jueves 06 agosto, 2026
Mujer es Más –
COLUMNAS COLUMNA INVITADA

SA RIBA DE LA VALL Paternidades contemporáneas bajo la manósfera

Por. María del Socorro Pensado Casanova

X: @mariaaspc / IG: @pcasanovams

 

Tras el Día del Padre, la reflexión sobre las paternidades no debe concluir con los festejos. A pesar de que hoy existen mayores oportunidades de igualdad y muchas parejas intentan construir relaciones más equitativas, todavía persiste una exigencia constante hacia los hombres para demostrar que “ayudan”, que son responsables o que participan activamente en la vida familiar. El problema es que muchas veces esa búsqueda de equilibrio termina reproduciendo patrones patriarcales clásicos: o las mujeres continúan haciéndolo todo porque “les corresponde”, o el proyecto de vida completo vuelve a organizarse alrededor de las decisiones masculinas. Más allá de repartir tareas, sigue faltando un verdadero punto medio para construir la vida en común desde la corresponsabilidad emocional y cotidiana.

En redes sociales, las nuevas paternidades suelen mostrarse bajo una narrativa profundamente romantizada. Frases como “me resuelve todo” o “es un ejemplo de padre” construyen una imagen idealizada que muchas veces deja fuera las contradicciones reales de la convivencia y los vínculos afectivos. ¿Hasta qué punto la manósfera encubre ciertas formas de paternidad bajo discursos aparentemente modernos, sensibles e incluso feministas? La figura del hombre proveedor emocionalmente inteligente y protector puede convertirse también en un personaje cuidadosamente construido para ocultar relaciones desiguales y dinámicas de control más sutiles.

La manósfera, entendida como una comunidad digital dedicada a reproducir discursos antifeministas, victimistas y contrarios a los avances en igualdad de género, ha encontrado en Internet un espacio ideal para expandirse. A través de foros, podcasts, influencers y redes sociales, estos grupos construyen narrativas donde los hombres se perciben permanentemente como víctimas de las mujeres, del feminismo y de los cambios sociales contemporáneos. El resentimiento, la frustración afectiva y la sensación de pérdida de poder masculino son convertidos en estrategias narrativas que buscan justificar nuevas formas de misoginia. Así, la manósfera normaliza discursos violentos bajo la apariencia de rescate masculino y empoderamiento emocional.

Además, la llamada manósfera toma inseguridades reales de muchos hombres y las canaliza hacia la hostilidad contra las mujeres. Sus líderes digitales construyen historias donde los estereotipos de género vuelven a presentarse como naturales e inevitables. Bajo esta lógica, el dominio masculino se convierte nuevamente en aspiración, mientras que los mandatos tradicionales de masculinidad (incapacidad de mostrarse vulnerable, obsesión por el éxito económico y necesidad constante de demostrar poder) son reforzados como formas legítimas de valor personal. La consecuencia es la reproducción de relaciones afectivas donde el control y la superioridad masculina aparecen disfrazados de estabilidad, liderazgo o protección familiar.

Lo más alarmante es la capacidad que tienen estos discursos para captar a hombres jóvenes en momentos de incertidumbre emocional, económica o profesional. La manósfera ofrece respuestas simples a problemas complejos relacionados con el amor, el rechazo, la soledad o la construcción de identidad masculina. En lugar de promover vínculos más sanos o espacios de reflexión emocional, simplifica la realidad y termina legitimando formas de violencia simbólica y directa contra las mujeres. La frustración individual deja de comprenderse en toda su complejidad personal o social y se transforma en enojo colectivo dirigido hacia quienes históricamente han luchado por igualdad y autonomía.

Comprender las raíces de la manósfera implica analizar dinámicas relacionales y testimonios que permiten observar cómo estos discursos consiguen normalizar la discriminación y la violencia contra las mujeres. La repetición constante de contenidos sobre obediencia femenina, liderazgo masculino o “fracaso” de las relaciones igualitarias termina construyendo imaginarios profundamente peligrosos para nuevas generaciones. Poco a poco, la subordinación vuelve a presentarse como una forma natural de vínculo afectivo y la dominación masculina aparece justificada como parte inevitable de las relaciones de pareja y de la organización familiar contemporánea.

Quizá lo más preocupante sea la manera en que ciertas narrativas logran persuadir incluso a algunas mujeres de aceptar estas estructuras mediante la romantización del control, la dependencia emocional o la promesa de estabilidad dentro de esquemas profundamente jerárquicos y patriarcales. La manósfera no surge aislada, sino que se inserta dentro de una cultura de violencia que continúa reproduciendo desigualdades de género en distintos espacios sociales y digitales. En este contexto, los nuevos modelos de paternidad también están siendo expuestos y moldeados por estos discursos.

Sin duda, ha llegado el momento de replantear los principios bajo los cuales se forma la familia, se construyen los vínculos afectivos y se entiende realmente el cuidado en las paternidades contemporáneas.

 

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