Por. Alicia Reyes Amador
- El ciclo, John Connolly.
John Connolly es un escritor de novelas, todas ellas llenas de historias siempre interesantes y sorpresivas, en este cuento su estilo continúa sosteniendo esas cualidades.
La anécdota del cuento es muy sencilla, pero está llena de momentos intensos que van llevando al lector por senderos inesperados. Se trata de una chica que ha terminado su jornada laboral, sube a un tren, en él tiene un encuentro con dos jóvenes irrespetuosos. La presencia de ellos aumenta en ella las molestias y el mal humor que viene padeciendo desde temprano, hasta el grado de que parece somatizar de manera exponencial lo que padece. Ella expresa desde ese momento, hasta el desenlace del cuento, su estado de ánimo, de forma especial.
La protagonista de los hechos, desearía no haber tenido que ir a trabajar ese día, pero al ser convocada por su jefe debió cubrir su horario. Su ánimo es más bien negativo, siente las molestías y la falta de energía que provoca el período menstrual. Desea llegar pronto a su casa para estar protegida, lejos de las personas con las que debe relacionarse fuera de su casa. Su familia la ha educado para que tome distancia de las fiestas, las reuniones amistosas y las pláticas casuales, es decir, de las relaciones sociales y en especial aquellas que pudieran poner en evidencia algo de su intimidad. Ella ha aprendido de ellos el valor de la discreción, pero también su rechazo a cualquier contacto con los demás.
El viaje que experimenta a partir del momento en el que compra su boleto, hasta que llega a su destino, tiene como componentes, por un lado, las molestías físicas que sufre cada mes en su período menstrual y por otro, la incomodidad con la que percibe el mundo exterior. Dolores punzantes, sensibilidad en los senos, sensación de mareo, malestar ante las luces, ruidos, movimientos irregulares del tren, etc.
Sabe que pronto llegará a la estación en la que debe bajarse y eso le da un poco de tranquilidad, sin embargo, sus síntomas no ceden, sumado a ellos, se inicia el asedio al que se ve sometida por dos adolescentes que suben al tren. David y Billy, quienes con extrema desfachatez, se sienten en libertad de hacer de ella su presa para hacer bromas de mal gusto, hostigarla y expresar abiertamente sus intenciones sexuales, lo que incrementa en ella el agobio y la angustia que padece.
Para ella la situación llega al límite, aterrorizada y adolorida al máximo, comienza a gemir de dolor e intenta buscar una alternativa para protegerse de ellos, cuando menos físicamente, piensa refugiarse en el baño, porque advierte, en ellos la decisión de atacar, ve en sus miradas y su conducta la lujuria, la seguridad que les otorga que nada los puede detener en consumar su intento; los demás pasajeros parecen haber desaparecido y nadie escucharía los gritos o solicitud de ayuda de ella. Caminan decididamente hacia el lavabo, mientras se regodean en la gran oportunidad que tanto el momento como la situación les han regalado. Parecería que ni siquiera la endeble cerradura del baño podría proteger a la chica.
Un ruido extraño, a sus espaldas, como algo que cruje, los detiene. Un olor animalezco. Una figura alta y poderosa con garras y pies muy largos, llenos de pelillos, se erguía ante ellos. Los jóvenes enmudecieron, la figura se va transformando ante sus ojos en un ser en el que podían reconocer la cara de la chica, pero que la metamorfósis que estaba sufriendo la convertía en algo terrorífico. De la boca de ese ser surgen las palabras -casi es el momento del mes- acompañadas de una risa parecida a un tétrico gruñido.
El cuento aún no termina, Connolly, alarga un poco más el desenlace, para dar cabida a la catarsis, que para quienes sabemos cómo suelen culminar el tipo de atentados que deseaban perpetrar chicos como David y Billy, es poco común que se logren y que nos resultan tan indignantes, pero que la forma en que lo concluye Connolly en esta narración, sentimos tan profundamente liberador.
En este cuento, el autor entreverá una situación que experimentan cientos de miles de jóvenes al acercarse el momento de ovular (existen condiciones de salud como la endometriosis, entre otras, que aumentan los síntomas del llamado periodo menstrual), con la situación angustiosa a la que las chicas son sometidas a abusos sexuales. Además incursiona en las consecuencias que produce la educación que aísla a los adolescentes de su realidad, en lugar de dotarlos de herramientas para enfrentarla de manera propositiva. Estos tres escenarios son terriblemente inhabilitantes, dolorosos e injustos. Por un lado, la ciencia no ha querido trabajar lo suficiente sobre el tema que le corresponde, por otro, la sociedad, no ha querido abordar, con seriedad y pertinencia, la prevención del abuso sexual. Muchas familias, por su parte, prefieren evitar las relaciones sociales, antes que lograr una integración sana y constructiva y valiente para ellos y para sus hijos. El cuento expone y denuncia, todos estos factores utilizando de manera admirable, el ingrediente del terror.
La introducción del cuento, parece llevarnos a una situación monótona y lenta, el desarrollo del argumento se va haciendo complejo, en la medida que aparecen los personajes secundarios Billy y David. Al aparecer éstos, el narrador describe un contraste frontal, entre el comportamiento de ellos, con la concepción de las relaciones sociales que sustentan los padres de la chica. Es en estos tres grupos de personajes, la chica, sus padres y los jóvenes, en quienes descansa la acción, mientras que personajes incidentales, como el jefe de la oficina o el vendedor de los boletos, sólo detonan algunas acciones que forman parte del contexto inicial del cuento.
La literatura no es parte verdad y parte imaginación, todo texto literario es una recreación, es decir, la invención de una realidad que se crea en la mente de un escritor, creo que en este caso nuestro autor gestó una mentira genial en la que integró, primero, su empatía hacia una situación femenina; segundo, la crítica social hacia factores sociales negativos; y tercero, el castigo que debieran recibir quienes intentan agredir o agreden, sin justificación alguna, a quienes están en desventaja. El terror es el ingrediente con el que puede concluir, de acuerdo a sus objetivos e intenciones este ejemplo de la suma de despropósitos presentes en nuestra sociedad.
Si deseamos obtener una moraleja de esta genial historia, podríamos proponer que debemos generar contextos de relaciones dignas entre los jóvenes, antes de que terminen de destruirse entre ellos.
