Por. Adriana Luna
X: @adrianalunacruz
La consecuencia de los hechos violentos durante la manifestación ciudadana del 11 de octubre para exigir agua limpia, es que todos estamos resultando perdedores. Hay errores graves en el operativo de seguridad, hay violaciones a los derechos humanos de los ciudadanos y policías, hay intereses mezquinos que no buscan resolver la crisis hídrica en la Zona Metropolitana de Guadalajara, lo que se anhela es gobernar Jalisco.
En los próximos días comenzarán a verse más trancazos, y no, ojalá que en la marcha que se está gestando para este fin de semana no se repita la violencia, que no escalen las agresiones, ¡ya perdimos todos! Me refiero a otros golpes, esos que maquiavélicamente se planean en los cuartos de guerra. No se nos olvide que el proceso electoral intermedio ya comenzó, pero los ojos políticos no están en el 2027, o sea, sí pero no, la mirada real está en las elecciones concurrentes del 2030.
¿Por qué digo que ya perdimos todos? La ciudadanía perdió cuando los niños y jóvenes que acudieron a la marcha, sufrieron una tremenda sacudida al ver a sus padres, abuelos, tíos, primos y amigos que habían salido a tomar las calles para exigir una justa demanda: agua limpia, terminaron rociados con chorros de agua a presión y gas lacrimógeno.
Perdieron las autoridades cuando al ‘seguir instrucciones’ de contener a los manifestantes, perdieron el foco y ni hubo contención, ni respeto a los derechos humanos de las personas. Se salió de control la manifestación.
Imagínense el grado de agresión, confusión, alevosía y todos los términos que quieran para definir lo ocurrido esta jornada dominical, que varios jaliscienses imploraban la autoridad ejercida por el exgobernador panista Francisco Ramírez Acuña, en la manifestación de los globalifóbicos (2004) cuando palabras más palabras menos, aseveró que no iba a permitir la llegada de ‘porros’ provenientes de la capital, para destruir la ciudad que tanto esfuerzo ha llevado construir.
Entonces al exmandatario se le acusó de ‘represor’, de permitir la tortura y violación de los derechos humanos de los manifestantes. A Francisco Ramírez Acuña no le temblaron las corvas, ni las manos al defender a Guadalajara, de lugareños y visitantes nacionales y extranjeros que destrozaron prácticamente el primer cuadro de la ciudad. Poco le importó la lluvia de críticas en su contra y las amenazas de juicio político. Se vivían otros tiempos, la alternancia del poder había llegado a la entidad un sexenio antes (con Alberto Cárdenas) y el mando en el gobierno se ejercía de otras maneras.
Varios de los uniformados que vivieron esas protestas de globalifóbicos o las marchas de El Barzón que marcaron un hito en las movilizaciones citadinas, hoy están como altos mandos. Ya muchos de esos policías se han jubilado. Sin embargo, la cuestión es: ¿dónde quedaron las capacitaciones internacionales tanto en la técnica policiaca, como de contención de disturbios, y muy especialmente, en materia de derechos humanos? Lo digo no solo para protección de la ciudadanía que salió a manifestarse a causa del agua sucia, sino también de los propios elementos policiacos que se volvieron víctimas y victimarios.
Ya comenzaron a levantarse voces, incluso con ideas fomentadas desde Ciudad de México, para enjuiciar políticamente al gobernador y a miembros del gabinete de seguridad y de protección civil. Cuando tampoco hay que ser ciegos, no les importa el servicio de agua potable de calidad para los jaliscienses, lo que les mueve es llevar agua al molino político-partidista y conseguir la joya de la corona electoralmente, porque incansablemente se ha dicho: ‘quien gana Jalisco, gana la Presidencia del país’.
Muchos se llenan la boca diciendo que ‘Jalisco se cuece aparte’, que ‘Jalisco nunca pierde’, que el gigante agroalimentario tiene ‘muchos huevos’, que la entidad es el motor del desarrollo nacional, que aquí los electores son inteligentes y saben distinguir las maquiavélicas jugarretas políticas. Vamos a constatarlo ahora. Sin olvidar que la corrupción le valió al PRI un voto de castigo, que la soberbia del PAN y una mentada de madre fueron suficientes para enterrar tres administraciones de gobierno albiazul, ¿serán las desapariciones, el agua y la presunta represión al derecho de la libre manifestación de ideas, lo que lleve a Jalisco a un golpe de timón?
O será que los políticos y todos los partidos han aprendido la lección, y realmente le dan a la ciudadanía ese poder de decisión en las urnas; mientras que el elector comprenda que salir a votar es un derecho a ejercer y no a despreciarse porque es la llave de la alternancia en el poder. ¡Abusados, no les importa el agua, quieren gobernar a Jalisco!
