TENGO ALGO QUE DECIRTE Ser mujer sandwich - Mujer es Más -

TENGO ALGO QUE DECIRTE Ser mujer sandwich

Por. Citlalli Berruecos

X: @CitBerruecos

 

Mágicamente el algoritmo de las redes me ha enviado videos que tratan el tema de cómo aceptar lo que se viene a partir de los sesenta años. Entiendo que es un recordatorio constante de que pronto los cumpliré y que debo reflexionar sobre mi vida pasada para buscar lo bueno en mi presente y disfrutar mi futuro.

No puedo negar que llevo pensándolo mucho tiempo, en especial todos aquellos cambios grandes que tuve en mi vida: estudios en el extranjero, matrimonio, maternidad, divorcio, diferentes empleos, todo esto en una búsqueda continua de encontrar algo apasionable. Durante este proceso, me pregunté qué quería ser de grande cuando era niña para regresar a esos sueños; bailarina o cantante de un grupo salsero, cosa que realísticamente, ahora no está en mis planes y, gracias a mi pasión por los rompecabezas y la idea de hacerlos con vidrio, inicié mi propio taller hace dos años.

Regresando a los videos que he visto últimamente, les cuento dos que me han llamado la atención.

En el primero, Jane Fonda habla sobre el tema de llegar al “Tercer acto” de la vida como una etapa de reflexión para envejecer bien en una manera activa, intelectual y fisica. Es entender que podemos soltar lo pesado del pasado dejando atrás el estrés y la ansiedad y hacer que en el futuro se pueda tener autenticidad, paz interior y disfrutar lo que nos falta por vivir.

En el segundo, una psicóloga (no sé su nombre pues el video desvaneció) hablaba sobre la Generación X, esa a la que pertenezco, como un sandwich especial en el que nos encontramos atrapados entre dos generaciones, cuidando a nuestros adultos mayores y a los hijos. Imagino que tiene que ver con el aumento de la expectativa de vida que hoy puede ser más de 90 años y la dificultad para los adultos jóvenes de poder mantenerse solos con muy bajos sueldos, inflación continua y rentas altísimas.

Me viene a la mente la canción de los Beatles, Cuando tenga 64 años, donde se le pregunta a la mujer si continuará felicitándolo en su cumpleaños, abriéndole la puerta cuando vuelva a las 03:00 am, y consintiéndolo:

“Cuando envejezca y pierda mi pelo,
dentro de muchos años…

Tu también serás más vieja
Y si dices la palabra, podría quedarme contigo…

¿Me necesitarás, me alimentarás
cuando tenga 64 años?”

Ambos videos y la canción han estado dándome vueltas en la cabeza. De ahí que les presento mi subjetiva reflexión sobre el tema, en espera de sus comentarios, pues acepto que este no es sólo de mujeres, que puedo estar generalizando y puedo equivocarme. Esto tiene que ver con lo que yo siento.

Pensándolo bien, somos una generación que esperábamos una llamada importante por télefono y peleábamos con los hermanos cuando nos interrumpían con el famoso “cueeeelga, cueeeelga”; que podíamos salir a jugar bote pateado y volver a casa cuando la luz de la calle se encendía; que salíamos de casa y nos perdíamos pues no cargamos con mapas desdoblantes de papel; que debíamos portarnos muy bien en la mesa pues siempre había amenaza de pellizco bajo el mantel; que nuestros padres no tenían idea de dónde estábamos cuando salíamos con los amigos; que vimos nacer los Beta, VHS, CD’s, cámaras con flash enganchable, cámaras digitales, grabadoras de télefono, fax, computadoras con su ruido especial conectadas al teléfono, desktops, Ipads, laptops, Iwatch, IA y más; que teníamos por lo menos dos enormes y pesados directorios telefónicos; que escuchábamos el chacatachán en el aparato deslizable de la impresión de vouchers de las tarjetas de crédito; que teníamos que levantarnos e ir hacia la televisión para darle golpes y mover las antenas para tener señal; así como también fuimos quienes nos apoyamos en el terremoto y marchamos continuamente por la defensa de la democracia, los derechos humanos y los de género. Vivimos, asimilamos y luchamos por los cambios.

Como mujeres, muchas tuvimos la oportunidad de estudiar y trabajar para tener un ingreso que nos ayudó a empoderarnos y buscar nuestra independencia y libertad. Los trabajos no fueron fáciles pues el machismo imperaba constantemente. Cuántas veces se decía que “fulana” tenía el puesto por tener relaciones con el jefe, o que la jefa estaba de malas porque “estaba en sus días”… Por ejemplo, puedo contarles que cuando trabajaba en un banco, al anunciar que estaba embarazada, me ordenaron entregar todos mis proyectos a un hombre pues para ellos, el embarazo era perder todas o las pocas neuronas que tenía.

Así que logramos trabajar y tener parejas-parejas, esto es, que ambos aportábamos en casa, a veces uno más que el otro. Pero lo “parejo” cambiaba cuando se tenían hijos, ya que no sólo debíamos cuidarlos y educarlos sino también continuar aportando económicamente y hacernos cargo de la casa.

Y ahora nos viene el momento sandwich, en el que tenemos la posibilidad de decidir entre una oferta de trabajo en el extranjero, aquella que soñabas durante mucho tiempo, y cuidar a nuestros padres, lo que para mi es un privilegio y una bendición. Entonces: trabajo + casa + esposo (no es mi caso) + hijos + padres = estrés. Nos encontramos como un punching bag entre una generación joven que vive el resultado de todo aquello que luchamos y cambiamos con el paso del tiempo y que desconoce lo que hicimos para lograrlo, y en mi caso, una generación de adultos mayores pensantes, que aun trabajan, viajan, y disfrutan compartir con otros su tiempo; estamos entre una generación con un nuevo discurso liberal, de género, de cambio climático, de vivir el aquí y ahora, de inteligencia emocional, y de ChatGPT y otra generación conservadora, inteligente, nostálgica y generosa que día a día, asume lo que va perdiendo. Ser sandwich es ser interlocutora y traductora entre ambas generaciones bajo una constante búsqueda de respeto entre las partes.

Jane Fonda, mujer espectacular de 88 años y millonaria, nos convoca a disfutar nuestra libertad en el tercer acto de nuestra vida, y me pregunto, ¿cómo se le hace cuando soy una mujer sandwich que no tiene sus recursos? Sus palabras son buenas intenciones. Debemos tratar de buscar paz y disfrutar bajo nuestras circunstancias con una pensión que no alcanza y descuentos por tener ahora tarjeta de adulto mayor. Tendremos que entendernos y asumirnos con nuestras nuevas responsabilidades dentro de un sandwich multigeneracional, y encontrar momentos de respiro que nos permitan continuar asumiendo lo bueno; vivir y disfrutar esta tercera etapa de nuestras vidas de la mejor manera posible, sea como sea.

Y de repente, como si nada, llegas a los sesenta años y es un año más.

Related posts

Las mujeres alrededor de la Carta Magna. Hermila Galindo Acosta: La Primera Constitucionalista

SEXTO SENTIDO  Escuelas de pillos políticos

RIZANDO EL RIZO  Geografía de la impunidad deseo, poder y el espectáculo del escándalo