservado el trato del neoliberalismo a las víctimas: la humillación de los gobernantes.

El mapa del dolor nos va mostrando la pobreza, en los 90 nuestra llama más purulenta fue ciudad Juárez, donde reconocimos y nombramos el rostro del feminicidio; los huracanes  nos hablan de la marginación en Oaxaca, Puebla y Veracruz. El rostro más violento nos lo marcó la confluencia de una clase política con los capos del narco en la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. Hoy Morelos nos muestra la corrupción de la clase política, los efectos del narco en la base de la pirámide y la disparidad social en la devastación de un sismo.

Seguir la huella del sismo desde Axochiapan, su epicentro, por el resto de la piel de Morelos es encontrar los municipios más pobres y en condiciones que representan a un gran sector poblacional: casas edificadas con adobe y techos de asbesto o lámina,  o de block con una débiles columnas y dalas, con castillos de “armex” que no soportaron el embate de un terremoto tan cercano.

Y son miserablemente pobres porque se dedican a actividades primarias como cultivar lo mismo que sus ancestros: la dieta básica mesoamericana maíz, frijol, calabaza y chile, como complementos alimenticios están todos los productos de la milpa: quelites, romeritos, flores y la poca proteína gratis que pueden conseguir: chapulines y gusanos. Dependen de las gallinas y los cerdos, para la proteína animal. En esta economía de subsistencia, si hay excedentes de producción, por ejemplo de maíz, se usan para darle de comer a los cerdos, ya que gracias al arancel cero del TLC es más barato el maíz que viene de los campos estadounidenses.  Además los años de buena lluvia, también bajan los precios, porque todos cultivan bien.

La única posibilidad de ingresos extra es que las familias se partan  y los hijos se arriesguen, y viajen de mojados a la frontera, a confrontar las duras condiciones del paso fronterizo por el desierto de Arizona o  cruza el Río Bravo, pero antes de eso librar el territorio de los narcos, que ahora también secuestran migrantes para pedir rescates a parientes de Estados Unidos.

En la migración regional la primera migración económica es la de los varones, pueden irse al corte de caña  -que es durísimo – pero esa sólo es temporal, o trabajar en poblaciones grandes, por eso un amplia zona está afectada por los extensos daños de Jojutla: la economía regional está paralizada; después vienen las madres solteras, que hacen trabajo doméstico en Cuernavaca, y más tarde las familias enteras, que viven en condiciones precarias en los cinturones de miseria de los municipios aledaños.

Por todas estas circunstancias señor Enrique Peña Nieto, la idea de que se organicen por tandas es francamente soez: en el campo no hay dinero excedente que pueda dedicarse al ahorro, se vive al día, se vive con hambre.

El robo de la ayuda que protagonizó el gobierno de Morelos, hace muy difícil hacer llegar trailers desde el norte del país, pero no imposible. La semana pasada llegaron 800 toneladas de ayuda de Estados Unidos y con la experiencia adquirida los voluntario ya saben cómo eludir a los ladrones.  Es una vergüenza que suceda; pero los voluntarios de las Universidades nos hemos puesto como meta adoptar localidades y ayudarles a la reconstrucción: Llevaremos la ayuda de sociedad civil a los damnificados en directo. El gobierno  ofrece  miserables 15 mil pesos. Nuestra mejor venganza contra los corruptos es tener éxito.

 

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Genoveva Flores. Periodista y catedrática del Tec de Monterrey.

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