ENTRE LÍNEAS Y LETRAS Una primera parada - Mujer es Más -

ENTRE LÍNEAS Y LETRAS Una primera parada

Foto. Héctor Ruiz Reyes

  • La Estación, Jacopo De Michelis, Edit. Penguin Random House.

Por. Alicia Reyes Amador

 

Es una novela extensa. Compuesta de historias, todas interesantes y bien narradas. La mayoría conectadas entre ellas, por ser parte de un tronco común. El argumento se desarrolla en una buena parte dentro de los múltiples recovecos profundos y, la mayoría, olvidados de la Estación Central del Tren de Milán y otras en distintas ubicaciones de las calles de Milán.

Ricardo Mezzanotte, el personaje principal, es un joven policía, rechazado por sus compañeros por haber denunciado actos de corrupción, que parece tener la experiencia de un hombre mucho mayor a los años con los que cuenta, sólo treinta. El rechazo y el ejemplo de su padre, la forma en la que muere éste y la experiencia juvenil de Ricardo como pandillero, parecen haberle enseñado mucho.

En su protagonismo lo acompaña Laura, una chica bellísima, tierna, sencilla y poseedora del don de sentir como propios los sentimientos de las demás personas. Esta capacidad la hiere y la enferma. Sin embargo, es la que le lleva a resolver uno de los enigmas más relevantes de la narración. Ambos, Ricardo y Laura, parecieran no “estar hechos el uno para el otro”, pero sus acciones, intereses e inclinaciones, los van acercando hasta llevarlos a una sólida relación.

Aparecen también otras historias como las de Ricardo y Laura con sus familias, las dos, ejemplos de incomprensión y falta de generosidad de los adultos hacia los hijos. Todos actuando así por diversas razones. El padre de Ricardo, quien murió asesinado, sin que se conozcan las razones, se relaciona con su hijo siempre bajo un excesivo apego a principios y conductas positivas, pero llevadas a extremos lesionantes. La madre de Laura, actúa por egoísmo e inmadurez; el padre, por insensibilidad. Unos y otros, adultos, sin darse cuenta del daño que causan a los pequeños.

Una historia que se expande e infiltra en las demás es la que habla de los muchos indigentes pobladores de los sótanos de la Estación. Ellos salen a la superficie como seres desahuciados, sobrevivientes gracias a la limosna o a la basura dejados por los habitantes de la ciudad. Cuando, en realidad, sus vidas transcurren en una ciudad idílica, ubicada en “un tercer nivel” de la estación. La primera descripción que aparece de ella evoca el pueblito que nos pinta Altamirano, en su novela El Zarco. Quienes habitan la ciudad, en la superficie, los llaman «los de ahí abajo» y piensan que son sólo una leyenda urbana.

El “tercer nivel”, está controlado bajo los designios de una sacerdotisa a la que los habitantes llaman Maman, una bellísima mujer a quien desfiguraron la mitad de su rostro. Siempre custodiada por Koku, un enorme reptil que la protege a ella y es temida por los demás.

Las vidas de Laura y Ricado se cruzan por la inclinación de ambos por desear servir a los demás con su trabajo. De algunos desencuentros, nace una profunda atracción, que los lleva a nuevas aventuras.

Laura desea encontrar explicación a la presencia de dos pequeños que sólo se hacen presentes ante ella. En su búsqueda se adentra y, se pierde, en los sótanos de la Estación. Ricardo se angustia porque infiere que, el Fantasma, un personaje escalofriante, que efectúa ritos vudú, la ha secuestrado para sacrificarla. Por ello, a pesar de muchos elementos que él tiene en su contra, se empeña en una búsqueda profunda y permanente. En ella lo apoya un grupo muy particular de investigadores del subsuelo.. Por fin, con la ayuda de los «de abajo» Ricardo logra encontrar a Laura. Para ello, debe enfrentarse al Fantasma y luchar codo a codo con los habitantes del subsuelo, en su lucha contra “los hijos de la sombra”, un grupo contrario a los habitantes del idílico pueblo.

Una vez reunidos, Ricardo y Laura deben pasar varias pruebas más para poder regresar juntos a la corteza terrestre.

Cuando lo logran, Ricardo es reconocido, incluso por sus muchísimos detractores y Laura recibida como una sobreviviente de una situación sobre la que nadie ha querido investigar. Situación muy peligrosa y llena de interrogantes. Ahora, ante la exposición de Ricardo sobre lo que descubrió se vislumbra el involucramiento de importantes personajes de la historia. Dentro de toda esa aventura, Ricardo empieza a atar cabos sobre quiénes asesinaron a su padre y por qué lo hicieron. Al descubrirlo se desvela una red de corrupción, que también involucra las causas del rechazo de muchos a percibir y atender la situación de los sótanos de la Estación.

El final de la novela cierra los muchos desenlaces que fue abriendo para cada subtema que aborda, el clímax de cada historia tiene coherencia con su historia, en casi todos los casos. Es un texto entretenido, pero cansado, no por su extensión, 872 páginas, sino debido a la forma en que fue elaborado. Toda creación literaria de calidad, tiene el mandato de ser verídica, no verdadera, es decir, partir de algo real, pero crear una realidad inventada; sin embargo, ésta debe tener lógica interna, a riesgo de convertirse en una caricatura o en una expresión de algo que no convence. Esta narración, carece de esa cualidad en varios momentos de su desarrollo, por ejemplo, el dato de que muchísimos de los habitantes de la ciudad subterránea, han sido consumidores de sustancias; sin embargo, mágicamente al vivir en la comunidad subterránea, abandonan su dependencia convirtiéndose en personas productivas, para ellas y para su comunidad. Otro caso se ubica en algunos comportamientos, ilógicos en su contexto, en el caso de Laura, incluso en el de Ricardo, golpizas que dejarían muerto a un Goliat, pero que parecen borrarse como si hubiera un bálsamo maravilloso en el ambiente, que permite al protagonista iniciar otro enfrentamiento. De igual manera, lograr el paso por unas arenas movedizas, con el auxilio de unos muñecos inflables.

Otros aspectos flojos en la narración son los largos párrafos de encuentros sexuales, detallados al máximo. La estructura narrativa con la que De Michelis introduce cada nueva historia en la narración, es similar en muchos casos; inicia con un acto de desobediencia a las convenciones sociales de alguno de los personajes, con ello éste da pie a una experiencia llena de obstáculos, peligrosa, casi inalcanzable, con riesgo, tanto a ser castigado como a perder la confianza de los que le rodean.

Finalmente, logra llegar a un fin positivo y exitoso. Al término de la historia es reconocido por quienes lo atacaban antes. Esta “costura” se nota y también cansa. Por último, aparecen también algunas contradicciones. Por ejemplo, en el trato que recibe Ricardo de los padres de Laura o la forma en que la sacerdotisa explica la razón por la que es elegida y poseída Laura por Mami Wata, el espíritu que protege al pueblo idílico.

Todos estos detalles hacen que la novela pierda un poco de cohesión. Podría afirmar que De Michelis es un escritor que promete ser un buen creador de novelas, pero me gustaría esperar a que lleguen a mis manos algunos otros, posteriores a La Estación, para hacer una valoración más objetiva.

 

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