La undécima reunión del Seminario Permanente de Humanidades y Ciencias Sociales Digitales convocó a especialistas de la UNAM para analizar la preservación de las colecciones digitales, la inclusión cultural y los nuevos retos de la memoria patrimonial.
¿Cómo preservar un patrimonio digital que puede desaparecer con la misma rapidez con que se crea? ¿Quién decide qué documentos, historias y expresiones culturales merecen formar parte de la memoria que se construye en internet? Estas preguntas marcaron la undécima reunión del Seminario Permanente de Humanidades y Ciencias Sociales Digitales, realizada este 4 de noviembre de 2026, en el marco del Programa de Cómputo Académico de la Secretaría Técnica del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Con la participación de dos destacados especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la doctora Isabel Galina Russell y el doctor Ernesto Priani Saisó, la sesión abordó el tema «Memoria digital patrimonial, una aproximación metodológica», una discusión que coloca al patrimonio cultural frente a uno de los grandes desafíos contemporáneos: garantizar que la digitalización no sea solamente un mecanismo de almacenamiento y consulta, sino también una forma crítica, incluyente y responsable de construir y transmitir la memoria colectiva.
La actividad forma parte de un programa académico dirigido por el doctor Boris Berenzon Gorn, cuyo propósito es abrir un espacio permanente de discusión interdisciplinaria sobre las transformaciones que el mundo digital introduce en las disciplinas, los métodos de investigación y las responsabilidades institucionales del INAH. La iniciativa parte de una premisa fundamental: las tecnologías digitales no son únicamente herramientas auxiliares, sino un entorno que modifica las maneras de investigar, documentar, interpretar, conservar y difundir el patrimonio cultural.
En este sentido, el seminario busca construir un diálogo sostenido con las tres escuelas del Instituto —la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM) y la Escuela de Antropología e Historia del Norte de México (EAHNM)—, de manera que las humanidades digitales se incorporen a la reflexión y a la práctica de las distintas comunidades académicas del INAH. Se trata de propiciar un intercambio entre disciplinas, generaciones y experiencias de investigación, capaz de reconocer las oportunidades tecnológicas sin perder de vista la responsabilidad científica, social y cultural de la institución.
Durante la presentación, Isabel Galina Russell y Ernesto Priani Saisó abordaron la complejidad de estudiar las colecciones digitales patrimoniales. Entre los principales problemas identificaron su inestabilidad existencial y tecnológica: los sitios que alojan estos acervos pueden desaparecer, transformarse o quedar inaccesibles, mientras que las plataformas y los sistemas utilizados para construirlos se vuelven obsoletos o requieren renovaciones constantes. A ello se suman los vacíos documentales sobre las decisiones que orientaron su creación, los criterios de selección y curaduría de sus contenidos, así como el escaso aprovechamiento de los datos generados durante su desarrollo.
La reflexión metodológica presentada tiene como referente el proyecto «Colecciones Digitales Inclusivas. Análisis crítico de los procesos de creación de las colecciones digitales mexicanas», que examina preguntas esenciales para comprender la construcción contemporánea de la memoria: ¿qué se conserva y qué se incorpora a las colecciones?, ¿qué permanece excluido?, ¿cómo se representan los objetos, las personas y las comunidades?, ¿quién decide los criterios de selección y con qué propósitos se organizan los acervos?
En una segunda etapa, el proyecto busca profundizar en quiénes están siendo digitalizados, desde qué territorios e instituciones, qué periodos y acontecimientos de la historia de México reciben atención y cuáles quedan relegados. Estas preguntas permiten entender que digitalizar no significa simplemente trasladar documentos a una pantalla: supone tomar decisiones culturales, epistemológicas y políticas que inciden en la memoria que las sociedades transmitirán a las generaciones futuras.
Uno de los puntos de mayor actualidad fue la relación entre las colecciones digitales de acceso abierto y el desarrollo de la inteligencia artificial. Los datos patrimoniales constituyen una fuente de enorme valor para entrenar sistemas de inteligencia artificial; sin embargo, su disponibilidad plantea una disyuntiva que requiere atención institucional: evitar que el acceso abierto se convierta en una vía de extractivismo de datos y, al mismo tiempo, impulsar que los conocimientos, las lenguas, las historias y las expresiones culturales estén representados de manera justa en las tecnologías emergentes.
Esta discusión adquiere especial relevancia para el INAH, cuya responsabilidad comprende no solamente investigar, conservar y difundir el patrimonio, sino también contribuir a que su representación en los nuevos entornos tecnológicos sea rigurosa, plural e incluyente. La memoria digital exige, por tanto, nuevas formas de preservación, criterios transparentes de curaduría y una reflexión ética sobre la circulación y reutilización del conocimiento.
El desafío no consiste únicamente en digitalizar el patrimonio, sino en comprender qué memoria estamos construyendo, quién participa en ella y bajo qué principios queremos que permanezca, circule y sea reconocida en el mundo contemporáneo.
