COLUMNA INVITADA  Cuando la violencia sexual se viraliza - Mujer es Más -

COLUMNA INVITADA  Cuando la violencia sexual se viraliza

Por. María del Socorro Pensado Casanova

X: @mariaaspc / IG: @pcasanovams

 

“Quizá sea cierto que las cosas pueden cambiar en un solo día. Que unas pocas docenas de
horas pueden afectar al desarrollo de vidas enteras.”
Arundhati Roy, El dios de las pequeñas cosas, 1997.

 

¿Te parece normal ver en redes sociales a niñas vestidas como adultas, maquilladas, sonriendo frente a la cámara mientras son presentadas como esposas? ¿Te parece cotidiano que estos videos se compartan, se comenten y se vuelvan virales sin cuestionamiento alguno por redes sociales?

La repetición de estas imágenes ha logrado convertir en contenido lo que en realidad es violencia. Y lo más indignante es que la mayoría de las páginas que suben estas imágenes y videos reciben dinero por compartir el sufrimiento de niñas, adolescentes y mujeres.

El traslado de la violencia sexual al espacio digital parece no tener límites. Hoy además de que se ejerce en los cuerpos, se reproduce, se comparte y se consume a través de pantallas. En redes, circulan matrimonios infantiles, relaciones forzadas y dinámicas de dominación como si fueran parte de la vida cotidiana. Reels, videos y publicaciones convierten la vulneración de niñas en contenido viral, minimizando la violencia y normalizando prácticas que constituyen graves violaciones a los derechos humanos. La constante exposición invisibiliza el daño y construye una peligrosa desensibilización social donde la violencia deja de reconocerse como tal.

Un claro ejemplo de esta problemática se encuentra en los videos que circulan en redes sociales sobre la vida de niñas y mujeres en India. Imágenes donde aparecen vestidas como adultas, maquilladas, sonriendo, participando en rituales o matrimonios que, lejos de ser celebraciones inocentes, encubren profundas dinámicas de desigualdad.

¿Quién las graba? ¿Sus propias familias? ¿Personas cercanas? ¿Visitantes que consumen estas escenas como parte de una supuesta “cultura”?

La cámara no es neutral. Quien graba, quien comparte y quien consume también forma parte de la cadena que reproduce y normaliza la violencia.

Frente a un amplio y diverso panorama de culturas, dentro de distintas sociedades, la primacía del hombre sobre la mujer se ha mantenido y se ha convertido en una de las principales características de su evolución, crecimiento o estancamiento. La manifestación del estatus de las mujeres en los distintos países del mundo ha dependido del desarrollo independiente de sus órdenes políticos, económicos, religiosos, culturales y sociales.

La nación india ha mantenido históricamente una posición desfavorable para las mujeres. La violencia y las prácticas discriminatorias han persistido durante siglos. A pesar de su riqueza cultural, religiosa y social, India aún no ha logrado una igualdad de género real y continúa enfrentando una cultura de violencia en distintos ámbitos.

En una ocasión, al ver a una influencer que viajaba por la India, escuché cómo afirmaba que “en medio del caos se encuentra una gran riqueza”. Resulta inquietante cómo puede enunciarse esa idea sin cuestionar las realidades de violencia y desigualdad que también forman parte de ese mismo escenario.

En este contexto, la violencia sexual contra niñas no puede entenderse como un fenómeno aislado, ya que es parte de una estructura histórica que ha normalizado su subordinación. Lo que hoy ocurre en el entorno digital es una extensión de esas mismas lógicas que no solamente ocurre en India, sino en todo el mundo.

La exposición y viralización de matrimonios infantiles y relaciones desiguales refuerzan imaginarios que legitiman la apropiación del cuerpo de las niñas y perpetúan su cosificación dentro de las dinámicas sociales.

Las condiciones económicas, la falta de educación y la desigualdad social facilitan la continuidad del dominio masculino, agravando la situación de las mujeres. Así, por su edad y género, las niñas enfrentan una doble vulnerabilidad. La violencia que viven se ejerce de manera directa y se reproduce simbólicamente en los espacios digitales, donde su realidad es expuesta sin contexto crítico y consumida sin cuestionamiento.

El reto actual es promover la educación, la conciencia social y la igualdad desde la infancia. Para esto, es necesario transformar la cultura, enfrentando un desafío adicional en la era digital, donde las plataformas amplifican contenidos sin interrogarlos.

Erradicar la violencia de género sexual exige mirar más allá de los marcos tradicionales e implica rechazarla en todos sus tipos y modalidades. No debe seguir siendo vista como parte del contenido diario, ni consumida desde la indiferencia.

 


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