Margarita Maza de Juárez - Mujer es Más -

Margarita Maza de Juárez

A propósito de que el 2026 fue declarado como el “Año de Margarita Maza Parada”, convocamos un texto de hace una década, escrito por la periodista y activista feminista, Sara Lovera.

Esta iniciativa se ha venido implementando por el Gobierno Federal para destacar a personajes significativos de la historia, así como para reivindicar su luchas, en este caso, en favor de las mujeres.

 Margarita Maza fue una mujer liberal, inteligente y de gran carácter, capaz de
dispensar consejos políticos, que apoyó al Benemérito de las Américas en su lucha por la
tolerancia religiosa y la creación de un Estado laico en México. Los documentos
epistolares revelan la relación de apoyo mutuo y respaldo entre tales personajes para
hacer frente a problemas familiares durante el conflictivo periodo de la Reforma
y las invasiones militares a México.
Francesca Gargallo, 2009 [1]

 

Por. Sara Lovera

X: @SaraLoveraLpez

 

Llamada Margarita Eustaquia Maza Parada, de casada Margarita Maza de Juárez, nació en Oaxaca el 29 de marzo de 1826 y murió en la Ciudad de México el 2 de enero de 1871. Esposa del presidente de México, Benito Juárez.

Esta mujer cuya imagen serena y de ojos vivos y pequeños ¿fue solamente una esposa abnegada y adecuada a la época que le tocó vivir, o se trata de una mujer cuyas contribuciones a la defensa de la República son inconmensurables?

De acuerdo con su biografía fue hija del genovés Antonio Padilla y de la mexicana Petra Parada. Creció en una familia de buena posición económica y obtuvo una refinada educación. Casada tuvo once hijos con el presidente Juárez —tres hombres y ocho mujeres—, de los cuales tres murieron a temprana edad (dos de ellos varones y la otra mujer).

Lo cierto es que Margarita no ha sido considerada como una feminista liberal y las investigaciones tampoco encuentran testimonios evidentes de diálogo político con alguna otra mujer que no fuera su hija mayor.

Durante las prolongadas luchas que Juárez y los liberales llevaron a cabo para mantener la independencia nacional y fundar un estado laico, el feminismo mexicano todavía no nacía. Las mujeres aparecían y desaparecían de la escena política como subsidiarias de los hombres de su familia [2] y ninguna manifestó un radical rechazo a su opresión. Cuando doña Margarita Maza murió en la Ciudad de México el 2 de enero de 1871, apenas un año antes que su marido, fue recordada como madre y esposa ejemplar; nadie subrayó otro tipo de dotes políticas.

Su biografía, los recuerdos de ella en artículos y discursos de los liberales nos hacen pensar que Margarita Maza fue una liberal capaz de trabajar para sostener a sus correligionarios políticos, aunque ello era visto y reducido a ”una valoración de sus contemporáneos, al hecho que era la esposa de don Benito Juárez. Tras don Benito, nunca nadie consideró su esfuerzo como una manifestación de su credo personal.

Margarita por su conducta, audacia y capacidad de organizar la vida en México, o en el extranjero, en exilio forzado, se mostró como una mujer de carácter sólido, ningún obstáculo de la vida cotidiana o de las consecuencias de la lucha de su marido la paró de actuar.

Por el contrario, los testimonios dejan claro que siempre estuvo dispuesta a para apoyar las causas de los liberales, es definida como una mujer distinguida “por la caridad y ayuda que brindaba a los que tenían menos oportunidades” y a pesar de sus andanzas, asilos temporales y maternidades sucesivas, siempre apoyó la causa de su esposo, Benito Juárez, con quien contrajo nupcias el 31 de octubre de 1843. El Benemérito era 20 años mayor que ella.

Margarita, como muchas de sus contemporáneas, vivió momentos muy complejos al lado de Juárez. Podemos adivinar que sólo sus convicciones la sostuvieron. Por ejemplo, cuando su esposo fue desterrado del país por haberle negado resguardo al general y dictador Santa Anna. Además de quedarse sola con sus seis hijos y en espera de dos más, fue perseguida, razón que la obligó a buscar refugio de manera sucesiva en las haciendas, Miguel Castroterrey, Santa Anita, Llalinas, Los Naranjos y Santa Gertrudis.

Con dinero propio envió ayuda a su marido, quien vivió un tiempo en La Habana, Cuba, y después se movió a Nueva Orleans, EE.UU.

Margarita fue industriosa, en Oaxaca estableció una pequeña tienda en la ciudad de Etla (1855). Ello cuando Juárez regresó a México y luego de la victoria compartida con el general Juan N. Álvarez.

