lunes 24 junio, 2024
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FERNANDO COCA

«ACTOS DE PODER»: ¿Presidente débil?

 ¿Existe un “estilo mexiquense” del gobierno federal de hacer política que no lo deja fortalecerse? 

En el gobierno federal ven que su jefe, el presidente de México, Enrique Peña Nieto, es un presidente fuerte.

 

La afirmación de Eduardo Sánchez, el vocero presidencial, dicha en el programa Despierta de Carlos Loret en Televisa, la sustenta en dos pilares: el ejercicio de las facultades constitucionales del Jefe del Estado Mexicano y en el ámbito político, así sea por coyuntura, el apoyo de opositores a Peña Nieto por la arremetida de Donald Trump en contra de México.

 

No pongo a discusión que el presidente ejerce las facultades constitucionales, y las meta-constitucionales también: hizo candidato del PRI a su primo Alfredo del Mazo Maza al gobierno del estado de México.

 

Otro ejemplo de ello es el Acto de Poder para nombrar a Virgilio Andrade, quien exoneró a su jefe en el escándalo de la Casa Blanca, como director de BANSEFI.

 

Disiento en que el presidente Peña es fuerte en lo político. Ha dejado pasar el apoyo de sus opositores para  fortalecer la institución presidencial.

 

Desde el 26 de septiembre de 2014, la presidencia de Peña Nieto está en entredicho. La desaparición de 43 alumnos de la normal de Ayotzinapa puso al país en la vitrina de los gobiernos que no respetan los derechos humanos. La falsa verdad histórica” se caído a fuerza de pruebas que muestran la manipulación de las autoridades en la investigación del levantón en contra de los 43 jóvenes.

 

Ya el tema de la Casa Blanca había mermado el apoyo de la sociedad al presidente.

 

La llegada de Trump a la Casa Blanca de Washington puso contra las cuerdas al titular del Ejecutivo mexicano.

 

El vocero presidencial aseguró que el presidente Peña nunca fue humillado ni ofendido por su contraparte estadounidense en la llamada telefónica que tuvieron la semana pasada.

 

Y también aseguró que no habrá intervención militar norteamericana para el combate al narcotráfico.

 

¿Cómo convencer a los ciudadanos que responden en una encuesta que no apoyan ni están de acuerdo con la forma de gobernar de su presidente que el primer mandatario es fuerte?

 

En la dinámica del poder del actual gobierno, la voz ciudadana no cuenta cuando no está en el tono y el ritmo que los hombres del poder quieren. Desestiman las encuestas y están lejanos del sentir popular.

 

El mal humor social es visto como un berrinche de quienes no entienden que todo lo que hace el gobierno es por el bien de la sociedad, aunque los gasolinazos mermen el poder adquisitivo y los aumentos al gas pongan a las amas de casa en la disyuntiva de si se compra huevo o leche. Y todavía falta mencionar el incremento a la energía eléctrica que afectará no sólo a los hogares sino a las pequeñas y medianas empresas –esas que sostienen al país generando empleos–, y los salarios mínimos no cumplen con su obligación constitucional de satisfacer lo básico para cada mexicano.

 

¿Es fuerte un presidente que propone al Congreso despenalizar el uso medicinal de la mariguana o garantizar a quien quiera, sin importar sexo, con quien se quiere casar? Peor aún, ¿es fuerte cuando quien “tira” la propuesta presidencial es su propio partido? No, no lo es.

 

¿Cuánta fortaleza tiene un presidente para postergar el uso de la ley en contra de sus amigos del Nuevo PRI que desfalcaron a los estados que gobernaban y que en su momento fueron exaltados por Enrique peña Nieto, como la nueva generación de gobernantes mexicanos comprometidos con su país?

 

¿Qué tan fuerte es un mandatario que lleva al centro del poder de su país a un personaje que insulta a la nación a la que está comprometido a cuidar de los embates externos?

 

Peña Nieto dejó pasar la oportunidad para fortalecer su gobierno. Hace meses, Andrés Manuel López obrador le propuso nombrar un gabinete de emergencia nacional. No hizo caso. Un presidente verdaderamente fuerte no tendría temor en reorganizar su gobierno para apuntalar al país.

 

Cuando Peña Nieto era sinónimo de modernidad por las reformas constitucionales, muchos pensaron que con publicar en el Diario Oficial esas nuevas leyes México cambiaría. Al gobierno le faltó, y le falta, capacidad para instrumentar cada una de las reformas ya sea en educación, en el tema energético y, vista la crisis económica por la que atraviesa el país, reformar, acondicionar las reformas laboral y fiscal para no seguir teniendo un gobierno obeso y un pueblo deprimido en la pobreza.  

 

La coyuntura podría favorecer al presidente de México si deja a un lado la forma tan mexiquense de hacer política. Infortunadamente, creo que no sucederá.

 

Quedan dos largos años para que concluya el sexenio y lo verdaderamente importante para el gobierno federal es no perder la gubernatura del estado de México y tratar de que el mayor opositor de la administración no les gane la presidencia en el 2018.

 

 

 

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