- Carnicero, Joyce Carol Oates, Edit. Alfaguara
Por. Alicia Reyes Amador
Esta historia, basada en hechos reales sucedidos en el siglo XIX, tiene como protagonista el triste, difícil, monótono y desequilibrado desarrollo de la vida de un hombre que, de ser minimizado por su padre y medianamente por por su madre, de tener un comportamiento que reproducía fielmente los prejuicios y los parámetros de la época sobre lo que “debía ser” y lo que no, lo encuentra en el ejercicio de la cirugía un campo de desarrollo y una actividad que le permitió valorarse, ser reconocido socialmente y ejercer capacidades que él mismo no conocía como parte de su identidad.
Silas Weir desde su infancia debió sentirse muy lastimado por la actitud distante y nada agradable de su padre y la incapacidad de su madre. Ella no alcanzaba a ver el daño y la confusión que causaba en la personalidad del niño, el pésimo ambiente familiar.
Era un joven no agradable, ni por su presencia física, ni por su comportamiento; a veces petulante, siempre, incapaz de leer con alguna objetividad el rechazo de los demás hacia él y siempre tratando de insertarse cumpliendo los requerimientos sociales, en un contexto muy difícil de conquistar para él.
No aprendió, sino respuestas evasivas que lo llevaron a construir un mundo paralelo en el que sabía moverse y justificar sus, a veces erráticos, a veces indignos, comportamientos sin sentido de autocrítica alguna. Cada rechazo que sufrió del mundo externo, a lo largo de su vida, aprendió e interpretó como parte de un contexto en el que esos comportamientos tenían justificación, nunca asumió que podían ser provocados por él mismo.Establece su matrimonio con una mujer de la época que le provee de 10 bocas a las que mantener, incluida ella.
Va y viene, buscando trabajo a sabiendas de que su padre no siente orgullo, ni por las elecciones, ni por la práctica profesional de Silas, mientras que el hermano de éste es la encarnación de las aspiraciones paternas.
Después de muchos años de esfuerzos y marginación, es llamado para ser parte del personal que mantiene encerradas a las mujeres de bajo nivel económico, que se consideran desequilibradas. Sin duda alguna , todos los males de estas mujeres se explican a través de desequilibrios provenientes de su género. Silas Weir repele tocar o siquiera ver un cuerpo femenino, lo que es un comportamiento propio de las costumbres de la época, sin embargo, su constante relación con las mujeres recluidas, va generando en él una necesidad y hasta un gusto mórbido por practicar en ellas cirugías y procedimientos que no podría aplicar a mujeres “decentes”. Años antes presenció una difícil y dolorosa labor de parto de una casi niña albina que le deja un impacto determinante en su forma de percibirse como médico ginecólogo. En ella, practica varias veces y con distintos materiales, la reparación de la fisura vaginal , es reconocido, más adelante por su habilidad para hacer ese trabajo. Pone en práctica en las mujeres internadas otras ideas que él decide aplicar, como parte de sus experimentos y para observar qué resultados obtiene, utiliza para ello, instrumentos muy primitivos. Muchas veces, prescinde de alguna sustancia que disminuya el dolor o cuidados, como el reposo que evitan infecciones y ayudan a la recuperación. Asume siempre, que sólo en las mujeres de clase social superior, éstos cuidados sí serían un requerimiento, no así las que son despojos de la sociedad.
Sus terribles experimentos en ellas llegan a compararse con los que efectuaron los nazis en los cuerpos judíos. Sin embargo, él, en su mundo paralelo, se siente orgulloso de sus prácticas, incluso, comienza a referir en serio informes los resultados que obtiene. Llega a suponer que tendría reconocimientos oficiales por sus descubrimientos y aunque , en muchas ocasiones sus pacientes mueren, Silas afirma que la muerte o los aspectos no logrados de los procedimientos no son responsabilidad del médico practicante, porque un médico nunca se equivoca, Después de muchas cirugías, muchos experimentos, malos tratos, destrozos de cuerpos y desapariciones de cadáveres, Silas es empezado a llamar por sus víctimas con el mote de Carnicero e incluso, llega a ser atacado por ellas. Lo que sucedió después de que un grupo de ellas actúan en su defensa, es consecuencia natural del contexto que define el lugar y la época en la que se ubica la historia.
La afirmación de Silas se escucha como egoísta, prepotente, ausente de humanidad, sin una gota de autocrítica, pero se entiende como el resultado de la historia de vida de él, el país en el que suceden los hechos y las condiciones sociales de la época histórica. Lo sorprendente de esta afirmación, es que se siga asumiendo , sosteniendo y aplicando hoy en día, por más galenos de los que uno desearía encontrar en su camino como paciente. La visión “de túnel” de Silas sigue hoy en la mente de muchos cirujanos, que no advierten a quien tratan como un ser integral, que requiere tratamientos integrales, sólo aplican muy bien, de manera precisa, sus procedimientos, son los especialistas que dejan fuera, todo lo que consideran que no tiene que ver con sus sus competencias. Cuentan con muchísimos recursos, para preparar al paciente, evitar que sufra durante el procedimiento quirúrgico, tecnología de punta y la posibilidad de recuperación es, muchas veces, inobjetable. Hay, con todo ello, una distancia significativa entre lo que hacía Silas y lo que efectúan ellos, pero , también hay mucho en nuestros cirujanos especialistas, afortunadamente, no en todos, que recuerda la visión de túnel y la presunción de que una vez aplicada la cirugía, el paciente debe recuperarse, sin más.
Lee este texto, angústiate, padece junto con las víctimas, conduélete de ellas y compártelo con todo aquel que pudiera encontrar experiencias parecidas. El texto sensibiliza, la ciencia requiere de la práctica y la experimentación. Es una verdadera pérdida para el avance de la medicina el que los nazis por evitar el castigo, hayan quemado muchos archivos en los que consignaron sus terribles y deshumanizados experimentos, Silas no lo hizo, por eso lo considera la historia como el padre de la Ginecología y la Neurología.