Por. Saraí Aguilar
X: @saraiarriozola
Algo se le debe de reconocer a Marx Arriaga: el no mentir en que se considera un revolucionario. Pues al final su machismo se vio ratificado en preferir renunciar que en visibilizar a las mujeres.
Es ya ampliamente conocido el atrincheramiento del ahora exfuncionario que encabezaba la Dirección General de Materiales Educativos de la SEP, encerrado cuatro días en su oficina, desde donde generó videos, transmisiones en vivo y protestas. Arriaga alegaba que no existía un oficio que avalara su remoción del cargo. Además de que se pregonó a los cuatro vientos como un lopezobradorista.
No obstante, su supuesta lucha y revolución desde el magisterio poco tenía de proletaria y menos de igualitaria.
De acuerdo con versiones del personal del exfuncionario, parte de sus percepciones salariales habrían sido retenidas mediante mecanismos atribuidos a su colaborador directo, Sady Loaiza, con el supuesto objetivo de financiar giras de corte ideológico promovidas desde la propia Dirección.
Estas prácticas, que algunos trabajadores han calificado como un “moche revolucionario”, se encuentran actualmente bajo revisión del Órgano Interno de Control de la SEP, instancia que habría iniciado investigaciones administrativas para determinar posibles responsabilidades.
A esta situación, se suma la controversia por el contenido de los materiales educativos producidos durante su gestión. Diversas voces han cuestionado la exclusión sistemática de figuras femeninas en el libro Multigrado de Primaria. En los libros de Historia para este nivel elaborados en dicho periodo, de aproximadamente 900 imágenes incluidas, únicamente nueve corresponden a mujeres, limitando su presencia a referencias como Sor Juana Inés de la Cruz y Ángela Peralta.
Y si bien la Presidenta misma ratificó que Arriaga fue destituido ante la negativa de incluir a mujeres, no se aleja mucho de la posición del funcionario al invisibilizarse ella misma y subyugar una supuesta causa a la figura de un hombre fuerte.
Sheimbaum enfatizó que “los libros de texto no son patrimonio de una persona, el movimiento de transformación es muy grande y siempre debe irse mejorando en el marco de la Nueva Escuela Mexicana y de lo que impulsó el presidente Andrés Manuel López Obrador, pero siempre mejorando”.
No basta solo con incluir mujeres en los libros de texto y hacer visible la participación de éstas en la historia de nuestro país, sino que resulta clave que la primera Presidenta de México se crea ella misma su rol. Que los votos en las urnas fueron de ella y que es ella quien debe de gobernar al país y no las remembranzas y propaganda del expresidente. Mientras no logremos modificar el aquí y el ahora para que la primera presidenta asuma su rol, no como una continuación del hombre fuerte sino como una figura independiente, de poco servirá que transformemos el pasado en el acervo bibliográfico.
Es hora de olvidarnos de caudillismos, de entender que la Patria no la encarna un hombre y que urge la transformación, no de cuarta sino real.