Por. Ivonne Melgar
En su libro Azul puro (Cómo la policía municipal y la justicia cívica pueden resolver el 90% de los delitos y detener el crimen organizado), el destacado consultor Bernardo León alerta que a la estrategia de seguridad le hace falta un eslabón.
Se refiere a una pieza del engranaje institucional para la prevención y el control de las conductas delictivas: las policías municipales que, recuerda, fueron abandonas en el sexenio anterior.
El excomisionado de la Policía Municipal de Morelia señala que la federación desplazó a las corporaciones locales, quitándoles recursos, para centrarse en la Guardia Nacional.
Bernardo León sostiene que hasta el momento en que su libro entró a imprenta (marzo pasado) la GN no ha tenido ningún efecto sustancial en el control de la criminalidad.
“La administración federal 2024-2030 ha propuesto una estrategia muy similar a la administración anterior: el protagonismo de la Guardia Nacional, de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana Federal y del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública centralizarán la política criminal, los presupuestos, las prioridades y las estrategias, desde los escritorios y las plataformas de la Ciudad de México.
“Sin embargo, en el proceso de implementación, se darán cuenta que las policías municipales son los cimientos desde donde puede construirse una política criminal exitosa; si se fortalecen en los ámbitos financiero, organizacional, en su liderazgo y se entiende que la descentralización es mucho más eficaz que el centralismo eufemísticamente llamado coordinación, se puede reducir y controlar la criminalidad común, que es la que más víctimas genera y solo entrando en control de ésta se podrá aislar a las organizaciones criminales más grandes, lo que facilitará su persecución, procesamiento de sus miembros y su final desmantelamiento”, advierte el autor.
En sus páginas, Azul puro -aludiendo al uniforme de los policías, supongo que versus el verde militar- ofrece cifras y razonamientos documentados que permiten coincidir con esa alerta y darle la razón a quienes cuestionan el debilitamiento de la seguridad local.
Desde 2019, en cada aprobación del presupuesto, la oposición hace suyo en el Congreso el ruego de los alcaldes a la Secretaría de Hacienda: que paren los recortes de sus fondos.
Este año, legisladores del PRI y de MC han denunciado el uso electoral que AMLO hizo de la reforma ya aprobada para profesionalizar el salario de docentes, médicos y policías, sin que se promulgue aún.
Son preocupaciones urgentes a la luz porque, como se muestra en Azul puro, los oficiales de los municipios realizan el 76% de los arrestos y las detenciones que se hacen cada año.
Exsecretario técnico del gabinete de Seguridad (2000-2006), el autor propone que, dada su cercanía con las dinámicas cotidianas comunitarias, la policía local debe consolidarse con atribuciones para la investigación de delitos y el ejercicio de la justicia cívica.
En su primer capítulo, Bernardo León revisa los problemas que de origen tiene el diseño de la trasferencia de recursos federales hacia los municipios en el área de seguridad, y propone un modelo alternativo de carrera policial que promueva no el ascenso, sino el arraigo, la profesionalización, el reconocimiento económico y social y una calidad de vida digna para sus integrantes.
En el segundo capítulo, con muchos ejemplos de situaciones reales, mexicanas y extranjeras, el autor se pronuncia por darle a la policía municipal las atribuciones que le permitan atender metas concretas de seguridad y de su percepción; cuestiona las simulaciones que se fincan el éxito en el patrullaje y los chalecos, y nos termina convenciendo de que sus uniformados, para ser efectivos, deben ser parte de la comunidad, nunca ajenos. “Si los 173, 407 policías municipales recibieran denuncias e investigaran, la impunidad disminuiría”, plantea.
Arquitecto del Modelo Nacional de Policía y Justicia Cívica (2018- 2024), aprobado en el Consejo Nacional de Seguridad y congelado cuando López Obrador centró su estrategia en la GN, Bernardo León nos ofrece en el tercer capítulo una revisión del potencial que tiene en México la resolución restaurativa de los conflictos.
Y nos hace ver la frustración de policías que vieron naufragar sus esfuerzos de prevención y castigo a la violencia conyugal, por ejemplo, en arreglos de corrupción que antecedieron casos de feminicidio.
En el cuarto y último capítulo critica la ilusión del control centralizado y reivindica de prioridad del municipio como el espacio más inmediato para la construcción de la democracia ciudadana en la solución de los servicios que sustentan la vida colectiva.
Al disfrutar de un libro con rigor técnico, citas de expertos del mundo en la materia, anécdotas, análisis de casos, incluyendo el de Cheran y las autodefensas, y el entusiasmo del autor de que es posible contar en México con una policía confiable, recordé la conversación que en Navidad de 2017 sostenía un funcionario de la PGR, hoy FGR, con representantes de los medios de comunicación.
En una de las mesas de los invitados del encargado de despacho de la entonces Procuraduría, Alberto Elías Beltrán, estaba el comisionado de la Agencia de Investigación Criminal que con pasión defendía su tarea en una conversación fuera de grabadora con los reporteros.
Hablaba del orgullo de ser policía, de lo que significaba transmitir ese sentimiento a los hijos, de hacerlo siempre en cada espacio de convivencia, aun en medio de cuestionamientos, y de lo importante que para él era el respaldo social hacia todos los uniformados de México, argumentando que de ese reconocimiento dependía la recuperación de la seguridad.
Ese comisionado era Omar García Harfuch y la lectura de Azul puro me recordó la enjundia y las palabras del ahora Secretario de Seguridad, quien -a decir del autor del libro- requerirá de esos oficiales que con tanta vehemencia defendía hace ocho años.