lunes 02 noviembre, 2026
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COLUMNAS COLUMNA INVITADA

ORACIONES A SAN LÁZARO El INE, la sucesión que marcará la democracia

Por. Ernesto Zavaleta

X: @ErnestoZavale

 

Mientras empresarios y el clero firman acuerdos por el desarrollo, y lamentamos la muerte de quien a la postre puso la semilla para lo que hoy es Morena, en un mes sabremos si 70 años de lucha por un árbitro electoral imparcial valieron la pena.

La Cámara de Diputados se prepara para elegir a quien sustituirá a Guadalupe Taddei. Morena ofrece un proceso sin dados cargados, mientras PRI, PAN y Movimiento Ciudadano reclaman imparcialidad en el comité evaluador y advierten sobre los riesgos de convertir el relevo en una disputa por el control del árbitro electoral.

La salida de Guadalupe Taddei de la presidencia del Instituto Nacional Electoral (INE) abrió una disputa que va mucho más allá de encontrar a quien ocupe su silla. Lo que está en juego es quién tendrá la responsabilidad de conducir al árbitro electoral durante los comicios de 2027 y, sobre todo, en qué condiciones llegará al cargo.

La sucesión ya comenzó en San Lázaro y las primeras señales anticipan una negociación complicada. Morena quiere conducir el procedimiento desde la Junta de Coordinación Política (Jucopo), la oposición exige garantías de independencia y los partidos comienzan a colocar condiciones para evitar que la designación termine convertida en una decisión de mayoría.

El primer capítulo se escribirá el próximo miércoles 4 de noviembre, cuando se prevé que el pleno de la Cámara de Diputados discuta y vote la convocatoria. Después vendrá la integración del comité evaluador, el registro de aspirantes y la revisión de sus trayectorias. Si se cumple el calendario anunciado por Monreal, el nombramiento podría concretarse entre el 6 y el 7 de diciembre.

Mientras tanto, Blanca Yassahara Cruz García permanecerá como presidenta provisional del INE, después de haber sido designada por unanimidad por los consejeros que integran el Consejo General. Su responsabilidad será mantener la operación del instituto mientras San Lázaro resuelve la sucesión.

Así lo adelantó Ricardo Monreal, coordinador de Morena y presidente de la Jucopo, quien calculó que el procedimiento tomará alrededor de cinco semanas, siempre que no haya obstáculos parlamentarios.

La ruta contempla aprobar la convocatoria, integrar un Comité Técnico de Evaluación, recibir los registros, revisar los expedientes, entrevistar a los aspirantes y presentar las propuestas al pleno. Para nombrar a la nueva presidencia se requiere el voto de las dos terceras partes de los diputados presentes. Si no se alcanza esa mayoría, la Constitución contempla recurrir a la insaculación.

Monreal ha insistido en que no habrá dados cargados y que la designación debe realizarse mediante acuerdos entre las fuerzas políticas. También adelantó que, en principio, existe consenso para que quien sustituya a Taddei sea otra mujer, aunque la definición deberá quedar establecida en la convocatoria.

El problema es que las palabras del coordinador morenista no han disipado las dudas de la oposición. La discusión sobre quién integrará el comité evaluador se ha convertido en el primer campo de batalla.

Rubén Moreira, coordinador del PRI en la Cámara de Diputados, puso sobre la mesa una exigencia que difícilmente aceptará Morena: que los tres integrantes del comité que corresponden a la Cámara sean designados por los partidos de oposición, mientras que los otros dos sean propuestos por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

El argumento del priista es que no puede dejarse en manos del partido gobernante la selección de quienes evaluarán a los aspirantes a dirigir el INE. Moreira incluso cuestionó la independencia de la CNDH y pidió que la presidenta Claudia Sheinbaum tome en cuenta que la credibilidad de las elecciones de 2027 depende de que el procedimiento no sea controlado por una sola fuerza política.

Pero el reclamo del PRI va más allá de la integración del comité. Moreira sostiene que el problema del INE no se resuelve únicamente con la salida de Taddei. Ha planteado una depuración de la estructura del instituto, tanto en sus oficinas centrales como en los 32 organismos públicos locales electorales, además de revisar los nombramientos y las relaciones con proveedores que quedaron bajo sospecha durante la anterior administración.

Alejandro Moreno, dirigente nacional del PRI, también fijó posición. Exigió que la próxima presidencia recaiga en una mujer independiente, con absoluta solvencia moral y sin compromisos partidistas. Su advertencia es que el INE no puede llegar a las elecciones de 2027 con una autoridad cuestionada ni convertirse en una oficina de colocación de personas cercanas al gobierno.

El senador priista ha insistido, además, en que la renuncia de Taddei no debe significar el cierre de las investigaciones sobre los contratos cuestionados y los posibles conflictos de interés. Ha reclamado que las autoridades competentes lleguen hasta las últimas consecuencias y que se esclarezcan las responsabilidades correspondientes.

Desde el PAN, José Elías Lixa coincide en que la primera prueba de la nueva etapa será la integración del Comité Técnico de Evaluación. El coordinador panista ha advertido que en procesos anteriores el oficialismo consiguió colocar perfiles afines en estos órganos y pidió a la CNDH no proponer personas vinculadas con Morena o con el gobierno.

