lunes 24 junio, 2024
Mujer es Más –
COLUMNA INVITADA

«EL ARCÓN DE HIPATIA»: ¿Mejor mujer? ¡No!, más persona

Con etiquetas no se consigue la equidad. 

Tres estampas de políticos, aparentemente inconexas en tiempo y espacio, reflejan el imaginario cultural del deber ser de las mujeres en el espacio privado y público.

 

El gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, hace unos días afirmó que es “mejor mamá, más mamá”, la que tiene sus hijos por parto natural y no por cesárea. El comentario –que fue tratado de suavizar por el mismo mandatario con la frase de disculpa “soy polémico”– causó descontento entre las mujeres, quienes se sintieron agraviadas por ser evaluadas en su potencial como madres con base en su resistencia al dolor.  

 

En marzo de 2015, en un acto posterior al Día Internacional de la Mujer, el gobernador de Baja California, Francisco Kiko Vega, dijo que las mujeres “están rebuenas para cuidar a los niños y atender la casa”. ¡Ah claro! Y para llevarle las pantuflas al marido.

 

El presidente Vicente Fox, en 2006, durante una gira de trabajo, mencionó que “el 75% de los hogares de México tienen una lavadora, y no de dos patas o de dos piernas, una lavadora metálica”.

 

En diez años, poco ha cambiado este imaginario. No se ha logrado vencer el estereotipo de la mujer como empleada doméstica, madre sufrida y al servicio del marido.

 

Si bien no tiene ningún demérito ser ama de casa, el problema radica en la despersonalización. Aún recuerdo, hace un par de años, una cena con cierto hombre, ejecutivo en ese entonces de una empresa de importancia nacional. En la sobremesa se comentaba sobre mi perfil académico y mis planes a corto plazo para iniciar un doctorado. Tengo presente la expresión de su mirada y un comentario que jamás olvidaré: “eso de estudiar a pesar de ser mujer se escucha bien, pero realmente, ¿para qué le sirve a una mujer prepararse tanto si finalmente le toca atender a su marido y a sus hijos?“.  

 

No se trata de comentarios desatinados de políticos sin brújula, sino reflejos de la valorización de la mujer que aún permea en nuestra sociedad. Es como si la mujer a diario tuviese que demostrar y ganarse el respeto y afecto a través de sus acciones.

 

En el campo laboral, la batalla que libramos día a día las mujeres es titánica, pero nuestras pares que optan por un rol familiar tampoco la tienen fácil. Si se opta por la maternidad, hay que demostrar que se es madre abnegada y sufrida para poder ser bien calificada.

 

En el caso de las labores domésticas, las mujeres quedan reducidas a empleadas sin paga ni reconocimiento. “Finalmente tiene que desquitar lo que el marido gasta en ella”, me tocó escuchar alguna vez. E incluso, en lo que concierne a la vida sentimental, pareciera que el amor o el cariño depende de qué tanto la mujer es capaz de generar entornos placenteros para su pareja, sobre todo en el plano sexual.

 

Equivocamos el tiro. La ofensa no radica en dedicarse al hogar, como durante años lo hemos escuchado y enarbolado aquellas que trabajamos de tiempo completo y desfasamos el proyecto familiar a un plano secundario. La ofensa radica en que la mujer, en cualquier ambiente que decida estar, tenga que suprimir sus propios anhelos y metas para convertirse en la madre, esposa o ama de casa que la sociedad espera de ella.

 

Estos políticos no estaban tan errados, finalmente. Solamente son voceros de la imagen que día a día todos, incluidas las mujeres, hemos contribuido a forjar. Nos hemos planteado el reto de ser invisibles pero necesarias, alabadas por anuncios comerciales donde la mujer realiza mil y un faenas domésticas, a la par de sus otros roles. Ninguna de ellas está mal, lo malo es que éstas sean necesarias para valorizarnos.

 

No hace falta que nos llamen “mejor mujer, más mujer”, basta con que todos nos tratemos simplemente como personas y nos valoremos como tales. No es con etiquetas que se consigue la equidad. Es hora de olvidarnos de esa búsqueda por ser ideal. El empoderamiento se dará al entender que no necesitamos ser perfectas, capaces o hacendosas, sino con el hecho de ser tan reales y tan humanas. Yo no busco ser más mujer, sino más persona. 

 

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Saraí Aguilar | @saraiarriozola

Es coordinadora del Departamento de Artes y Humanidades del Centro de Investigación y Desarrollo de Educación Bilingüe en Monterrey, Nuevo León. Maestra en Artes con especialidad en Difusión Cultural y candidata a doctora en Educación. 

 

 

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