Por. Alicia Reyes Amador
- Francisca y la muerte. Onelio Jorge Cardoso
Este cuento, es, habiéndose escrito el siglo pasado y en un contexto totalmente distinto en el que nos encontramos hoy en nuestro hemisferio, en especial una narración que permite ponderar un tema de gran actualidad y enorme importancia; la falta de motivación vital en las generaciones a las que atrapó el celular.
Jorge Cardoso nos deja una historia en la que se presentan casi en la misma proporción recursos como la narración, la descripción y los diálogos y, en la que no aparecen, porque no son necesarias, las disquisiciones del autor sobre los temas de la muerte y la motivación propia.
En esta narración se cuenta una historia en la que la muerte ha decidido que le “toca” llevarse a su morada a Francisca y para cumplir sus deseos, llega al pueblo en el que habita ésta última.
La muerte llega al iniciar el día con la idea de que su encomienda será fácil y rápida. El autor se esmera por describir las sensaciones, la figura, los comportamientos y los cambios físicos, y de humor del personaje de la muerte, mientras que la descripción de todos esos aspectos de Francisca quedan totalmente vertidos en los diálogos de sus vecinos y de la propia muerte.
La muerte es enviada por los vecinos de un lugar a otro. A pesar de que no deja espacios para descansar, no logra alcanzar su objetivo porque llega siempre cuando Francisca ya terminó la visita, en la que para apoyó en el trabajo o ayudó a sus vecinos en alguna otra situación. La parca comienza a cansarse, desesperarse y se agudizan en ella las molestias que le causan; el olor a vida que tiene el campo, el estado de incomodidad que le produce el sol y el ejercitarse caminando, lo que no acostumbra. A Francisca, en cambio, no parecen faltarle las energías o la motivación por seguir visitando a sus vecinos y ejerciendo junto con ellos las labores cotidianas.
La muerte comienza a impacientarse porque Francisca no para en su trajinar y el día comienza a agotarse. La trenza se despeina y el sudor llena su cara. Enojada pregunta a una vecina por Francisca a través de un diálogo que establece con ella. Es entonces cuando nos enteramos que la muerte no conoce a Francisca.
La vecina descubre que la muerte tiene como referencia a una Francisca con la mirada nublada, quizá la que tendría una mujer común y corriente de 60 años. Sin embargo, la vecina le hace ver a la muerte que Francisca “tiene menos tiempo en la mirada” , y que por ello, no es a su vecina Francisca a la que busca.
Dan las 4.30 de la tarde y la muerte, enojada, sudada, frustrada y cansada, debe regresar a su morada, a riesgo de que se le vaya el tren. A su vez Francisca es cuestionada por un vecino que le pregunta, a manera de broma ¿Cuándo te vas a morir? Ella le responde con una frase que la describe a ella y a su opción de vida: “Nunca, siempre hay algo qué hacer”.
Francisca es un personaje expresado en el cuento, en una persona de la tercera edad, pero su forma de ser y actuar, son un distintivo de las personas que viven su existencia de forma positiva, tienen sentido del servicio a los demás y encuentran en su camino motivos de satisfacción y felicidad. Son seres que contagian vida y viven con autenticidad la suya. Francisca tiene vida en la mirada, eso la hace ver ante los demás como alguien querido y útil, un compañero de vida a quien todos reciben con amor y reconocen como parte de la comunidad. Su nombre, siempre es pronunciado con cariño. La muerte, en contraste, está siempre acompañada de adjetivos poco amables. El objetivo de Francisca es vivir en una comunidad a la que se integra y se siente integrada. El de la muerte, es arrebatar, de su contexto a un ser, sólo por un dato burocrático: la edad.
Es importante reflexionar sobre uno de los mensajes más importantes que podríamos encontrar en esta historia. Hoy hemos producido como humanidad una muy amplia franja de niños y jóvenes a los que la muerte no tendrá que perseguir, los encontrará sentados, con 15 kilos de carga en el cuello y mirando una pantalla que los absorbe. Serán una presa fácil. Ellos existen esperando estímulos del exterior, sin generar ninguno propio, aceptan, con facilidad preocupante miran videos en los que se lesiona a otras personas o se ejerce la delincuencia o la presunción de una vida “feliz” en un escaparate al que se quisieran incorporar, etc. En el mismo nivel de importancia y sin jerarquizar información o prevenirse del consumo inadecuado, por su edad o su madurez de cualquiera de esas expresiones. Se exponen, incluso a situaciones de peligro en “retos” o por alcanzar fama, el físico o la imagen de otros que también son falsas creaciones. Todo ello, los ha llevado a un grado de enfermedad física y desajuste mental que, según los investigadores del tema, coloca a estas generaciones en un nivel de IQ 7 grados menor que el que tuvo la generación de sus padres.
Hay , incluso un elemento que va más allá de cualquier parámetro de medición, son personas, sin importar su edad o condición, que no disfrutan la vida y carecen de motivaciones personales, el contacto constante con los dispositivos, les producen hasta 5 mil estímulos y respuestas, en un día, muchos más de los que recibirán en un periodo muchísimo más extenso antes del arribo del celular y otras pantallas individuales.
De ahí que les es muy difícil obtener alguna satisfacción permanente o tener alguna motivación propia para emprender actividades que les permitan cumplir objetivos, de los que también carecen. Es doloroso y descorazonador escuchar de un pequeño, cuando se le pregunta qué desea ser de grande y su respuesta es: ser influencer, sicario o futbolista. Las metas, para ellos, son inmediatas y cortas. La inteligencia artificial, que permite potenciar la creatividad y encontrar inimaginables recursos útiles, ha sido pervertida y convertida en un instrumento paralizante y dañino.
Regresando al cuento que hoy nos ocupa, es relevante puntualizar que Francisca no es inmortal, ni nada que se le parezca, es sólo una persona que vive con plenitud y disfruta lo que hace. está siempre motivada con “lo que hay qué hacer”. La enseñanza parece ser muy simple, pero los adultos, nos hemos encargado por comodidad, inconsciencia y ausencia real de amor hacia los pequeños de permitir que nuestros jóvenes y niños detengan el desarrollo de su cerebro y su contacto con la vida, para incorporarse cada día más a la vida artificial. Hemos permitido que :”su mirada tenga menos vida”.
