martes 27 octubre, 2026
Mujer es Más –
COLUMNAS SARAÍ AGUILAR

EL ARCÓN DE HIPATIA Lucrar con el pasado: el negocio de blanquear los abusos

Por. Saraí Aguilar*

X: @saraiarriozola

Al parecer, cuando se trata de ganar espectadores, no hay rigor ético que se sustente. Bajo esta premisa surge la reciente apuesta de la plataforma ViX en torno a Timbiriche, la icónica banda de los ochenta con todo y la historia de abuso disfrazado de noviazgo, perpetrado por Luis de Llano contra Sasha, en ese entonces una adolescente. Así han decidido convertir en un producto rentable una historia de abuso contra una menor de edad, relaciones asimétricas de poder y el dolor ajeno presentado como un drama romántico.

La serie ignoró deliberadamente el fallo emitido por el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México, que condenó a Luis de Llano por daño moral, abuso de poder y manipulación al comprobarse la asimetría cuando Sasha Sokol tenía 14 años y él 39. En lugar de reflejar esta realidad jurídica, la ficción diluyó el abuso presentándolo como un romance ambiguo y un conflicto juvenil propio de la época, sugiriendo corresponsabilidad y escudándose en la licencia dramática para justificar los hechos.

En una sociedad donde estas violencias son uno de los delitos de mayor incidencia y resulta impune en muchos casos pues son silenciadas y peor aún normalizadas bajo la premisa de “las niñas son más adelantadas”, “son más maduras” o peor aún “están más vividas que uno”, se justifica quebrar infancias y adolescencias. Ante este retrato, el rechazo fue total: los exintegrantes y la propia Sasha se mantuvieron al margen sin avalar el proyecto, el mismo Luis de Llano se inconformó por el uso no autorizado de su imagen, y la plataforma junto con su elenco intentaron defender el producto como mera ficción, recibiendo duras críticas por mercantilizar y maquillar una agresión real en aras del rating.

Al final, el verdadero peligro de estas producciones no radica únicamente en la falta de escrúpulos comerciales, sino en su capacidad para anestesiar a las audiencias. Cuando el streaming y el entretenimiento masivo convierten la violencia y el abuso de menores en un producto digerible y hasta romantizado, el pacto social se corrompe. Se le enseña al público a normalizar la asimetría de poder e incluso a justificarla, vaciando de contenido la justicia y revictimizando a quienes tuvieron el valor de romper el silencio. Así una vez más, a través de Sasha se puede ver cuál es el camino de dolor y acusaciones que viven las sobrevivientes de estas violencias. ¿De qué manera se pueden romper las vestiduras aquellos que dicen “que denuncien” cuando quienes lo hacen son crucificadas una y otra vez?

Pero, al menos la indignación de esta ocasión da esperanza. Esperanza que un día las infancias dejen de ser adultizadas, que el “eran otros tiempos” deje de ser excusa y que de manera apremiante nos atrevamos a nombrar los abusos por su nombre y que nos neguemos a consumir el abuso como espectáculo.

 


*Doctora en Educación. Máster en Artes. Especialista en Cultura con Perspectiva de Género

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