martes 18 junio, 2024
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COLUMNA INVITADA POLÍTICA DE LO COTIDIANO

«POLÍTICA DE LO COTIDIANO»: La decisión de no tener hijos

La decisión de ser madre: algo que la sociedad sanciona. 

Alicia tiene 35 años, está casada desde hace ocho y ha decidido no tener hijos. Esta decisión personal, hablada y acordada con su esposo, podría quedarse ahí, en una decisión personal y respetable, pero sucede que no, por alguna razón, ésta es una de esas decisiones que la sociedad sanciona, en boca de los padres, las tías, los suegros, alguna que otra cuñada y amiga, más la gente que va conociendo en la vida y que cuando se entra al tema de los hijos, no dejan de tener alguna opinión, mirada o consejo para la apelar su decisión. Parece que tiene que explicar o defender como si fuera cosa de los demás. Por tanto, ha optado por explicar lo menos posible. Pero ha descubierto que si explica menos, inventan más. Si explica más, la entienden menos, porque la verdad es que pocos están dispuestos a escuchar y entender sus razones, y más dispuestos a emitir opiniones sobre esta decisión que consideran “antinatural”.

 

Lo cierto es que en la natural sobrevivencia de la especie, se ha inventado en la cultura una cantidad de “razones irracionales” para tener hijos y para cuestionar a las mujeres que no quieren tenerlos: que son la base del matrimonio, es lo que une a la pareja, para que te cuiden de grande, ni que fueras lesbiana, para que seas una mujer plena, es por instinto, para trascender, para no estar sola.  

 

Algunas implicaciones de estas ideas son francamente aberrantes y cosificadoras de los hijos. O sea, si una relación es mala, ¿un hijo la compone? Nunca, los hijos necesitan ser queridos, deseados y cuidados por ser personas, y no ser utilizados como instrumentos de los padres. ¿Una mujer sola es plena cuando es madre? Desde luego que no, pero este mito ha hecho que muchas mujeres tengan hijos de manera inconsciente y sólo “porque es lo que toca” y cuando se enfrentan a la responsabilidad que es la maternidad, se dan cuenta de que no basta con ser mujer para poder ser madre, además se necesita querer serlo; deseablemente contar con los medios económicos y emocionales, y hacerse responsable de las implicaciones de dar la vida. Y una de las peores razones: tener hijos para no estar sola. Una mujer que tiene hijos con este fin, finalmente los está pensando como medios y no como fines en sí mismos. Probablemente tenderá a cobrarles permanentemente el haberlos traído al mundo.

 

Qué interesante que muchas personas estén dispuestas a cuestionar esta elección de no tener hijos y no la elección de sí tenerlos, esto se da cuando muchísimas mujeres y parejas no están en condiciones emocionales y económicas de tenerlos, y el que nazcan a veces sólo implica la reproducción de violencia o pobreza. Este cuestionamiento también tiene que ver con nuestra predominante concepción “natural” sobre tener hijos.

 

Finalmente, las decisiones sobre la reproducción deben ser autónomas y libres, donde nadie, ni la sociedad ni el Estado ni la tía…, tiene derecho a cuestionarlas y menos a forzar o presionar sobre ellas. Me he concentrado más aquí en los mandatos hacia las mujeres (aunque afecte también a los hombres, desde luego), por ser las más presionadas con este estigma, ya sea que estén o no en pareja, pero el tema central no es si la maternidad es una bendición o no, sino sobre la libertad y el respeto a las decisiones, que sería deseable que fueran autónomas, informadas, conscientes y responsables en cualquier sentido. Esto no garantiza la felicidad, sólo la posibilidad de que la maternidad o la no maternidad sean siempre una elección.

 

He conocido madres que tuvieron hijos creyendo que elegían, pero al final sólo siguieron presiones sociales porque “era lo que tocaba”. A veces salió bien, pero otras no, porque ciertamente no existe tal “instinto maternal” y la maternidad se volvió más una carga que un disfrute.

 

Queridos cercanos a Alicia, déjenla en paz. Alicia no tiene por qué dar explicaciones, así funcionan las decisiones personales. Esto de las decisiones autónomas puede expresarse así: No tiene hijos porque no se le da la gana. Y está en todo su derecho. ¿Quiénes son los demás para juzgar su felicidad o sus decisiones?

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Socióloga por la UNAM y terapeuta familiar por el ILEF. 

 

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