- Nosotros que luchamos con DIOS, una nueva perspectiva sobre la mayor historia jamás contada. Jordan B. Peterson. Planeta.
Por. Alicia Reyes Amador
Es un libro extenso y denso. Desde el frontispicio, hasta la conclusión, cada página incorpora generosamente referencias, datos, narraciones, ejemplos, conclusiones, todos esos elementos engarzados de manera tal que el lector entiende el punto central y el contexto que ubica y da sentido a cada aspecto que aparece. En cada uno de los muchos temas que parece abarcar el desarrollo del texto, se manifiesta esta profusión. En realidad, es un sólo tema que aborda, aunque lo observa desde muchos puntos de vista y a partir de muchas facetas; la existencia de Dios, sin discusión alguna para el autor. Sin embargo, incorpora y presenta contraargumentaciones frente a las muchas de las posibles ideas que pretenden demostrar que esta existencia no es real o se ha desgastado con el transcurso del devenir de la humanidad.
La creación, el espíritu, la realidad Adán y Eva, todos estos momentos bíblicos van apareciendo como antecedentes y consecuentes de un todo observados como una totalidad, en lo que la presencia de Dios es lo que le da sentido a cada uno de ellos.
En este apartado aparece también la serpiente, queda inserta en la historia del hombre, como un ser que incita y provoca que Eva y Adán atenten contra los axiomas que deben permanecer sagrados por ser condiciones previas del conocimiento: el hombre y la mujer son buenos y están hechos a la imagen de Dios.Para ellos y para todo lo demás que existe, Dios es el centro en torno al que se organizan, por ello, debe permanecer sagrado, intocable, necesariamente. Cuando alguna de las creaciones o manifestaciones de Dios rompe estos principios, aparece el castigo y se marcan los límites que no podrá transgredir aún después de la capitulación o el arrepentimiento. Por eso, Aarón o Moisés no pueden llegar a la tierra prometida, por eso Caín genera la Torre de Babel, una estructura monumental, pero que impide la comunicación entre los hombres.
Se convocan de manera reiterada las etapas bíblicas, también, éstas son contrastadas con momentos históricos del hombre para señalar cómo., independientemente del momento histórico que se viva la lejanía o la cercanía de los axiomas básicos, generan situaciones de caos o equilibrio, Como, por ejemplo, en el Holocausto encontramos aspectos en los que el ser humano se acerca o cae en el abismo y lleva a sus iguales a la cúspide del sacrificio como sucedió con Jesús, También cómo quienes, a pesar de las condiciones más extremas en su contra, mantuvieron su alianza con lo divino y al sostener los axiomas principales y fueron capaces de asumir su responsabilidad hicieron ver la fuerza y el significado de quien da sentido y unidad al cosmos y cómo cuando ello se debilita se produce el deterioro, el caos y los estados de perversión.
Así, el autor nos hace ver que es una necesidad para el ser humano luchar con Dios. Es esta lucha la que nos lleva a cuidarnos y cuidar el jardín del paraíso que nos fue otorgado. Es esta lucha la que nos permite entender a aquellos que se convierten en destructores del equilibrio. Dios no ha muerto, afirma categóricamente e invita al lector a luchar por rescatar su figura y sus axiomas, en una contienda en la que invirtamos todas nuestras fuerzas, nuestra conciencia y que observemos la enorme necesidad que tenemos de hacerlo.
Un libro imperdible, su respaldo bibliográfico es impresionante al igual que la movilización que hace de él a lo largo del texto. Al margen de si asumimos personalmente como válida su tesis o no, las razones que Peterson aporta para sustentar su dicho, son más que válidas y obligan, por ello a que reflexionemos en la urgencia de buscar denodadamente (apegados al significado bíblico), para encontrar ese núcleo unificador que equilibre el doloroso caos que vivimos hoy como humanidad.