martes 05 marzo, 2024
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COLUMNA INVITADA

«EL RING DE LOS DEBATES»: El Día del Juicio Final o el horror que llegó para quedarse

Donald Trump, gane o pierda, ya dividió a la nación estadunidense. 

El proceso para renovar la Presidencia de Estados Unidos que culminaría con los comicios de este 8 de noviembre (si Donald Trump así lo permite y no sumerge al país en un conflicto post-electoral), será recordado por varias razones. Desgraciadamente, ninguna de ellas positivas.

 

Primero porque los ciudadanos acudieron a las urnas para votar entre lo peor (el candidato republicano), y lo menos malo (Hillary Clinton); luego por una guerra sucia –de esas a la que los mexicanos estamos acostumbrados–, pero que no se había visto en un país que es “ejemplo” de democracia para el resto del mundo.

 

Y tercero, porque la combinación de esos dos factores ha provocado hartazgo y cansancio en un electorado que demanda la llegada del 20 de enero para que la/el nueva/nuevo inquilina/inquilino de la Casa Blanca, asuma el poder.

 

Los dos últimos meses, a mi parecer, resumen lo que fue esta campaña. Una candidata demócrata débil. Débil en su salud (recordemos el desvanecimiento durante el acto para conmemorar el 15º aniversario del ataque terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York que derivó en un diagnóstico de neumonía).

 

Débil como figura política (aceptó que cometió “un error” al utilizar un servidor personal para asuntos de seguridad nacional), y débil en los debates (aunque según varias encuestas habría ganado los tres, no fue capaz de noquear a su contrincante, aunque pudo hacerlo).

 

Esta debilidad hizo que en la semana previa a los comicios, la ventaja que le llevaba al magnate cayera a niveles del 2% (que en los hechos significa un empate técnico), y con ello lo reviviera artificialmente a pesar de que, por sus propios errores, muchos lo “daban por muerto”. Pero qué necesidad –habría dicho nuestro querido Juan Gabriel–, qué necesidad de colocar al mundo al borde del apocalipsis.

 

Estos 60 días también fueron suficientes para que el abanderado republicano nos demostrara lo que ya sabíamos: que se trata de un mentiroso (mintió al asegurar que tenía documentos que demostraban que el presidente Barack Obama era de origen musulmán) y un descarado (aceptó no haber pagado impuestos y casi pedía que se le premiara por haber burlado a las autoridades fiscales y tributarias).

 

Además, en estos dos meses, lejos de recular, reiteró ideas francamente absurdas para el siglo XXI: construir muros cuando la globalización obliga a la apertura; defender actitudes misóginas cuando la mayor parte de los países impulsan políticas para promover la igualdad entre mujeres y hombres, y apostar a la confrontación y al divisionismo cuando el diálogo debería ser la solución de los problemas comunes.

 

Sin embargo, más allá de lo que ocurra este 08N, el Día del Juicio Final, me preocupa el miércoles 9 y los subsecuentes. En ellos, sin exagerar, la humanidad podría jugarse su destino. Que Dios nos agarre confesados.

 

El Día Después

 

Lo que ocurra el 09N, el Día Después, depende del resultado que arrojen las urnas. Yo vislumbro tres escenarios posibles.

 

Escenario 1. El bueno.

 

Hillary Clinton gana por un margen lo suficientemente sólido; es decir, mucho más de 270 de los 538 votos del Colegio Electoral necesarios para ocupar la Oficina Oval. La diferencia es tal que se nulifica cualquier posibilidad de impugnación. Estados Unidos acepta el resultado. Trump hace rabietas pero al ser incapaz de demostrar un fraude, se queda solo. El Partido Republicano no lo acompaña en la aventura de desconocer los resultados, y sus huestes se quedan a la espera del llamado para incendiar el país. El empresario termina por aceptar el veredicto de las urnas y la nación más poderosa del mundo se declara lista para construir su futuro. Si Clinton es capaz o no de hacerlo, tendrá cuatro años para demostrarlo.

 

Escenario 2. El malo.

 

La ex secretaria de Estado gana, pero la diferencia es mínima. El republicano impugna los estados con los resultados más cerrados. Se repite lo ocurrido en el año 2000 en la elección que George W. Bush arrebató a Al Gore por lo ocurrido en Florida. Estados Unidos permanece en la incertidumbre durante varios días, que pueden ser semanas. El mundo se contagia de ese nerviosismo. Los mercados financieros internacionales caen, al igual que monedas. El peso que se desploma. Suena al fin del mundo, pero no. Se puede poner peor.

 

Escenario 3. Peor, imposible.

 

Sin importar que la diferencia sea mucha o poca, Trump se inconforma. Nadie puede llamarse engañado. Ya lo había advertido en el último debate: no aceptaría un resultado que no le fuera favorable. En México decimos: “esa película ya la vimos” (ahí te hablan, Andrés Manuel). Pero el magnate no llamaría a un plantón en Avenida Pennsylvania. No, eso es protesta Región 4. Él llama a sus huestes (la ultraderecha, los sectores más retrógradas, el Ku Klux Klan), a tomar las calles. La violencia se apodera de varias ciudades. Hay enfrentamientos. Policías tratan de calmar las protestas, pero la situación se desborda. Se disparan armas. Automóviles son incendiados. Reina el caos. Y Trump gana, aunque no haya ganado.

 

Añadiría un cuarto escenario. Ese ya no es un supuesto. Es el más real de todos. De hecho, ya se vive. Trump logró su objetivo: despertar a las fuerzas más oscuras e imponer el discurso del odio. Sus seguidores, transformados en una especie de fuerza “neonazi”, tratan de imponer “la ley y el orden”. “Su” ley y “su” orden que implica perseguir a indocumentados, realizar deportaciones masivas, destruir hogares, separar familias, construir muros, declarar guerras comerciales y militares. La libertad y la democracia quedan en entredicho. La nación se divide. El daño está hecho: gane o pierda, las políticas xenófobas, el racismo y la discriminación se respiran ya en el aire contaminado de Estados Unidos. El horror está ahí. Y llegó para quedarse. 

 

 

 Hannia phixr

 

Hannia Novell. Licenciada en Ciencias de la Comunicación, realizó estudios en Periodismo, Literatura y Seguridad Nacional en diversas instituciones como la Universidad Iberoamericana, el Centro de Comunicación, Radio Educación y el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Especialidad en corresponsalía de guerra en La Universidad de Jerusalem (Israel) y una especialidad en comunicación política en George Washington University. Titular del noticiario estelar de Proyecto 40 en su edición nocturna.  

 

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