viernes 16 octubre, 2026
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COLUMNAS COLUMNA INVITADA

ENTRE LÍNEAS Y LETRAS El Día de Muertos, nada que ver con el Halloween

  • Crónicas y Leyendas de esta noble, leal y mefítica Ciudad de México. Argueta, Jermán.

 

Por. Alicia Reyes Amador

Este pequeño y breve texto, sólo 80 fojas (así están nombradas), pero excelente exposición del significado del Día de Muertos, fue editado por segunda vez, en septiembre de 1999, por Estampa Artes Gráficas. Es decir, cuentan ya muchos años de su publicación y difusión. Para empezar, dos datos interesantes entre otros muchos incorporados en su estructura, son que, por un lado que está ilustrado por grabados del maestro José Guadalupe Posada, todos magníficos, originales, creativos y adecuados para que los pequeños o los adolescentes los coloreen y, por otro, en su presentación se incorpora un párrafo, en Español antiguo, informando que es obra del Excelentísimo Jerman Argueta, quien es presentado con 11 cargos insignes en la Ciudad de México. Algunos ejemplos: Noble Marqués de las aguas extintas del Lago de Texcoco, Comandante General de las tropas de asalto del Barrio de la Merced, Capellán del hospital de las bubas del Amor de Dios, Alcalde y veedor del pulque blanco y sus curados de frutas etc.

Su índice señala que tiene 15 apartados; sin embargo, tanto la portada, como la contraportada, la inclusión final; un anuncio de otras publicaciones, la publicidad de sus promotores y una ilustración de otros títulos, son geniales. Todo es material imperdible para quienes no vivieron en esa época y apreciable para quienes podemos revivir esos momentos.

Este fascículo comienza con lo que se titula Introducción Protocolaria: No hay que dejar morir a nuestros muertos. Es la presentación del texto, a manera de una obra de teatro, en la que la muerte es el personaje principal. Además nos hace ver sin hacerlo explícito, pero sí en la forma de exponer, lo que hoy se ha nominado como una obra interactiva. Aquí aparece una larga lista de los adjetivos con los que se le nombra en México a la muerte: dientona, fría, ciriaca, etc. Se explicita que festejar a los difuntos, además de ser una celebración importante, es un diálogo con nuestros difuntos, es un acto de comunicación trascendental con nuestras raíces, nuestra savia y la posibilidad de nuestro equilibrio aquí en la tierra. Si los recordamos, existen en nuestra memoria. Si están ahí, eso nos dignifica y da sentido a nuestra existencia, por ello, no hay que dejarlos morir. El texto sigue argumentando, describiendo y narrando muchos más elementos constitutivos de este festejo, todos con respaldo en nuestras tradiciones. Más adelante describe los dulces, las fiestas y las explicaciones del por qué estas expresiones se han incorporado en nuestra mitología.

La fiesta de Todos los Santos y la de Los Fieles Difuntos, se ubicaron, en un principio en fechas especiales señaladas por el calendario en agosto y coincidía con el fin del ciclo agrícola del maíz, la calabaza y el frijol. Además, nos dice que posteriormente, a raíz de la Conquista de México por España, el sincretismo de la cultura indígena y la hispana dio lugar a modificaciones, tanto en las fechas de celebración, como en los componentes de ella. Por ejemplo, se han mezclado con el Día de Muertos del 1 y 2 de noviembre, incorporándose al calendario católico. Más adelante conocemos el Mictlán, la presencia de otras muertes, como la muerte en el parto para el bebé o la madre y cómo todas ellas se integran, siempre, con significados que dan sentido a la existencia de los vivos. La ofrenda, sus componentes y sus múltiples manifestaciones, sus fragancias, ceras y olores, el simbólico sentido de cada ornamento y alimento que aparecen en ella. Las recetas del pan de muerto, la calabaza en tacha o el mole. La visita a los panteones y la explicación de por qué ésta oscila entre lo sagrado y lo profano. Mixquic, llamado El pueblo de la Muerte es un claro ejemplo de la relevancia de estas visitas. Aparecen en este texto poemas, narraciones, refranes y dichos populares, incluso, dice que la Ciudad de México es un Osario sobre el que vivimos todos, ilustrando el arraigo y la razón histórica, cultural, religiosa y vivencial que tiene la celebración para los mexicanos.

Después de 67 fojas dedicadas a trabajar con la muerte, casi al final del texto se incluye un apartado de sólo dos fojas en las que se explica por qué el Halloween es una fiesta de fantasmas, no de Muertos y, también, por qué razón no tiene nada que ver con nuestras tradiciones. Es, se dice, una fiesta de consumismo, que desmemoria y tergiversa, invadiendo sin concesiones las tradiciones mexicanas. Se originó en el pueblo Celta, era una fiesta orgiástica en la que dos eran los protagonistas: el diablo (y sus demonios menores), quien compartía con las brujas todo tipo de rituales demoníacos de los que los humanos estaban excluidos, además, a estos les causaba miedo, se sentían amenazados y trataban de estar lejos de esa celebración que les aterraba.

Sin embargo, el Halloween se ha convertido, desde hace varios años en una fiesta banal, que imita, desvincula, conduce al consumismo, a un día festivo sin control, en el que se consume comida chatarra, se compran o se inventan disfraces llamativos, pero vacuos de sentido, cuyo objetivo final es llenar las arcas de quienes promueven esta fiesta por el mundo. El Halloween, incluso es, como lo podemos advertir ahora, una actividad muy lejana de la celebración Celta. Nada que ver con las cenizas sobre las que el diablo bailaba con las brujas. Por ello, más, mucho más aún lejana de las fiestas tradicionales de Día de Muertos. Pese a ello, va ganando rápidamente espacio a nuestra tradición, porque es un producto del consumismo, atractivo porque no requiere, para una buena cantidad de los que participan en ella, mucha imaginación, ni preparación mental para incorporarse a la fiesta, es un pretexto para consumir alcohol y generar desmanes. Es una actividad pueril impulsada por un mercado que aumenta sus ganancias a costa de destruir las tradiciones y disminuir el sentido de la pertenencia a nuestra cultura. Cierto que en algunos núcleos poblacionales, hay ejemplos de gran creatividad, organización y disfrute, pero, lo que se genera y aprecia es la creatividad para el momento, desvinculada de cualquier tradición histórica.

Mientras que para nuestro pueblo el Día de Muertos es una fiesta, una representación colectiva en la que todos somos actores: vivos y muertos, el Halloween es como decía Sor Juana al final de su célebre soneto titulado A su retrato: ” …es cadáver ..es polvo, es sombra, es nada”.

Hoy tristemente creo que será más que difícil encontrar Crónicas y Leyendas…, una joya de antología que por cierto, sería un excelente librito de trabajo para niños de primaria, secundaria y bachillerato y, que debiera ser conocido a fondo por los funcionarios dirigentes de nuestro país y cualquiera que sea responsable de la educación de los mexicanos. Una buena noticia es la publicación de la editorial LAROUSSE de un libro, autoría de Veka Duncan titulado, Entre Flores nos Reciben y Entre ellas nos Despiden, que aborda de manera brillante el tema de las fiestas del Día de Muertos Mexicano. Es un estudio muy interesante y bien documentado. Es otra aportación en la que encontramos valiosas referencias y un intento sólido por rescatar una parte nodal de nuestra esencia.

Sí deseamos hacer una fiesta de disfraces, se vale, pero sería muy conveniente que hagamos conciencia de que no estamos, con ello, celebrando a nuestros muertos, ni perpetuando hacía el Universo nuestra existencia pero: El que por su gusto muere, hasta la muerte le sabe.

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