Por. Fernando Coca
La madrugada del 3 de enero, Donald Trump le cumplió su deseo a Nicolás Maduro: fue por él hasta su casa en Venezuela.
En una operación “limpia” para las fuerzas especiales del ejército estadounidense, el presidente de facto en Venezuela fue extraído y llevado a una corte en Nueva York para enfrentar cargos de narcotráfico.
En la conferencia de prensa que dio el presidente Trump el domingo por la mañana, se dijo muy claramente que la captura de Maduro fue para recuperar lo que ellos consideran que el régimen venezolano la había quitado a las empresas de Estados Unidos y que se iban a cobrar esa afrenta. No se habló mucho de democracia ni de narcotráfico, pero sí de los recursos naturales de la nación sudamericana.
Marco Rubio, el secretario de Estado de la administración Trump fue cuestionado sobre la posibilidad de intervenir de la misma forma en otros países, en especial Cuba pues la guardia personal de Maduro estaba compuesta por militares cubanos. Rubio fue claro, que Cuba ponga sus barbas a remojar.
El mensaje, creo yo, no sólo tenía como receptor al régimen de Díaz-Canel, también estaba destinado a Nicaragua y Colombia. Incluso, pienso que la advertencia tenía un destino más lejano, Irán.
¿Cómo explicar la facilidad de la operación de los soldados de Estados Unidos en suelo venezolano? Creo que ya había un acuerdo con una facción de chavismo para entregar a Maduro. Eduardo Buscaglia ya lo había pronosticado allá por septiembre y decía que una parte del ejército de Venezuela entregaría a presidente espurio.
La noche del domingo, en Milenio, en una mesa con Roberto López, la internacionalista Dora Isabel González explicó con un argumento contundente el motivo por el cual fue “fácil” deponer a Maduro: no tenía legitimidad.
Recordemos que en 2024 hubo elecciones presidenciales en ese país y Maduro fue derrotado a pesar de las trampas y el fraude electoral en contra de Edmundo González. La comunidad internacional pidió a Maduro pruebas de su “triunfo” pero esas nunca llegaron. De facto se quedó en el poder y ese fue su gran error.
Después de incrementar la persecución de sus opositores, Maduro continuó con la extinción de los derechos de los venezolanos. Siguió con la desaparición de los contrapesos institucionales y, como advirtió Dora Isa, eso es algo que a nosotros no nos debe pasar y debemos fortalecer nuestras instituciones.
El nuevo orden requiere de nuevas reglas en el juego de la política internacional. Los organismos internacionales creados a partir del fin de la segunda guerra mundial están rebasados, obsoletos, inservibles. Desde que la comunidad internacional no pudo, o no quiso, resolver la invasión de Rusia contra Ucrania y tampoco puso un alto a la matanza provocada por el gobierno de Netanyahu en Palestina, la ONU y los demás organismos de conciliación mundial no sirven sino para escribir comunicados que son lo mismo que un llamado a misa.
Estamos siendo testigos del regreso de una política explicada como una Doctrina Monroe con esteroides que es más parecida al Destino Manifiesto de Polk.
Es tiempo, aún, de mantener la serenidad para que en México se mantenga la pluralidad política, la solución de los grandes problemas nacionales por medio del diálogo, la concertación, el consenso y los acuerdos entre los diferentes para evitar caer en la degradación democrática en la que se hundió Venezuela.
Hay que ser claros, Maduro es indefendible, Venezuela debe ser libre, pero una invasión como la del 3E no debe suceder otra vez.