viernes 14 junio, 2024
Mujer es Más –
SARAÍ AGUILAR

«EL ARCÓN DE HIPATIA»: Cuando la palabra justicia no tiene género femenino

El diario El País publicó el pasado jueves una historia ocurrida en España que pasó inadvertida por el receso de Semana Santa, pero que vale la pena recuperar. 

Se trata de una pareja que se casó con el régimen de separación de bienes y que durante un tiempo estuvo separada, periodo en el que el esposo contrató a una empleada para el quehacer doméstico. Los cónyuges se reconciliaron en 2007 y ella dejó de trabajar para dedicarse en exclusiva a su casa. Seis años después, se divorciaron. Pues bien, una decisión judicial determinó que el esposo debe pagar a la mujer una indemnización de 23 mil 628 euros. Su razonamiento es que durante ese lapso el marido se ahorró el salario de una trabajadora y logró aumentar su patrimonio, un privilegio del que no gozó ella.

Esta sentencia, sin duda, está imbuida de un pensamiento progresista que no es frecuente ver en otras latitudes. Y vino a mi memoria, lamentablemente, el caso de México.

En febrero, el Poder Judicial de la Federación concluyó que las pensiones alimentarias no son válidas para uniones efímeras o pasajeras, aunque la mujer se haya dedicado al cuidado del menor. “Si dos personas procrearon un hijo y una de ellas se dedicó a su cuidado, tales hechos por sí solos resultan insuficientes para generar el derecho de reclamar del otro una pensión alimenticia o compensatoria, pues no conformaron un núcleo familiar”, fue el argumento de los magistrados mexicanos.

De acuerdo con la tesis, la pensión alimenticia únicamente puede ser reclamada por quienes han estado unidos en matrimonio, unión libre o cualquier relación en la que haya existido una vida familiar. Así que, tras enfrentar la violencia, desprecio y dificultades en sus círculos sociales, las mujeres enfrentan la violencia de las instituciones. De esta forma se les segrega, haciéndolas más vulnerables, ya que los estereotipos y prejuicios dominan las decisiones de autoridades carentes de perspectiva de género y enfoque de derechos.

En un mundo donde la mujer cada vez es más independiente e incursiona en el mundo laboral, puede que uno piense que es lo justo. “Que trabaje”, opinarán otros. Sin embargo, este criterio de “tabla rasa” deja de lado a un gran número de mujeres que hasta hoy han sido invisibles y en las que vale la pena profundizar: las que son madres de hijos con discapacidades que requieren atención de tiempo completo.

En México, el nacimiento de un niño con discapacidad supone una disyuntiva: avanzar, en compañía del padre, por el complejo proceso de afrontar esa responsabilidad en el contexto de una sociedad que no está preparada para la discapacidad; o bien, hacerlo sola. Esto último es lo más probable en un entorno en el que la obligación de atender a los hijos –en especial aquellos que requieren cuidados especiales– tiene necesariamente género femenino. Responsabilidades que deberían ser sociales –y de las instituciones públicas– se cargan así en la madre.

Además del costo emocional y físico que representa para las madres atender a un hijo con discapacidad, está el costo económico, que debe enfrentar sólo ante el abandono del padre. La justicia, en el mejor de los casos, hará que éste aporte un porcentaje de la pensión, que será insuficiente para compensar todo lo que debe aportar una mujer que debe dedicar el mayor tiempo posible a la atención de su hijo.

En semanas pasadas conversé con Mayela Benavides, madre de Grace Elizalde, la niña que saltó a la escena pública tras ser la primera paciente legalmente autorizada al uso del cannabidiol para atender el síndrome de Lennox-Gastaut. Ella me comentó que en la asociación “Por Grace” hay muchas mamás solas, no sólo haciendo frente al cuidado diario de los hijos, sino a los gastos que dichas enfermedades generan.

¿Quién reconoce a esas mujeres que ponen su vida? ¿Qué pasa cuando, tras pasar años al cuidado de sus hijos, se enfrentan al aparato burocrático que, lejos de ayudarlas, las margina? ¿Quién levantará la voz por ellas? 

Al parecer las feministas estamos demasiado ocupadas en discutir sobre piropos y los dichos deleznables de un machista, mientras campea la insensibilidad social e institucional. Frente a nuestros ojos, millones de mujeres viven para lograr que otro viva sin el apoyo de sus parejas y del Estado. Pero ese sector no importa, tal vez porque ni siquiera tienen tiempo de hacer una revolución en redes sociales. ¿Por qué no levantar la voz por ellas? Es hora de hablar por aquellas a quienes les ha sido regateada la equidad y quitada su voz.

 

 

Saraí Aguilar | @saraiarriozola Es coordinadora del Departamento de Artes y Humanidades del Centro de Investigación y Desarrollo de Educación Bilingüe en Monterrey, Nuevo León. Maestra en Artes con especialidad en Difusión Cultural y doctora en Educación. 

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