sábado 22 junio, 2024
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SOCIEDAD

«CONOCIMIENTO ES RESPETO»: Rentabilidad política de la diversidad y el género

Fue noticia hace un par de semanas que los candidatos al gobierno del Estado de México, Alfredo del Mazo del PRI y Josefina Vazquez Mota, del PAN, rechazan en sus posicionamientos el matrimonio igualitario y la legalización del aborto. Sustentan sus dichos en “la defensa de la vida”, así en abstracto.

Nada habla la panista de los cientos de miles de muertos durante el gobierno de Felipe Calderón en su guerra fallida contra el narco y la demás delincuencia organizada. Nada menciona el abanderado del salario rosa sobre los feminicidios y transfeminicidios cuya cifra ubica al Edomex en primer lugar nacional.

Ambos por cierto, se han aliado de hecho a posiciones derechistas y discriminatorias como las del Frente Nacional de la Familia, engendro de la oscura organización de El Yunque y apoyada por lo peor de las iglesias católicas, cristianas y por el empresariado monolítico mexicano.

Delfina Gomez, por su parte, adopta la posición lopezobradoriana del profeta de Macuspana de “nadar de a muertito”, de gobernar sometiendo todo a consulta, aun los derechos constitucionales ganados.

Juan Zepeda defiende la postura tradicional del PRD ante estos temas pero no va más allá, no hay propuesta. Los demás, los independientes son tan pobres en sus ideales y posicionamientos que más vale ignorarlos.

En el ejercicio de la propaganda política, hay un concepto y ejercicio que se llama rentabilidad política, que es elemento central de una estrategia de marketing político.

Se trata de definir qué temas de una agenda política que estará presente en los discursos y en toda la comunicación del candidato estarán presentes para posicionarlo, distinguirlo y “venderlo al electorado”.   

Pero no nos equivoquemos; aunque de rebote tiene como posible resultado ganar la preferencia y votos el día de la elección, su razón de ser es mucho más profunda. La rentabilidad política tiene que ver con ganarse a los grupos de poder y de presión presentes en una entidad, país o en su caso en un municipio y que actúan mucho más allá de las elecciones, aunque se manifiestan en la operación del día de la votación.

Dichos grupos, integrados por diversos fines e intereses, enfocados a áreas específicas de la actividad económica, cultural social y política, influyen de forma decisiva el día de la votación, lo han hecho soltando recursos financieros y materiales  necesarios para que gane el candidato que han elegido como su representante verdadero y, ya gobernando, su ejecutor.

Entonces, en una campaña los discursos oficiales y difundidos tienen que ver no con demandas sentidas de la ciudadanía, tampoco con respuesta a sus peticiones y menos con posiciones independientes de candidatas y candidatos  que en México hace mucho dejaron de ser estadistas.

Están sintonizados con la línea política de los grupos de poder y de presión que intentan imponer su visión de país, de estado o de municipio.

Por lo anterior, se entiende que una Delfina Gómez no se pronuncie a favor de los derechos de las mujeres o de la gente de la diversidad sexual. Se entiende que Del Mazo y Josefina respondan a los verdaderos intereses de quienes les pagan y no de la población que oficialmente los contrata en un proceso electoral que los lleva al poder 2, 4 o 6 años, y de cuyos impuestos viven, por cierto de manera muy ostentosa, por decir lo menos.

No es rentable reconocer los derechos de la población LGBTTI. Tampoco es rentable en un país de machos reconocer en serio los derechos de las mujeres porque, como dijo AMLO, ellas deben estar en el cielo (interpreto que espera de todas nosotras una total sumisión católica tradicional).

Tampoco es rentable hablar de violencia de género en un entorno de violencia generalizada, sobre todo cuando no hay conocimiento suficiente para proponer soluciones.

El año pasado Enrique Peña Nieto lanzó una iniciativa a favor de los Derechos LGBTTI y la inclusión. Muchas organizaciones fueron convocadas para la foto. Pero no pasó nada, la iniciativa fue anunciada en un ambiente de dificultad y como mecanismo de distracción.

Peña Nieto no es inocente y menos sus colaboradores; sabía que la iniciativa iba a ser desechada por los legisladores, sobre todo los de su partido, que por supuesto entienden que el tema no es rentable en un país mayoritariamente católico, influido y liderado por una iglesia retrógrada y homofóbica.  

Pero salió  bien en la foto y en ese momento la selfie dio la vuelta al mundo, en un marco de desprestigio político del habitante de Los Pinos. Rentabilidad política de una semana, a lo sumo.

Entonces ¿todo está perdido? Noooo.  

En México, es la sociedad civil la que difícil pero decididamente ha llevado la batuta en muchas batallas por los derechos, la dignidad, el respeto y la vida.  

Podríamos hacer una lista enorme de las organizaciones civiles que han logrado, por ejemplo, las leyes contra la corrupción, que se encuentran actualmente en un engorroso proceso de implementación, pero que ahí van contra viento y marea partidaria y legislativa.

En el caso de los derechos de las mujeres y hombres trans, la lucha es épica, legendaria y a veces infructuosa pero hay muchos avances.

En CDMX contamos con el reconocimiento legal de la Identidad de Género y la posibilidad y protección legal, de solicitar la sintonización y el reconocimiento pleno como Ciudadanas y Ciudadanos de México y el mundo.

Detallar esta batalla llevará el espacio de otra colaboración, pero quiero adelantar aquí el nombre de dos luchadoras incansables, firmes y generosas que lideraron este proceso: Gloria Virginia Hazel Davenport y Diana Sanchez Barrios. Cabezas visibles de un movimiento imparable por el reconocimiento de los derechos trans.

Ellas nos muestran, en los hechos, que de forma organizada y con muchos argumentos sustentados, debatidos, estudiados, se puede ir mucho más allá de la trampa de ser un tema o no de la rentabilidad política de candidatos y gobernantes.   

Gracias a ellas, pese a la ola de agresiones y asesinatos, pese a la discriminación existente para encontrar trabajo en esta ciudad, no tenemos un oasis pero sí un árbol que nos brinda sombra ante un sol achicharrador.

Alicia Guerrero es mercadóloga y comunicóloga, orgullosamente mujer trans en proceso de cambio. Ha dirigido diversos organismos gremiales de ambos rubros. Actualmente es asesora en estos temas así como de equidad de género, combate a la violencia y empoderamiento femenino.

 

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