En esa época sorteó los problemas al lado del grupo de liberales que acompañaron a Juárez. Hubo problemas sobre todo poco tiempo después de publicadas las Leyes de Reforma, donde Juárez limitaba el poder de la iglesia Católica, confiscando sus propiedades (entre ellas asilos y hospitales), exclaustrando a monjas y religiosos, y separándola del gobierno, el clero decide pedir ayuda a las potencias Europeas. Es así como Francia invade México por segunda vez, y en esta invasión francesa Margarita vuelve a separarse de Juárez mas no lo abandona. En ese periodo, Margarita y sus hijas organizan reuniones, obras y otros pequeños eventos para recaudar fondos y apoyar la causa de Juárez.

Margarita fue descubierta por el gobierno Imperialista de Maximiliano, imaginen en esa época organizar la huida en dirección a los Estados Unidos de América, refugiándose inicialmente en Nueva York, aunque finalmente se oculta en Washington D.C., a donde arriba en noviembre. Durante su estadía desarrolla una interesante capacidad diplomática, aún hoy no reconocida, como veremos en los juicios de Gargallo.

En tanto Margarita que vivía en Estados Unidos, escenifica la muerte de dos de sus tres hijos varones, José y Antonio.

Es en esa época en la que escribe a Juárez constantemente y se rescata algo de su pensamiento, que como dicen las historiadoras feministas nadie puede conocer qué es lo que conversaba con Juárez, cuando vivían juntos.  En una de las cartas rescatada por Adelina Zendejas [3] Margarita asoma claramente su capacidad de juicio, señala entre otras cosas que: “Mucho me alegro que los franceses se hayan retirado para que ustedes puedan ir a Chihuahua; allí tendrán más recursos. Procura mandar una ordencita para que estos comisionados, Carbajal y Santos Ochoa se vayan porque son inútiles, y el segundo tan necios,…he oído que a todos les ofrecen millones como si fueran centauro: procura quítalo de semejante comisión y procura mandar a una persona que discurra, porque es necesario; hay aquí una percha de mexicanos quedan vergüenza…debemos volver por nuestro honor perdido, manda una persona capaz de algo y no sigas mandando a inútiles…”

Evidentemente Margarita asumía la causa de Juárez por sí sola. Dice Gargallo: “En realidad doña Margarita era una mujer que compartió las luchas que permitieron la consolidación de México como una nación independiente, rompiendo algunos paradigmas de una época en que las mujeres tenían un papel tradicionalista y conservador. Por ejemplo, en 1855 llegó a buscar a su marido en el puerto de Veracruz, acompañada de sus hijos, tras sortear la persecución de bandidos que pretendían raptarla y de los que la protegió su hermano José Maza, otro hombre de la familia con el que sostuvo una correspondencia acerca de sus afectos, necesidades y comunes convicciones liberales. Acababa de triunfar la Revolución de Ayutla contra Santa Anna, que llevó a la presidencia al general Juan Álvarez, y Margarita Maza había conminado a su marido y a sus compañeros a que volvieran lo antes posible al país.”

El análisis de su correspondencia, de sus sentimientos y sus acciones, evidencia que Margarita Maza no se refirió en nada sobre la igualdad femenina; “pero tampoco existen evidencias en cartas y/o documentos del intercambio de ideas que sostenía con su marido en los periodos que vivía a su lado, como si durante ellos se la tragara la tierra, en esa invisibilidad doméstica.

La investigación y las biografía de Margarita, apenas han conseguido algunas cartas escritas en distintas épocas, como la hallada por Zendejas y las que rescató la historiadora Patricia Galeana[4]. En ellas se aprecian “ sus opiniones acerca del desempeño de Benito Juárez como Ministro de Justicia, cuando promulgó la Ley sobre Administración de Justicia que abroga los fueros eclesiástico y militar en materia civil, haciéndolos renunciables en lo criminal. Ahora bien, es impensable que no haya sostenido a Juárez cuando éste, junto con los otros liberales “puros”, consideró llegado el momento de promover reformas e impulsar una nueva constitución.

En 1856, Juárez fue electo constitucionalmente gobernador de Oaxaca y su gestión se caracterizó por limar asperezas entre el poder civil y el religioso. En 1857, durante el gobierno del presidente Ignacio Comonfort, Juárez fue designado Presidente de la Suprema Corte de Justicia, lo que le daba el carácter de vicepresidente de la República. Como tal impulsó las labores iniciadas en 1856 para la reforma de la Constitución política, que se promulgó el 5 de febrero de 1857.

