martes 21 mayo, 2024
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GILDA MELGAR

«DOLCE ALTER EGO»: Cachitos con sabor a otoño

Manzana, pera y calabaza, los sabores del otoño en Cachito Mío: quichés y tartas.

Nací en un país con temperaturas de entre 25 y 32 grados, muchísimo antes de la era de la globalización y los tratados de libre comercio.

 

En ese contexto, de niña gozaba de las frutas propias de mi tierra, especialmente de las más tropicales como la Anona (guanábana de pulpa rosa), que era mi favorita en el mes de agosto; el Mamón (parecido al litchi aunque de pulpa naranja y sabor más ácido), que literalmente arrancábamos de los árboles, y el Marañón (fruto carnoso, jugoso y agridulce, cuya semilla conocemos como Nuez de la India, con el que se preparan aguas frescas y paletas), que mi abuelita congelaba para sus nietos y que yo disfrutaba en las tardes más calurosas.

 

En mi hogar, las frutas de “clima frío” como las peras, las manzanas y las uvas eran un lujo exclusivo de la Navidad, época en la que entre amigos y familia se acostumbraba regalarlas dentro de canastas envueltas en celofán, con un gran moño. Las frutas del frío “venían de Guatemala”, un poco menos caluroso que El Salvador.

 

Llegué a México un frío mes de noviembre en plena adolescencia. Al asomarme por primera vez a los mercados, sobre todo a los “sobre-ruedas” (que no existían en mi país), quedé fascinada de los puestos repletos de peras, manzanas, uvas e higos. Y cuando vi que mis compañeros de la secundaria llevaban una rojísima manzana de lunch, entendí por primera vez qué significaba haber nacido en una “república bananera”.

 

Seguro que por el shock y la fascinación que me produjo el tianguis mexicano, desde entonces yo amo el otoño y sus frutos. Y es que aunque los jóvenes de hoy no den crédito, todavía en la década de los 80 los mangos eran exclusivos del verano y las peras sólo aparecían en el otoño…

 

Es por eso que cuando las hojas empiezan a caer al compás de un viento suave, voy en busca de las dulces creaciones con los frutos del otoño, y un lugar que les hace tributo y hasta ofrece especialidades exclusivas de la estación, es Cachito Mío: quichés y tartas, una cafetería coqueta, algo retro y confortable en la Roma (Guanajuato 138, Local 2, entre Jalapa y Tonalá).

 

Fui en busca de sus tartas de manzanas y peras, así como para probar las especialidades de octubre: Tarta de Calabaza de Castilla y Galletísima de Pan de muerto.

 

Llegué cuando acababan de abrir (horario de 12:00 a 21:30), pero aún olía a pan recién horneado. Paty, una de sus propietarias, me indicó que lo expuesto en las vitrinas era la oferta del día. Del lado izquierdo, las quichés: Tocino con jamón (el clásico y atemporal Lorraine), Espinacas con tocino, Tomate cherry, Roquefort con manzana y nuez y Queso de cabra, calabaza y roast beef. A la derecha, las tartas: Crumble de manzana o frutos rojos, Ricotta con higo, Almendra con pera, Ganache de chocolate con berries y Calabaza de Castilla.

 

Me decidí por la promoción de Cachito salado + Cachito dulce + Café americano por 95 pesos. Mi elección: la Quiché de Roquefort, manzana y nuez que resultó de textura sedosa e intenso sabor a Roquefort, ese queso azul con el que los franceses salsean sus carnes y que a mí me fascina. Y aunque no percibí la manzana sino un cierto sabor a poro, el conjunto es muy acertado. Esta quiché me pareció una gran opción para llevar completa (270 pesos) y ofrecer como entrada en una cena petit comité. Le pregunté a Paty con qué vino emparejaría ella esta delicia y su recomendación fue un Moscatel.

 

Mi antojo dulce fue la Tarta de Calabaza de Castilla, especial de temporada que estará disponible hasta el Día de Acción de Gracias de los gringos, aunque también probé la Crumble de Manzana.

 

La primera la comí muy despacito, saboreando cada bocado porque los jugos de la calabaza explotaron en mi paladar junto con su toque picante de especias. Al combinar la calabaza con la roseta de “cremoso de queso con canela” con que la adornan, los tonos terrosos de la fruta se apreciaron por la vía láctea. También me recomendaron “maridarla” con su Chai Latte con leche de almendras.

 

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Sobre la Crumble de manzana, no me cabe duda: es la oferta estrella de Cachito Mío, simplemente deliciosa, jugosa y acidita, sin empalagar. También la sirven con una bola de helado artesanal por 75 pesos.

 

Y como ya no podía más, pedí para llevar una Galletísima de Pan de Muerto (35 pesos) que mide 10 cm y sí sabe a pan de muerto, aunque es crocante por fuera. Esta especialidad de temporada –disponible hasta el 5 de noviembre– tienen que disfrutarla con el café orgánico gourmet de Chiapas de la casa.

 

El tiempo que permanecí en Cachito Mío observé que entraban principalmente jóvenes; los vi tomarse un capuccino o un té. Cerca de las dos, algunos pidieron el Menú del día: Sopa, quiché, ensalada de lechuga con tomate cherry, fresas y vinagreta de zarzamoras más agua fresca (disponible de 14:00 a 17:00 horas por 110 pesos).

 

Como yo, cada comensal disfrutaba de los sabores, de la placidez del lugar y hasta de la compañía de Kira, una muy simpática perra labrador color miel que se acerca amigablemente a los clientes. Y es que Cachito mío es una cafetería pet friendly, 100 % artesanal, tiene colgado un letrero de “No discriminación” a la entrada y cuenta con todas las características “pro” para estar en la Roma. No se la pierdan.

 

 

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