Por. Fernando Coca
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La tragicomedia que están protagonizando los integrantes de la Suprema Corte de Justicia de la Nación revela que muchos de los más altos integrantes de la Cuarta Transformación conocen de qué va la austeridad republicana.
Andrés Manuel López Obrador escribió en Un Proyecto Alternativo de Nación lo que ya hacía en la materia: eliminar los guardaespaldas “con excepción de aquellos servidores públicos que, por sus funciones, requieran seguridad”. (Un proyecto Alternativo de Nación. Andrés Manuel López Obrador. Pág. 148. Grijalbo, 2004).
López Obrador siempre señaló que el procurador, los subprocuradores, el secretario de Seguridad Pública, los magistrados del Tribunal Superior de Justicia del DF y algunos jueces, fiscales y jefes policiacos debían tener escoltas y vehículos adecuados para el desempeño de sus funciones y para evitar incidentes que los pusieran en peligro.
Lo que sucedió con los integrantes de la Corte no es sino el resultado de una camisa de fuerza que el discurso de la austeridad, llevado a un extremo por algunos “pregoneros” del movimiento, usaron para demostrar a los adversarios.
El caso que ejemplifica mejor la distorsión del argumento de la austeridad es Gerardo Fernández Noroña, un personaje que romantizaba su pobreza y hacía de ello su “fortaleza” política, pero que cuando llegó al poder superó los privilegios que antes despreciaba.
La conferencia de prensa del lunes que dieron algunos ministros de la Corte no dejó respuestas, acrecentó las dudas y generó desconfianza. La principal promesa de campaña de los integrantes de la SCJN fue la de llevar la austeridad republicana al ejercicio de sus funciones. Pero perdieron de tal forma la brújula, que se extraviaron en un discurso distorsionado y erraron al momento de explicar la compra de las camionetas que llegaron al extremo de acusar a los anteriores ministros y ministras de haberse “llevado” las camionetas blindadas que usaban.
El ministro presidente intentó justificar la compra con el argumento de que les habían dejado las peores y que algunos de los ministros que dejaron el cargo, luego de la elección judicial, habían COMPRADO las camionetas que usaban y que, por ese motivo, con la participación de instancias de la Corte y de las dependencias de seguridad decidieron comprar las nuevas blindadas.
Muy pocos son los que exigirían a un funcionario que tiene la responsabilidad como las de un ministro de la Corte para que viaje en Metro sin escolta. Pero ese discurso extremo de la austeridad que los Noroñas usaron para destrozar a los adversarios, los tienen envueltos en una espiral en la que el concepto no sólo se malentiende, sino que los inhibe y paraliza al grado de caer en el ridículo que hicieron en su conferencia de prensa.
Por el bien de México, es deseable que las y los ministros de la Corte entiendan que su responsabilidad es dar la certeza jurídica al país, que su misión es garantizar que el Estado de Derecho sea la regla y no la excepción y que la cosa juzgada ya no puede ser objeto de intenciones políticas. La justicia debe despojarse de la ideología para poner a todas y todos los mexicanos en la igualdad que la ley otorga.
La Letrina. ¡Qué joya soltó el presidente de la Corte! Trabajan de 7 de la mañana a 12 de la noche. Mis colegas de oficio -reporteras y reporteros; enfermeras, médicos, policías, bomberos, soldados, marinos y decenas de oficios y profesiones más también tienen esos horarios y a veces, hasta más lagos. Pero ninguno de los mencionados tiene un salario, un fuero ni los privilegios que da el ser ministro de la Corte. Es más, el haber sido electos en las urnas los obliga a rendir no sólo en ese horario, sino que deben dar garantía de que la justicia está trabajando 24/7 los 365 días del año pues el honor de haber recibido un voto para ocupar el cargo, a eso lo obliga. ¿O no?