La Constitución de 1857 se adhería a la   filosofía rousseauniana, como los de la libertad y la igualdad absoluta del hombre [5] atribuyendo a estos principios la calidad de derechos naturales inalienables e intangibles. Garantizaba, por lo tanto, las libertades y los derechos que el poder público reconoce y sanciona a favor de la persona humana, identificada con el individuo masculino de cultura occidental, considerado como la base fundamental de las instituciones sociales.

Los conservadores intentaron derogar una Constitución que reducía privilegios de casta y les quitaba el apoyo financiero de la iglesia católica. Por eso, intentaron imponer como presidente del país al militar Félix Zuloaga a través de un golpe de Estado.

Comonfort, cuya lealtad a los principios liberales se vio mermada por el miedo a perder el control del país, encarceló a Juárez. No logró apaciguar los ánimos de los conservadores y se dio cuenta que sin el apoyo de los liberales dejaba a la deriva la posibilidad de reformar el país, por lo que lo liberó. Los liberales emprendieron entonces una guerra que duraría tres años (1858-1861), con la finalidad expresa de defender la legalidad republicana. Se le conoce como Guerra de Reforma, porque Juárez, que asumió la Presidencia de la República por decisión ministerial en la ciudad de Guanajuato el 11 de enero de 1858, apoyándose en el grupo liberal expidió, en julio de 1859, las Leyes de Reforma. Éstas decretaban la independencia del Estado respecto de la Iglesia, y normaron el matrimonio y el registro civil, así como el paso de los bienes de la Iglesia católica a la nación. A pesar de que doña Margarita las defendió con pasión, las mujeres eran vistas en ellas ante todo como esposas y madres, cuyas actividades se limitaban al ámbito doméstico.

La contienda concluyó con la victoria de las fuerzas del general Jesús González Ortega contra las del conservador Miguel Miramón, el 22 de diciembre de 1860, en los llanos de Calpulalpan, en el municipio de Jilotepec. El 11 de enero de 1861, procedente de Veracruz y acompañado de su familia, Juárez entró triunfante a la Ciudad de México y, poco después, fue electo constitucionalmente Presidente de la República. Ese mismo año su gobierno obtuvo el reconocimiento internacional.

La economía de México estaba tan deteriorada que Juárez tomó como primera medida para sanearla la suspensión del pago de la deuda externa. La frugalidad republicana en la que vivía con su familia eran fuente de respeto, pero no por ello Gran Bretaña, España y Francia dudaron en romper relaciones con México. El 31 de octubre de 1861, en Londres, las tres naciones convinieron justificar una intervención armada, pero sólo Francia movilizó sus tropas, ya que España y Gran Bretaña aceptaron un aplazamiento en negociaciones posteriores. Cuando el ejército de Napoleón III comenzó a internarse en el país, Juárez entendió que sólo podría confiar en un militar que hubiese demostrado su lealtad a la república, ya que el mayor peligro que enfrentaba era la alianza entre los invasores y los conservadores. Por ello depositó su confianza en un joven general mestizo, Ignacio Zaragoza, y éste llevó a un ejército popular, mayoritariamente indígena y acompañado de mujeres y niños, a vencer a los invasores el 5 de mayo de 1862 en Puebla. Ese triunfo desconcertó a los franceses que no se esperaban una resistencia organizada por parte de un pueblo no europeo. No menos sorprendió a los conservadores, por motivos racistas semejantes.

No obstante, después de un año de calma, en 1863 franceses y conservadores se juntaron para ocupar Puebla y la Ciudad de México, donde organizaron una Junta Provisional de Gobierno. El gobierno republicano se trasladó a San Luis Potosí y de ahí el presidente inició a moverse constantemente para evitar caer en manos de sus enemigos.

Una vez más, Margarita Maza y Juárez tuvieron que separarse para garantizar la sobrevivencia de sus hijos y no entorpecer los desplazamientos de Juárez. Mientras el ejército republicano organizaba la resistencia mediante la táctica de la guerra de guerrillas, Juárez despachaba desde una diligencia y Margarita se desplazaba hacia el norte sorteando partos y enfermedades. En tanto en la capital, la Junta nombraba una Asamblea Nacional que determinó que la forma de gobierno necesaria para México era una monarquía moderada, hereditaria y de origen europeo. Así fue coronado un Emperador de México en 1864. La corona se otorgó a un príncipe católico designado por Napoleón III, llamado Fernando Maximiliano de Habsburgo archiduque de Austria,

El trabajo político de Margarita Maza Parada volvió a ser visible entonces. En un principio, junto con sus seis hijas, presidió una junta de mujeres liberales que se encargaban de reunir fondos para las tropas, los hospitales y para apoyar las víctimas civiles de la guerra. Asimismo, en la mayoría de las ciudades muchas mujeres, y los hombres no enlistados, se dedicaron a resistirá, con lo que se mantuvo un clima de inestabilidad social que repercutió tanto en las decisiones políticas como en los avatares de la guerra, de modo que la monarquía de Maximiliano nunca pudo realmente gobernar el país.