La preocupación panista no se limita a quién será el próximo presidente del INE, sino a quién tendrá la facultad de calificar a quienes aspiren al puesto. En otras palabras, la oposición quiere discutir las reglas antes de que comience la competencia por el cargo.

La coordinadora de Movimiento Ciudadano, Ivonne Ortega, agregó otro elemento a la discusión: la participación ciudadana. Propuso que universidades públicas, sociedades de alumnos, organizaciones civiles, colegios de abogados y especialistas electorales observen el procedimiento y contribuyan a revisar los perfiles.

Pero su planteamiento más relevante apunta a modificar la estructura de poder dentro del instituto. Ortega considera necesario revisar las atribuciones de la presidencia para evitar que una sola persona concentre facultades que deberían corresponder a los órganos colegiados. La intención, explicó, es que el INE no vuelva a depender de decisiones individuales y que sus consejeros recuperen capacidad efectiva de decisión.

La coincidencia entre PRI, PAN y MC resulta significativa: los tres partidos quieren que la renovación no se limite a cambiar de nombre en la presidencia, sino que incluya garantías para impedir que el organismo quede sujeto a intereses partidistas.

Sin embargo, sus propuestas no son idénticas. El PRI quiere intervenir directamente en la designación de los evaluadores; el PAN pone el acento en impedir que Morena controle el comité, y Movimiento Ciudadano propone abrir el procedimiento a la sociedad y revisar las facultades de la presidencia.

En el fondo, todos saben que la discusión tiene una dimensión aritmética. Morena y sus aliados cuentan con una mayoría legislativa suficiente para alcanzar las dos terceras partes, si mantienen la asistencia y disciplina de sus integrantes. Por eso, aunque Monreal ofrezca construir consensos, la oposición sabe que su capacidad de negociación dependerá de la disposición del oficialismo a compartir las decisiones.

Hay, además, un asunto que no debería perderse entre negociaciones y cálculos parlamentarios: las investigaciones sobre las presuntas irregularidades en la administración anterior. La Jucopo acordó llamar a comparecer al titular del Órgano Interno de Control, Víctor Hugo Carvente Contreras, para que explique el estado de las indagatorias. La salida de Taddei no cancela las preguntas sobre contratos, proveedores, nombramientos y posibles conflictos de interés.

El INE enfrenta, por tanto, dos procesos simultáneos: uno administrativo, para esclarecer lo ocurrido durante la presidencia anterior, y otro político-institucional, para elegir a quien conducirá al organismo hasta abril de 2032.

La paradoja es que la institución encargada de organizar las elecciones tendrá que esperar a que los partidos se pongan de acuerdo para definir quién la encabeza. Y quienes deberían competir bajo las reglas del árbitro son precisamente quienes ahora negocian la identidad de la persona que tendrá que aplicarlas.

Monreal tiene la oportunidad de demostrar que su ofrecimiento de un procedimiento sin dados cargados puede traducirse en acuerdos verificables. Alejandro Moreno, Elías Lixa, Ivonne Ortega y Rubén Moreira tendrán que convertir sus exigencias de independencia en propuestas concretas y participar en la construcción de las reglas.

Porque el relevo de Taddei no resolverá por sí mismo la crisis de confianza que rodea al instituto. La verdadera prueba será que la nueva presidencia pueda ejercer sus atribuciones, tomar decisiones sin subordinación partidista y ofrecer garantías de imparcialidad a todos los contendientes.

En 2027 habrá elecciones federales y locales de enorme relevancia. El árbitro no puede llegar a esa cita con la legitimidad en discusión desde antes de que comiencen las campañas. Y esa legitimidad no se consigue con discursos, sino con reglas transparentes, investigaciones concluidas y una designación cuya independencia pueda demostrarse.

Y en la CDMX Morena ya aspira pasar de 11 a 14 alcaldías

Morena perfila 16 candidatos para disputar las alcaldías de la Ciudad de México en 2027, con ocho nombres para buscar la reelección y otros tantos para intentar recuperar las demarcaciones gobernadas por la oposición. La lista, todavía sujeta a negociaciones, anticipa una disputa interna en la que no sólo estarán en juego las candidaturas, sino también el cumplimiento de la paridad de género.

Los nombres que circulan revelan que Morena quiere conservar lo que tiene y recuperar lo que perdió. Nancy Núñez, Javier López Casarín, Lourdes Paz, Aleida Alavez, Gabriela Osorio, Fernando Mercado, Circe Camacho y Octavio Rivero aparecen en los escenarios de continuidad. Para disputar las alcaldías opositoras figuran Cuauhtémoc Blanco, Adrián Ruvalcaba, Hannah de Lamadrid, Julio César Moreno, Rigoberto Salgado, Víctor Hugo Romo, Camila Martínez y Janecarlo Lozano.

Hay una pregunta que no se resuelve con una lista de nombres: ¿Morena tiene algo nuevo que ofrecer a los capitalinos o apuesta a que la fuerza de su marca y la maquinaria electoral sean suficientes? Porque 2027 no se definirá únicamente por quién aparezca en la boleta.

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