sábado 22 junio, 2024
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COLUMNA INVITADA

«EL RING DE LOS DEBATES»: Libertad de prensa mexicana, como en una dictadura

“Es triste y lamentable que hoy tengamos

más periodistas caídos en México

que soldados en Irak”.

Soy la autora de esa frase. La pronuncié ante un joven y entusiasta auditorio en agosto de 2015 cuando presenté Bitácora de guerra. Experiencias de una reportera, en la Feria Universitaria del Libro que organizó la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

Pero más triste y lamentable es que la cita esté vigente y refleje la realidad que cotidianamente enfrenta nuestro gremio. Así lo confirma el más reciente informe, Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa http://bit.ly/1c2ucyc de la organización internacional Reporteros Sin Fronteras (RSF) 

En él se concluye que la libertad de prensa en el mundo está hoy más amenazada que nunca y que México no es la excepción; por el contrario, es ejemplo de un vergonzoso retroceso.

El informe destaca que la situación de los comunicadores en México es “deplorable”. Detalla que en 2002, México se encontraba en el lugar 75 de una lista integrada por 180 países; 15 años después, llegó al lugar 147, lo que lo ubica entre las peores naciones para ejercer el periodismo y donde la libertad de expresión se encuentra acotada.

Nuestro país sólo es superado por Siria y Afganistán. Sí, a ese nivel hemos llegado. La organización internacional recordó que durante el año pasado, 10 periodistas fueron asesinados en el país, pero que marzo de 2017 “estuvo marcado por los ataques en serie”. 

México “sigue gangrenado por la corrupción y la violencia del crimen organizado, especialmente a nivel local”, ya que “algunos políticos tienen vínculos estrechos con el crimen organizado”. 

El organismo señaló que en Veracruz, Guerrero, Michoacán y Tamaulipas, la corrupción y la violencia del crimen organizado están muy presentes y “la impunidad en la que permanecen los crímenes cometidos contra la prensa alimenta un círculo vicioso que se perpetúa”.

De acuerdo con esta clasificación mundial, 72 países se hallan en una situación “difícil” o “muy grave”, entre ellos el nuestro. Pongámoslo en contexto: China está en la posición 176 y Cuba en la 173.

En ese nada honroso grupo, también destacan Rusia (148), México (147), Honduras (140), Venezuela (137), Colombia y Guatemala (118), así como Paraguay (110). Turquía, considerada como “la mayor prisión del mundo”, se ubica en el puesto 155.

Estas cifras ponen a México y Cuba como los dos países latinoamericanos donde está más amenazada la libertad de prensa; es decir, nos encontramos al nivel de una dictadura.

Según RSF, 59 países se hallan en una “situación sensible” y solo hay 49 en condiciones “buenas o más bien buenas”. Ahí están los casos de Costa Rica (6), España (29, luego de subir 5 escaños), Uruguay (perdió cinco puestos y está en el 25) y Chile (cayó dos para ubicarse en el lugar 33).

Por regiones, la libertad de prensa empeoró en todas en comparación con 2013. La más difícil y peligrosa para los periodistas sigue siendo Oriente Medio y el norte de África, seguida de Europa del Este y Asia Central, Asia-Pacífico, África, América y Europa Occidental

Sin embargo, el Viejo Continente presentó el mayor retroceso en los últimos cuatro años. La organización deploró que en Europa, los parlamentos y los gobiernos aprueben leyes que atentan contra la libertad de prensa y que dan voz a líderes “antisistema” como al británico Nigel Farage o el italiano Beppe Grillo.

América del Norte tiene en Donald Trump la personificación de la desacreditación a la labor de los medios.

LAS FAKE NEWS Y LA RETÓRICA ANTIMEDIOS

El presidente de Estados Unidos es el mayor proveedor mundial de las #FakeNews o las informaciones falsas, y al decirse víctima de ellas, las utiliza para empujar una retórica contra los propios medios.

El informe de RSF destaca que la llegada al poder de Donald Trump “precipitó la caza de los periodistas”. Al acusarlos de publicar informaciones falsas, “no solo compromete una larga tradición estadounidense de lucha por la libertad de expresión”, sino que “contribuye a desinhibir los ataques contra la prensa en el mundo”.

En la era de la posverdad -cuando algo que aparenta ser verdad es más importante que la propia realidad-, “nada parece frenar el retroceso en las democracias”, y países considerados en el pasado  como “virtuosos” han retrocedido en la clasificación de RSF.

Estados Unidos es el ejemplo más notable pues se encuentra en el puesto 43, dos más abajo que en 2016; Reino Unido cayó dos escaños y se ubica en el 40; mientras que Chile está en el lugar 33 luego de bajar dos lugares.

Pero la mayor caída de esta lista integrada por 180 países, la registró Nicaragua que se ubicó en la posición 92, tras retroceder 17 posiciones. La reelección del presidente Daniel Ortega se caracterizó por “múltiples casos de censura, intimidación, acoso y detenciones arbitrarias”, según el informe.

Pese a todo, también hay signos de esperanza. En medio de este retroceso que afectó a seis de cada 10 países, RSF se congratuló de la mejora registrada en Colombia que subió cinco escalones para situarse en el lugar 129.

Esto es atribuible en buena medida a los acuerdos de paz para poner fin al conflicto armado entre el gobierno y las FARC, “fuente de censura y de violencia contra la prensa”. Además, en 2016, por primera vez en siete años no fue asesinado ningún periodista.

Por cierto, el país con mayor libertad de prensa en el planeta es Noruega y el peor, Corea del Norte “que continúa siendo una dictadura propia de la Guerra Fría” y donde “escuchar una emisora de radio de fuera del país puede llevarte a un campo de concentración”.

Cuando un reportero es callado con las balas, la sociedad es herida en uno de sus derechos fundamentales: saber y conocer.

En pleno siglo XXI, donde la tecnología nos conecta a todo el planeta en cuestión de segundos, la humanidad no puede darse el lujo de colocar una mordaza al periodismo. Hacerlo implicaría retroceder al oscurantismo en una época que debiera ser de luz y transparencia.

Hannia Novell. Licenciada en Ciencias de la Comunicación, realizó estudios en Periodismo, Literatura y Seguridad Nacional en diversas instituciones como la Universidad Iberoamericana, el Centro de Comunicación, Radio Educación y el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Especialidad en corresponsalía de guerra en La Universidad de Jerusalem (Israel) y una especialidad en comunicación política en George Washington University. Titular del noticiario estelar de Proyecto 40 en su edición nocturna. 

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