lunes 22 julio, 2024
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«COLUMNA INVITADA»: La conjura de los expresidentes

 

Se dice que los expresidentes mexicanos son como una botella de tehuacán destapada: ya no tienen gas. O bien, como la violeta de genciana, que hace mucho escándalo pero no sirve para nada. Lo cierto es que las vidas de los ex son más sombrías de lo que se cree.

Muchos de ellos sufrieron fuertes depresiones, durante los meses posteriores a haber entregado el cargo. López Portillo, en sus memorias, narra que desde los últimos meses de su mandato, los teléfonos dejaron de sonar, y que la gente dejó de visitarlo, soledad que a partir de entonces fue la constante. Todo esto sin contar las traiciones de que son objeto, bajo la máxima política de “romper para estabilizar”.

De ahí que sea un rumor absurdo la supuesta capacidad de influir, que se les atribuye, mucho menos ahora que estamos ante un cambio de régimen. Por eso me parece un exceso lo que se ha especulado, respecto a las posibles consecuencias que habría si se inician juicios contra Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña.

Uno de esos especuladores, el historiador Lorenzo Meyer, llegó al paroxismo en días pasados, de aventurar en entrevista con Carmen Aristegui, en CNN, que la situación en México es extrema y que las instituciones están tan frágiles, que “es posible eliminar a alguien relativamente fácil”, que Carlos Salinas de Gortari podría defenderse de muchas maneras, incluso atentando contra la vida de López Obrador, en caso de ser perseguido por el siguiente régimen. Meyer aludió el inmenso poder del expresidente y se preguntó: “¿dónde está Colosio?”

Me parece que se está sobredimensionando la situación por partida doble: no sólo la capacidad de fuego de los ex, en el más amplio sentido de la expresión, sino además, la posibilidad de que realmente se les pueda fincar responsabilidad ninguna.

Convendría recordar a este respecto que bajo las leyes actuales es imposible -aunque queramos- sancionar el saqueo del que hemos sido víctimas por décadas. Muchas reglamentaciones del Sector Público están diseñadas, precisamente, para que las trapacerías puedan diluirse.

Ya lo dice el dicho: acusamos a los políticos de corruptos, no de pendejos.

Al Presidente además sólo se le puede enjuiciar por traición a la Patria, lo que significa todo y nada, un término gelatinoso, que permite a todos los ex conciliar el sueño. ¿Cómo demostrarle a uno de éstos, que se enriqueció con equis medida, o cómo probar que el empresario fulano sea su prestanombres?

Tiene razón AMLO cuando se ufana de que en 2006 en su lucha contra el fraude “no se rompió ni un vidrio”, a pesar de la copiosa movilización. Sus mensajes de punto final respecto al pasado y su corrupción, van en ese mismo sentido de evitar desestabilizar al país.

Así que, aun cuando se sometiera a consulta el enjuiciarlos o no, me parece que prevalecerá el criterio pejista de ver hacia delante para no empantanarse con el pasado. Creo que simplemente estamos atestiguando otro mensaje político del nuevo presidente, en el sentido de recordar quién manda ahora. Lo importante será, eso sí, reformar las leyes en materia anticorrupción para evitar saqueos en el futuro.

@rodriguezrraul

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