Gargallo establece que en esta etapa es interesante recoger una extraña forma de resistencia femenina, descrita en las décadas de 1880 y 1890 en los primeros periódicos dirigidos por mujeres en México, como el Correo de las Señoras y Las violetas del Anáhuac. Las patriotas rechazaban casarse con los oficiales franceses o intimar con las damas de compañía de la emperadora Carlota, algunas de ellas mujeres muy cultas, algunas de estas revistas pueden todavía consultarse.

En 1865 Margarita Maza no pudo quedarse más en México y tuvo que refugiarse en Nueva York y en Washington, donde, a pesar de la muerte de dos de sus hijos pequeños, llevó a cabo un magnífico trabajo diplomático, toda vez que durante su estancia en Estados Unidos fungió como enlace con políticos que respaldaban la lucha juarista en contra de los invasores franceses y los conservadores.  La historiografía feminista propone que debería reconsiderarse la labor de esta mujer,  entre otros factores de índoles económica e ideológica, al analizar cómo los ideales americanistas y republicanos no fueron traicionados por Washington, cuyo gobierno nunca reconoció el imperio de Maximiliano.

En 2006, la historiadora Patricia Galeana publicó La correspondencia entre Benito Juárez y Margarita Maza, recopilación que ofrece un material inédito sobre el papel histórico y político de Margarita Maza,” como una mujer liberal, inteligente y de gran carácter, capaz de dispensar consejos políticos, que apoyó al Benemérito de las Américas en su lucha por la tolerancia religiosa y la creación de un Estado laico en México. Los documentos epistolares revelan la relación de apoyo mutuo y respaldo entre tales personajes para hacer frente a problemas familiares durante el conflictivo periodo de la Reforma y las invasiones militares a México.

El Final

Margarita que vivía en la ciudad de México y que podía pasear por sus calles y avenidas, libre de las idas y venidas de exilios temporales, satisfecha con los resultados de la lucha de Juárez, que se hacía acompañar por sus hijos, estaba enferma.

En agosto de 1870 los médicos le dijeron a Juárez que la enfermedad de Margarita era progresiva y mortal.

El 2 de enero de 1871 Margarita recibió los Santos Oleos del cura del templo de San Cosme. Juárez ese día estuvo junto a ella todo del día. Margarita le pidió a Juárez velar por sus hijas. Juárez le dijo que se pondría bien. Margarita le pidió a Juárez cumplir con el deseo de sus hijas de casarse por la iglesia. A las cuatro de la tarde, Margarita murió con una sonrisa.


[1]Francesaca Gargallo, “Benito Juárez y Margarita Maza o cómo fue que el liberalismo no recogió el ideario de la emancipación de las mujeres en México”, Cuadernos feministas, sábado 11 de septiembre, 2010.

[2] Tomado de Francesca Gargallo: Aun entre los conservadores algunas mujeres tuvieron visión política, para ello es suficiente revisar los comentarios y apreciaciones sobre la realidad recogidos en el diario de Concha Lombardo, esposa del general Miguel Miramón e hija de un abogado que firmó el Acta de Independencia. Sus Memorias y la correspondencia con su marido manifiestan que los hombres políticos del siglo XIX confiaban en sus cartas muchos secretos de estado a las mujeres que amaban y recibían de ellas consejos pertinentes. A la vez, reseñan en un prólogo y once capítulos el nacimiento, infancia y juventud de una mujer comprometida con los complejos procesos de la segunda mitad del siglo XIX, que entreteje con una historia de vida mexicana que vale la pena revisar. Doña Concepción narra su matrimonio y, por ello, detalla las circunstancias que rodearon su vida en torno a la intervención del general en la aventura imperial. Asimismo, revela su experiencia tras el fusilamiento de su marido, Mejía y Maximiliano. Cf. Memorias manuscritas de Concepción Lombardo de Miramón. FONDO1859-1917, DCCCII-2, t. I. Colección del Centro de Estudios de Historia de México Condumex. Una parte fue editada

[3] Adelina Zendejas, La Mujer en la Intervención Francesa. No. 11 de la Colección del Congreso Nacional de Historia para el estudio de la Guerra de Intervención. Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. México 1962, y en ¿Solo para Mujeres? Ídem. En una larga entrevista en Radio Universidad que le hizo Margarita García Flores (1979).

[4] Hay varias colecciones completas de estas publicaciones periódicas, una de ellas se encuentra en la Hemeroteca Nacional, en Ciudad Universitaria.

[5] En Francesca Gargallo. Ídem……

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